



























El Senado de EEUU ha confirmado a Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal en una votación ajustada y mayoritariamente partidista. Warsh, de 56 años y ex alto funcionario de la Fed, asume el mando del banco central más poderoso del mundo en un momento especialmente delicado.
La inflación lleva cinco años por encima del objetivo del 2% de la Fed y acaba de repuntar hasta el 3,8% en abril, impulsada por el encarecimiento del petróleo tras el bloqueo del Estrecho de Ormuz. El comité de tipos registró el mes pasado el mayor número de votos disidentes en más de tres décadas, según AP.
La sombra de Trump
La gran incógnita sobre Warsh es si fijará los tipos en función de los datos económicos o cederá a la presión de Trump, que lleva años exigiendo bajadas de tipos y llegó a publicar en redes sociales que nunca nombraría presidente de la Fed a quien le contradijera. La senadora demócrata Elizabeth Warren lo ha definido en la audiencia de confirmación como el "títere" del presidente, tal y como informa AP.
Warsh ha negado cualquier presión. "El presidente nunca me pidió comprometerme con ninguna decisión concreta sobre tipos, y nunca lo habría aceptado", declaraba durante su confirmación.
Un contexto de máxima dificultad
Así, Warsh hereda un comité dividido y una Fed bajo amenaza. Jerome Powell, cuyo mandato como presidente expira, permanecerá en el consejo como gobernador hasta enero de 2028, lo que podría generar un centro de poder paralelo en el seno de la institución.
Hola Fed, adiós fortuna
El recién nombrado presidente llega con un programa propio. Ha criticado con dureza la gestión reciente de la Fed, especialmente el pico de inflación de 2021-2022, el peor en cuatro décadas, y ha reclamado un "cambio de régimen".
Entre sus propuestas está la de limitar las comunicaciones públicas del banco central, un giro radical tras décadas de transparencia creciente. También ha cuestionado las previsiones trimestrales de tipos, argumentando que dificultan los cambios de rumbo.
Finalmente, tendrá que decir adiós a su patrimonio, valorado en al menos 100 millones de dólares e incluye participaciones en SpaceX y Polymarket, ha generado críticas adicionales por falta de transparencia. Ahora tendrá vender todos esos activos en un plazo de 90 días tras su toma de posesión.
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