





















La jubilación demorada es una opción que permite que los trabajadores en España puedan continuar trabajando a pesar de alcanzar su edad ordinaria de jubilación. Desde la Seguridad Social se premia a quienes optan por esa vía con incentivos económicos, ya que el aumento de la esperanza de vida provoca que haya cada vez más jubilados y, por lo tanto, un mayor gasto en pensiones. En la Ley General de la Seguridad Social se establece que los incentivos para quienes aplazan su retiro se pueden cobrar mediante un 4% extra por cada año completo trabajado, un único pago al jubilarse definitivamente o con una mezcla de ambas.
Los expertos de la Seguridad Social coinciden a la hora de recomendar la jubilación demorada, explicando que simplemente por retrasar un año la jubilación, “puede suponer un pago único de 8.000 euros o más”, dependiendo la cuantía exacta de las bases de cotización y de los años que haya trabajado el beneficiario. Así pues, retrasar la edad de jubilación es atractivo, sobre todo si tenemos en cuenta que la pensión media de jubilación se sitúa actualmente en 1.569 euros al mes, siendo habitualmente la principal fuente de ingresos de los pensionistas.
Lo que tiene que tener claro todo aquel trabajador que opte por la jubilación demorada es que tendrá que elegir la forma de cobrarla en el momento de solicitar la pensión, sin que quepa la posibilidad de modificarla a posteriori. Por lo tanto, habrá que pensar bien la opción por la que uno se decanta, siendo consciente de que la cantidad a cobrar depende del total de años cotizados y de las bases de cotización.
Cuanto más alta sea la pensión que le corresponde a una persona al jubilarse y más años de cotización tenga, por lo general, se recibirá un mayor incentivo económico por retrasar la jubilación. Por este motivo, por cada año de demora se puede llegar incluso a superar los 10.000 euros de gratificación. En cualquier caso, la cuantía se actualiza con carácter anual junto a la pensión máxima.
El cobro de la jubilación demorada es un ingreso en la cuenta del jubilado como rendimiento, lo que implica que haya que tributar por él en el IRPF. Se trata de una cantidad que no está exenta de impuestos, tributando como rendimientos del trabajo y suponiendo, por tanto, que Hacienda se lleve una parte según los ingresos y la situación personal.
Uno de los aspectos a considerar con respecto al cobro de esa gratificación por jubilación demorada es que, cobrarla de golpe, puede suponer que el jubilado salte de tramo ese año en la tabla de retenciones del IRPF. En una pensión que se encuentre en los tramos del 30% al 37% del IRPF, la cantidad neta se puede situar notablemente por debajo del bruto declarado, en función del resto de las rentas del año.
Por lo tanto, para tomar una decisión informada, es importante valorar diferentes factores como las condiciones laborales, de salud, la calidad de vida y los proyectos personales antes de retrasar un año la edad de jubilación, ya que no siempre se trata de una cuestión puramente económica, sino que hay que tener en cuenta otros aspectos.En cualquier caso, la forma de cobrar la jubilación demorada dependerá de cada persona, siendo el porcentaje adicional cada mes una opción interesante para quienes quieren garantizar el mayor poder adquisitivo mes a mes, sobre todo cuando se tienen expectativas de vida larga. Si no es así, o se necesita hacer frente a gastos importantes, el pago único puede resultar más interesante.
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