

























El PSOE sue�a con ser Sergio Ramos en el minuto 93 de la final de Champions celebrada en Lisboa. Est� descontada la victoria del rival, en este caso del PP, nada apunta a una remontada, pero ellos dicen que creen, pese a que las cuentas convierten la fe en un tiro que no va a porter�a. Las encuestas sit�an a los socialistas, en su mejor pron�stico, repitiendo los 30 esca�os actuales en el parlamento andaluz. "No hay nada escrito"; "hay partido y vamos a jugar hasta el minuto 90", se arengan.
Hay una estrategia prioritaria: movilizar 570.939 votantes fantasma, que desaparecieron en los comicios andaluces de 2022 (888.325 votos para el PSOE) y aparecieron en las generales de 2023 en esta comunidad (1.459.264 papeletas para el pu�o y la rosa). De ah� que el partido est� obsesionado en levantar del sof� a estos votantes y que Pedro S�nchez se implique de manera personal e intensa -tres actos en una semana- ante el abismo al que se asoma Mar�a Jes�s Montero, la que fuera vicepresidenta primera hasta hace unos meses, y a la que envi� a Andaluc�a a una misi�n imposible.
La b�squeda se acrecienta a medida que pasan los d�as. El PSOE, tradicionalmente, suele mejorar en la semana final de campa�a porque es cuando su votante se enchufa, pero, en esta ocasi�n, es dif�cil tener posesi�n de bal�n. Las malas perspectivas son un consenso de toda la demoscopia y fuentes socialistas conocedoras de la campa�a admiten que si mantienen los 30 parlamentarios que ya logr� Juan Espadas en 2022, el peor resultado hist�rico de la formaci�n en Andaluc�a, ya ser�a motivo para presentar las urnas como un logro para ellos. En realidad, como admiten cargos y dirigentes del partido, su verdadero �xito y objetivo es que Juanma Moreno no logre la mayor�a absoluta y dependa de Vox para formar Gobierno.
"No se puede quedar nadie en casa, hay que movilizarse", es la consigna que se traslada desde la direcci�n socialista. Hay un miedo del que son conscientes en el PSOE y que tratan de combatir: el des�nimo. Mientras el PP pelea contra la relajaci�n de una victoria segura, los socialistas lanzan mensajes a los suyos tratando de motivar a ese medio mill�n de votantes fantasma que les supondr�a un trascendental salto en sus resultados y contra la sensaci�n de que las cartas est�n ya repartidas y el s�ndrome del sof� que puede apoderarse de sus votantes. De ah� que en la campa�a haya apelaciones directas: "Luego no vale protestar si no se acude a las urnas"; "Quienes quieren salvar los servicios p�blicos tienen que activarse".
Y el primero en movilizarse va a ser S�nchez. El presidente del Gobierno y secretario general socialista se enfunda el traje de candidato y en la �ltima semana participar� en tres actos: el domingo pasado estuvo en La L�nea; el mi�rcoles acudir� a Granada; y el viernes estar� cerrando campa�a en Dos Hermanas (Sevilla), emplazamiento simb�lico para le PSOE. Quienes est�n en la trastienda de la campa�a explican que S�nchez es un elemento movilizador, por las filias y fobias que genera, activa al electorado socialista.
Sus tres actos en la �ltima semana no tienen precedente en el ciclo electoral vivido -Extremadura, Castilla y Le�n y Arag�n- y prueba que Andaluc�a es la prueba del algod�n, una suerte de primera vuelta de las generales. Saben en La Moncloa que la vinculaci�n y poder que tuvo Montero en el Gobierno hace de los comicios un plebiscito sobre el Ejecutivo. Tambi�n se la juega el propio S�nchez, que fue quien decidi� la estrategia de los ministros candidatos en las comunidades.
La palanca del PSOE andaluz ha sido marcar distancia con la estrategia del miedo a Vox y que la defensa de la sanidad p�blica sea la chincheta que haga levantarse de la silla a sus votantes. "Vamos a centrar los esfuerzos en convencer a los abstencionistas. Hay mucha gente cabreada con el funcionamiento de los servicios p�blicos en Andaluc�a, independientemente de si le gusta nuestra candidata o no", inciden en el equipo de Montero. "Lo tenemos dif�cil, es verdad, pero en el pasado ya hemos remontado las encuestas. Se nos dan bien las campa�as", a�aden.
En �sta, sin embargo, ha impactado de lleno el juicio al ex ministro Jos� Luis �balos por presuntamente liderar la trama de cobro de mordidas en la compra de mascarillas durante la pandemia, y, sobre todo, los pasajes suyos y de Koldo Garc�a con prostitutas y novias. "Los casos de corrupci�n no ayudan", reconoce un dirigente del partido. "Nuestro votante pone el list�n de la dignidad muy alto y eso nos enorgullece", a�ade confiando en que, en todo caso, la causa que afecta al tambi�n ex secretario de Organizaci�n de los socialistas est� ya amortizado -como sostienen en la direcci�n nacional- y no les penalice.
A esto se une la muerte el pasado viernes en Huelva de dos guardias civiles mientras persegu�an una narcolancha, lo que ha reavivado las denuncias por la dotaci�n de recursos de las fuerzas de seguridad en la lucha contra los narcos. La propia Montero sufri� los reproches cuando asisti� en solitario al funeral de los dos fallecidos y fue recibida al grito de "fuera de aqu�" cuando iba a trasladar su p�same a las familias.
Hay otro factor que preocupa al PSOE: la fragmentaci�n de la izquierda a su izquierda. "Hemos intentado que fueran juntos, pero no ha habido manera. Nos puede penalizar", reconocen en el partido. De ah� la estrategia de apelar al "voto �til" que los salve de una derrota por goleada.
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