






















Ambos bancos centrales afrontan sus reuniones de la semana que viene con una crisis que les coloca entre la espada de la inflación y la pared de la recesión.
De todos los escenarios macroeconómicos y financieros que se modelan con la guerra de Irán y el bloqueo de Ormuz ninguno es bueno, aunque el menos malo es que el que se descuenta ahora con una pronto resolución del conflicto. Tanto una reescalada de los ataques en el Golfo Pérsico como una incursión terrestre de EEUU en Irán pueden desbaratar cualquier brote de optimismo.
En términos económicos, los expertos han abrazado el mantra de 'cuanto más dure peor será' sobre el impacto de la crisis, con lo que ya están sumando décimas a la inflación prevista para este año y restando al crecimiento del PIB. En ese escenario, el Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal (Fed) han comenzado el habitual baile de declaraciones dirigidas de cara a sus reuniones de finales de abril.
Las expectativas de movimientos de tipos se han frenado precisamente porque los riesgos a la baja sobre crecimiento están comenzando a pesar tanto o más que el desvío al alza del IPC. "Es evidente que el BCE no tiene previsto subir los tipos de interés oficiales este abril, pero las expectativas del mercado siguen siendo altas para una subida en junio", explica Michiel Tukker, estratega de tipos de ING.
El punto de partida del BCE es complejo pero con margen para endurecer su política monetaria desde la tasa del 2% actual. En cambio, la Fed todavía mantiene los tipos por encima de la inflación, en zona restrictiva, hasta 175 puntos básicos por encima. Además, el banco central estadounidense tiene ante sí un reto todavía mayor debido al relevo en la presidencia, con la comparecencia para ratificar el nombramiento de Kevin Warsh todavía pendiente.
No hay cambios a la vista en el horizonte de tipos de la Fed, habitualmente más pendiente del lado del crecimiento en su mandato dual. Los últimos acontecimientos en torno a la guerra iraní apuntan a un conflicto en evolución que comienza a hacer daño inflacionario incluso en EEUU, pese a que es uno de los países mejor autoabastecidos de crudo y gas, además de exportador neto de energía tanto a Asia como Europa, aunque no le excluye de los mercados globales.
"Aunque Estados Unidos está relativamente menos expuesto, es probable que los precios más altos de la energía sigan presionando a los consumidores, con el tipo de aceleración inflacionaria que nuestros economistas prevén para el próximo mes, históricamente asociada a un debilitamiento del crecimiento del consumo", argumentan desde Bank of America, que apuntan a otra cuestión principal no visible demasiado aún: ¿cuánta destrucción de demanda está en camino?
Los analistas del banco recuerdan que el índice global compuesto de nuevos pedidos del PMI cayó 2,2 puntos en marzo, el mayor descenso mensual desde 2021. "Implica que marzo tendría que marcar el punto mínimo del impulso de crecimiento global para que las valoraciones actuales del mercado se justifiquen. Vemos un riesgo significativo de que el impacto total de los elevados precios de la energía y las restricciones físicas de oferta aún no se haya trasladado del todo, con una destrucción de demanda que probablemente se materialice de forma gradual, como en anteriores shocks de oferta energética", argumenta Bank of America.
Los inversores afrontan la octava semana de guerra con algo de confusión. A los respectivos alto el fuego entre EEUU-Irán e Israel-Líbano se ha le ha unido el anuncio de reapertura del estrecho de Ormuz realizado por Irán se le han sumado los llamamientos a negociar de nuevo del presidente de EEUU, Donald Trump. Los mercados han reaccionado con optimismo ante la buena nueva.
"Sin embargo, mucho dependerá del petróleo, ya que por cada 10 dólares de aumento en su precio, las expectativas del mercado sobre una subida de tipos aumentan aproximadamente 25 puntos básicos. De forma similar, para la Reserva Federal, y especialmente el Banco de Inglaterra, la correlación entre las expectativas de política monetaria y los precios del petróleo sigue siendo muy estrecha. Dada la volatilidad actual en los mercados petroleros, una variación de 10 dólares puede materializarse en tan solo un día", advierten desde ING.
La volatilidad de los tipos de interés a corto plazo dificulta que los participantes del mercado tomen posiciones, lo que puede distorsionar la relación entre las expectativas reales y la fijación de precios del mercado", advierten desde ING. "Incluso si un inversor tiene una visión muy convencida de la función de reacción de un banco central, tomar una posición es arriesgado, ya que una sola noticia geopolítica puede provocar un fuerte salto en la dirección equivocada".
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