




















Nuestro campo libra una batalla silenciosa. No solo por la subida de precios de los insumos (fertilizantes, pienso…), la sequía, fenómenos meteorológicos adversos o los vaivenes regulatorios. En un momento de transición hacia una agricultura y ganadería 4.0 y sostenible, el sector primario ... tiene a su disposición las herramientas más avanzadas de su historia: drones que aplican tratamientos fitosanitarios con exactitud de centímetros, sensores IoT que miden el estrés hídrico de los cultivos, sistemas de big data para predecir plagas, puertas de invernadero o electroválvulas para riego que se cierra y abren a kilómetros de distancia desde un móvil, tractores y cosechadoras con autoguiado y GPS capaces de seguir rutas predefinidas con una precisión milimétrica, collares con geolocalización para seguir al ganado… Pero apenas hay manos jóvenes para desplegar y sacar todo el partido a estas soluciones. La falta de relevo generacional está frenando la incorporación de las nuevas tecnologías y la digitalización en muchas explotaciones, lo que pone en riesgo la competitividad y rentabilidad de un sector que es estratégico para garantizar la seguridad alimentaria y que supone el 2,5% del PIB.
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