

























Narnia, el faraónico proyecto de Netflix dirigido por Greta Gerwig, no llegará a las salas de cine hasta febrero de 2027. El cambio de fecha, provocado aparentemente por un retraso en la producción, no es lo único que difiere de los planes iniciales. Lo que en un principio iba a ser un estreno limitado el fin de semana de Acción de Gracias como antesala al estreno mundial en la plataforma el día de Navidad se ha convertido en un estreno amplio en todo el mundo, el primero de estas características, con pases anticipados en salas IMAX a partir del 10 de febrero. Y hay más: las salas tendrán una ventana de exclusividad de 49 días. Los responsables de las principales cadenas de exhibición se han mostrado entusiasmados con la decisión de Netflix de apostar por un estreno como el que cabría esperar de una major de Hollywood ante un título de estas características.
Narnia se estrenará el 12 de febrero de 2027 en salas de cine y no llegará a Netflix hasta el 2 de abril. La película, escrita y dirigida por Greta Gerwing y protagonizada por actores de la talla de Daniel Craig, Carey Mulligan y Meryl Streep, adapta la sexta novela de Las crónicas de Narnia (El sobrino del mago), de C. S. Lewis. La historia se sitúa cronológicamente antes de los acontecimientos narrados en El león, la bruja y el armario, primer volumen de la célebre saga.
Esto supone un reinicio total de la franquicia, que descarta repetir el arranque de las adaptaciones anteriores, que siguieron el orden de publicación. Este planteamiento revierte lo que hasta la fecha ha sido la dinámica de Netflix en lo que a estrenos en salas de cine se refiere: con un número limitado de copias y casi siempre para títulos de prestigio con potencial para ganar premios, lo que requiere una distribución mínima en salas.
La lógica detrás de esta decisión encaja perfectamente con la filosofía user centric de la compañía, ya que imponer una espera muy larga erosiona la fidelidad del cliente que paga mes a mes. También existe un factor económico a considerar: un estreno en salas de cine requiere una inversión económica para conseguir una buena recaudación, lo que eleva el riesgo financiero de los proyectos.
Esta falta de interés en el rendimiento económico de la primera ventana parece que ahora se está revisando. No quiere decir, al menos no de momento, que todos los estrenos vayan a tener a partir de ahora esta magnitud. Pero de la mano de este cambio de estrategia podría venir la confirmación de lo que analistas e industria llevan años defendiendo: las salas, además de allanar el camino para conseguir premios, también pueden aumentar la notoriedad y hacer ganar mucho dinero.
Este cambio no es lago repentino. Es el resultado de una concurrencia de factores que, probablemente, han llevado a Netflix a reexaminar su estrategia.
Hasta la fecha la compañía ha logrado que mucho talento de primer nivel trabaje con ellos. De hecho, Netflix se ha convertido en el hogar ideal de proyectos cuya envergadura económica había provocado que las empresas tradicionales del sector los rechazasen, tanto por el coste como por los riesgos que implicaban. Para esos cineastas el hecho de hacer realidad un proyecto personal parecía compensar el sacrificio que imponía Netflix: renunciar a un gran estreno comercial en salas en favor de algo más limitado.
Tras la pandemia, sin embargo, comenzó a emerger un movimiento de reivindicación de los estrenos convencionales, que mucho talento ahora impone como condición ineludible. Más allá de la carga simbólica, el éxito de muchos de los estrenos recientes, especialmente entre las audiencias más jóvenes, es la mejor prueba de que tanto el público como la industria se benefician de este modelo de distribución. De ahí que, si de lo que se trata es de disuadir al talento para que trabaje con ellos, disponer de esta opción podría jugar a favor de Netflix.
Además, el estreno en salas de cine es el sustrato ideal para que se desarrolle una propiedad intelectual valiosa. Si el estreno amplio de Narnia en cines sale bien, existen 5 libros con material fuente que podrán sentar las bases de una nueva franquicia para toda una nueva generación de espectadores, a los que las adaptaciones anteriores (de Disney y Fox, respectivamente) les quedan muy lejanas.
Una muestra a pequeña escala es lo que sucedió el año pasado con Las guerreras K-Pop. El estreno en salas de cine meses después de su estreno en Netflix no solo fue un auténtico éxito comercial: ha lanzado la franquicia al estrellato, abriendo unas posibilidades de negocio amplísimas en términos de explotación comercial.
Tampoco hay que olvidar otra cuestión adicional. En primer lugar, Netflix ha pasado varios meses revisando los números de Warner en medio de toda la operación de adquisición. Y aunque, finalmente, no haya salido adelante, sin duda le habrá permitido hacerse una idea más precisa y fidedigna de lo que un estreno en pantalla grande puede suponer financieramente para cualquier compañía.
Estrenar Narnia en salas de cine a lo grande obligará a Netflix a aceptar cierta dosis de incertidumbre y confiar en que la calidad de la película y la repercusión de una buena campaña lleve a la gente en masa a verla. También exigirá que confíen en que hacer esperar a sus clientes no erosione su histórica propuesta de valor, sino que sea aceptado por el espectador de manera natural, sobre todo por tratarse de un título que merece este tipo de estreno.
Si la compañía logra afinar bien su programación, mantener el gasto bajo control y usar su plataforma como amplificador de los estrenos podrían encontrarse con una nueva vía de ingresos tan lucrativa como, al final, ha resultado ser la publicidad. Parece que a Netlfix no le ha hecho falta comprar una major para comenzar a pensar y comportarse como una.
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