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Puede que fuese por el estr�s causado por mes y medio de maratonianas negociaciones sin fruto para formar una nueva coalici�n de Gobierno en Dinamarca. El caso es que la primera ministra en funciones, la socialdem�crata Mette Frederiksen, ha causado un estupor absoluto en el pa�s con unas desconcertantes declaraciones en las que afirm� preferir que los ni�os fumen a que est�n solos en las redes sociales.
Frederiksen se meti� en un charco innecesario por decir algo que, seg�n ella misma explic� de modo un tanto confuso, no deber�a haber soltado, pero que dijo de todos modos. "Sigo siendo la primera ministra en funciones, as� que no dir� lo que estaba a punto de decir... Pero si no fuera la primera ministra en funciones, dir�a que si tuviera hijos peque�os hoy, preferir�a que fumaran antes que permitirles estar solos en las redes sociales; pero soy la primera ministra en funciones, as� que no lo dir�", manifest� en una conferencia sobre IA y seguridad infantil.
Apenas 24 horas despu�s, Frederiksen se retract� en Facebook: "Lamento mi declaraci�n sobre los cigarrillos. Ayer quer�a provocar para que nosotros, los adultos, entendamos bien lo vulnerables que son los ni�os ante las pantallas, por lo que dije que preferir�a que mis hijos fumaran a que estuvieran solos en las redes sociales. Por supuesto, los ni�os y j�venes no deben empezar a fumar. Y por eso deber�a haber dicho otra cosa para enfatizar mi punto".
No es la primera vez que la mandataria socialdem�crata, en su cruzada contra las redes, mete la pata con una comparaci�n desafortunada. El a�o pasado declar� que un l�mite de edad en estas plataformas era m�s importante que el aumento de los precios de los alimentos. Una afirmaci�n que m�s tarde calific� de error y por la que tambi�n pidi� disculpas.
La tabaquista salida de tono de Frederiksen dej� por un momento en un segundo plano las negociaciones sobre un nuevo Gobierno de coalici�n, el tema nacional que ha acaparado la atenci�n medi�tica en Dinamarca desde las elecciones del pasado 24 de marzo.
Como clara vencedora, aunque muy lejos de una mayor�a en un Parlamento enormemente fragmentado (12 partidos, nueve de ellos en una horquilla de entre 10 y 20 esca�os), la primera ministra, que agot� contra pron�stico la legislatura anterior al frente de un tripartito con los liberales y los moderados (ambos de centroderecha), se encarg� de dirigir la primera ronda de consultas con el resto de formaciones pol�ticas.
Tras 45 d�as en que sonde� las posibilidades de formar un Ejecutivo bien de centroizquierda, bien de centroderecha, se lleg� a un callej�n sin salida despu�s de que los moderados de Lars L�kke Rasmussen, imprescindible partido bisagra, desistiesen de unirse a la izquierda, la opci�n que hasta ese momento parec�a m�s factible.
El encargo de gestionar una nueva ronda de consultas ha pasado ahora al l�der liberal, Troels Lund Poulsen, aunque esta vez con un plazo mucho m�s corto. El propio Poulsen ha establecido una fecha l�mite de 14 d�as. Cabe resaltar que, aunque ya no dirija las conversaciones, Frederiksen sigue siendo la casi inevitable candidata a presidir el pr�ximo Gobierno. M�s que convertirse en nuevo jefe del Ejecutivo, lo que persigue el dirigente liberal es que la coalici�n resultante se incline hacia la derecha aunque permanezca bajo el mando de la actual primera ministra.
En teor�a, un Gobierno sin Frederiksen, formado exclusivamente por los siete partidos del denominado bloque azul (centroderecha y derecha) no es imposible. No lo es, pero casi. El analista pol�tico dan�s Ask Rostrup ha comparado esta alternativa con "una subida al Alpe d'Huez sobre una bicicleta de caballero con las ruedas pinchadas y el viento en contra". Entre otros aspectos, debido a las fuertes enemistades internas entre varios de sus l�deres.
De modo que la soluci�n m�s razonable para Poulsen es buscar una ampliaci�n del tripartito saliente con un partido m�s de cada uno de los dos bloques tradicionales: los social liberales (centroizquierda) y los conservadores. Aqu� surge, sin embargo, un problema doble.
Primero, los liberales obtuvieron en marzo el peor resultado electoral de su historia y no tienen demasiadas ganas de volver a un Ejecutivo encabezado por Frederiksen. Segundo, los socialdem�cratas estar�an muy solos como �nico partido de izquierda en esta constelaci�n. Ya han perdido muchos votos por gobernar con el centroderecha, por lo que cabe preguntarse si no les costar�a demasiado caro hacerlo de nuevo. En realidad, a Frederiksen le gustar�a incluir a los socialistas en este escenario, pero su l�der, Pia Olsen Dyhr, lo rechaza de plano.
Si la ronda de Poulsen no llega a buen puerto, se iniciar�a una nueva consulta con otro encargado por decidir y la vista puesta en la izquierda, el denominado bloque rojo. Un Gobierno dirigido por los socialdem�cratas en coalici�n con los socialistas, los social-liberales y, desde el centro, los inevitables moderados. Respaldado en principio en el Parlamento por los verdes y la extrema izquierda de Lista Unitaria.
Ahora mismo, parece la opci�n m�s probable, pero es algo que ya se trat� sin �xito durante los 45 d�as de las conversaciones iniciales. Los obst�culos de entonces no han desaparecido. El principal es que L�kke, l�der moderado y ministro de Exteriores en funciones, no desea depender de Lista Unitaria, formaci�n que considera demasiado radical. Un tercer fracaso en las rondas de consulta conducir�a casi sin remedio a la repetici�n de las elecciones.
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