


























El sector automotriz europeo no atraviesa su mejor momento, con una caída de la producción, una complicada transición al vehículo eléctrico, altos costes energéticos, una dura competencia con modelos más asequibles provenientes de China y el aumento de los aranceles de EEUU a la importación de turismos y camiones procedentes de la Unión Europea. La industria del motor busca refugio en el sector de la Defensa, que ha experimentado un boom en los últimos años, adaptándose o buscando nuevas vías en este ámbito.
Alrededor de 13,8 millones de personas trabajan en el sector automovilístico de la UE. La fabricación (directa e indirecta) representa 3,5 millones de empleos, las ventas y el mantenimiento 4,5 millones, y el transporte 5,1 millones, según datos de la Comisión Europea. No obstante, Bruselas prevé que el 80 % del crecimiento del sector se produzca fuera de la UE.
Los datos son escalofriantes. La industria europea de componentes de automoción ha perdido más de 100.000 puestos de trabajo entre 2024 y 2025, una destrucción de empleo que equivale a unos 142 trabajadores expulsados cada día, según los datos difundidos por la Asociación Europea de Proveedores de Automoción (Clepa).
Hasta 2018, la UE fue el mayor productor mundial de componentes para la industria automotriz en términos de valor añadido. Desde entonces, las tendencias de producción han cambiado. China y Estados Unidos han incrementado su producción, mientras que la de la UE ha disminuido.
Entre 2018 y 2025, el valor añadido de la producción china aumentó aproximadamente un 40%, superando los 380.000 millones de dólares, lo que refleja la rápida expansión de su cadena de suministro automotriz. Durante el mismo periodo, la producción estadounidense creció cerca de un 11%. Por el contrario, la producción de la UE cayó cerca de un 15%, hasta situarse en torno a los 180.000 millones de dólares. Esto significa que China produce ahora más del doble del valor de la UE en este sector, según los datos de Clepa.
En este escenario, son varias las empresas del sector automotriz que han decidido buscar en el sector militar un refugio económico. No en vano, la industria de defensa europea vive una fase de expansión histórica. En total, el gasto de defensa europeo en el año 2025 alcanzó los 864.000 millones de dólares, unos 754.000 millones de euros, lo que supone un incremento del 14%, según los últimos datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).
Uno de los casos es el de Volkswagen, que se encontraría en conversaciones con la empresa israelí Rafael Advanced Defence Systems para fabricar piezas para la 'Cúpula de Hierro', el sistema de defensa aérea de Israel. El fabricante de vehículos alemán obtuvo en 2025 un resultado operativo de 8.900 millones de euros, un 53% menos que en 2024, con un margen operativo del 2,8%.
Este posible acuerdo lo publicó en exclusiva el diario británico Financial Times, que aseguraba que se pretendía convertir la planta de automóviles Osnabrück para evitar su cierre y el despido de 2.300 trabajadores. Poco tiempo después, Volkswagen emitía un comunicado desmintiendo la reconversión de la factoría: "La producción de armas por parte de Volkswagen AG sigue descartada para el futuro, y no especulamos sobre futuros planes para la planta de Osnabrück".
No obstante, según las últimas informaciones, Rafael habría firmado una carta de intenciones con Volkswagen para adquirir la planta del fabricante de automóviles alemán en Osnabrück, según aseguraron dos personas familiarizadas con el asunto a Reuters.
En caso de que se consolidara este acuerdo, supondría la vuelta al sector de defensa de la empresa alemana, que nació con un objetivo civil en 1937 bajo el III Reich y que, durante la Segunda Guerra Mundial empezó a producir todo tipo de vehículos militares hasta la caída de Hitler.
Sin salir de Alemania, la empresa Continental AG es una empresa de neumáticos con sede principal en Hanóver, ha establecido una alianza estratégica con Rheinmetall, el mayor fabricante de armas de Alemania. Ante la reestructuración de Continental y la alta demanda de personal en Rheinmetall, han acordado transferir trabajadores de la industria automotriz a la de defensa.
Continental anunció el cierre de su fábrica en Gifhorn para 2027, en la que trabajan 900 empleados. Rheinmetall, en búsqueda de personal para hacer frente a sus pedidos, se ofreció para contratar a los trabajadores que salieran de Continental.
Otro ejemplo es el de la francesa Renault, que a principios de este año anunció que se asociaría con Turgis Gaillard para desarrollar drones militares, para ayudar a aumentar la producción para el ejército francés. Según el periódico francés La Tribune, los dos socios podrían producir un dron táctico con una envergadura de unos diez metros "a un precio extremadamente competitivo", con una tasa de producción de hasta 600 unidades al mes para finales del primer año de actividad. No obstante, la compañía francesa no ha confirmado este punto.
El presidente Emmanuel Macron plantea aumentar el gasto militar en 36.000 millones hasta 2030. Eso es lo que propone el proyecto de actualización de la Ley de Programación Militar (LPM) presentado por la ministra de Defensa, Catherine Vautrin, que amplía su arsenal nuclear y aumenta sus existencias de misiles y drones. En el caso concreto de los drones, Francia quiere que cada unidad de sus Fuerzas Armadas cuente con su propio sistema de drones a muy corto plazo.
Para cumplir esto hace falta un industria de defensa nacional potente que responda. Por ello, se ha recurrido a la industria automovilística francesa para que colabore. Por ejemplo, el proveedor de piezas de automóviles Valeo participa en un "pacto de drones de defensa" con alrededor de un centenar de empresas de todos los tamaños, mientras que Fonderie de Bretagne, especializada en piezas para vehículos, se prepara para producir carcasas huecas.
En el caso de España, la mayor planta de Volkswagen es la de Seat en Martorell (Barcelona). Seat e Indra ya han mantenido contactos encaminados a posibles sinergias que podrían ofrecer las instalaciones de la firma automovilística para producir vehículos militares.
Ficosa, compañía española de componentes de automoción y que también tiene acuerdos con Indra, recientemente ha anunciado la creación de una nueva filial centrada en Defensa y sector aeroespacial.
Por otro lado, la planta de Ford en Almussafes (Valencia) se encuentra en un periodo de reestructuración y búsqueda de nuevos proyectos, y se plantea dar el salto al ámbito militar. Precisamente, un estudio del Clúster de Automoción de la Comunidad Valenciana (AVIA) concluye que las empresas valencianas están listas para reconvertirse hacia contratos militares en menos de dos años.
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