




















Tengo autismo. Sinceramente, me cuesta mucho contarlo, da mucha vergüenza. Aún hay gente a la que le incomoda o le echa para atrás saberlo. Algunos te catalogan directamente de 'corto' o 'tonto' y muchos piensan que se trata de una discapacidad intelectual. Es un estigma enorme, para mal. La gente tiene una idea preconcebida y de ahí no sale. Pero somos muchos y muy diferentes", asegura Aroia García, streamer, youtuber y creadora de contenido conocida como @aroyitt, con cinco millones de seguidores en sus redes sociales. Después de toda una vida de "no encajar", de sentirse diferente al resto -"tanto que de niña pensaba que tenía poderes y que venía de otro planeta", confiesa- recibió, con 24 años, el diagnóstico que lo explicaba todo: autismo de grado uno con altas capacidades.
El suyo es uno más de esos diagnósticos tardíos, o inexistentes, que afectan a las mujeres con este trastorno; se calcula que entre el 70% y el 80% de las que lo sufren no están diagnosticadas o han recibido una valoración médica errónea. De hecho, la mayoría de las 450.000 personas con TEA (aproximadamente el 1% de la población total) registradas en España son hombres, con una proporción histórica de cuatro niños por cada niña. Unas cifras que cambian de forma radical cuando en la edad adulta a estas mujeres se las evalúa correctamente, hasta un 51% de mujeres frente a 49% hombres, según datos de la Confederación Autismo España. Muchas de ellas han pasado previamente por distintos diagnósticos psiquiátricos relacionados con la ansiedad, la depresión y los trastornos de la conducta alimentaria, e incluso un 22,1% ha requerido hospitalización psiquiátrica a los 25 años.
¿Por qué se tarda tanto en diagnosticar a las mujeres? "Puro masking, somos expertas en camuflar lo que no está bien", responde Aroia. En la infancia, las cartas también juegan en contra. "A los niños se les supone inquietos, adrenalina pura; de nosotras se espera buen comportamiento, que seamos tranquilas, por eso a nadie le extraña que nos aislemos. Mis profesores decían de mí que no daba un ruido, que era muy buena y siempre estaba en mi mundo, que incluso parecía levitar. Estudiaba y me portaba bien, ¿qué más quieres? Aunque vieron apartada, nunca nadie insinuó algo de este tipo. En cambio, si un niño está solo en un rincón sin moverse llama la atención", añade.
Independientemente del género, todas las personas autistas recorren su camino en soledad, y ese ha sido el motivo que ha llevado a Aroia, cumplidos los 32, a compartir la historia de su vida, marcada por la dificultad para encontrar su lugar, relacionarse o entender ciertas normas sociales, por experiencias de bullying, relaciones sentimentales tóxicas y la necesidad de descubrir su identidad. "Esto le pasa a más gente de lo que uno puede llegar a pensar. Mi objetivo es ayudar a quienes se encuentran en mi misma situación, tienen que saber que no están solos, somos muchos los que nos sentimos igual", afirma. Para hacerlo, acaba de publicar 'No encajo, pero exito" (Ediciones Martínez Roca), un libro "para aquellos que alguna vez se han sentido fuera del molde, porque no necesitan permiso para brillar, y su neurodivergencia tampoco", asegura.
Aroia nunca fue igual al resto. No eran grandes cuestiones, sino pequeños detalles: ella era la niña que se quedaba sola en una esquina de la guardería mientras el resto jugaban juntos, la chica que se enfrascaba en videojuegos, la adolescente que no quería salir ni ir de fiesta. "Mis padres tenían que obligarme; de hecho, era con eso con lo que me castigaban. Tampoco me gustaban los chicos, los rechazaba a todos, estuve dos años sin besar a ninguno porque no me apetecía. Me sentía muy rara y la comunicación en mi casa era muy difícil, porque me aíslo mucho, me gusta estar sola y disfrutar de mi soledad", explica. Todo eso fue lo que la llevó a pedir ayuda y a ponerse en manos de los psicólogos que comenzaron a despejar el camino.
Tras el diagnóstico, el vértigo. "En ese momento yo había comenzado a meter el pie en el mundo de las redes sociales, los deditos. Y de pronto, te invade una mezcla de sensaciones. Por un lado, asusta, da mucho miedo; por otro, encuentras respuestas a muchas cosas que no entendías y te ayuda a ver lo positivo que hay en ti. Es como volver a nacer, un renacimiento, porque empiezas a conocerte mejor", sostiene. Con todo, tardó en atreverse a hacerlo público. "Llevaba años prácticando el famoso masking, enmascarando mi forma de ser, como hacemos todos los autistas, y no es fácil mostrarte como eres. La gente te ve como algo raro, y eso no gusta, no se acepta, así que se van a alejar de ti".


Antes de despedirse, Aroia me deja lo que llama una puntadita: "El mundo ya está lleno de mucha gente mala como para que se nos meta a nosotros en el mismo saco. Tenemos cosas muy positivas que ofrecer, somos leales, creativos, sinceros y tenemos una gran capacidad de amor". Se trata, en definitiva, de afrontar la vida de la mejor manera posible, sin miedo y sin tener que esconderse.

Aroia García. @aroyitt
Creadora de contenido, streamer y youtuber, Aroia ha recibido de adulta un diagnóstico de autismo. En este libro comparte su experiencia con el objetivo de "romper estigmas y tender la mano a quienes pasen por un proceso similar". 178 páginas. Ediciones Martínez Roca. 17 euros. Puedes comprarlo aquí.
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