
























Elon Musk o Sam Altman. Ambos magnates se sientan enfrentados en el banquillo de un juicio civil que puede golpear el futuro de Open AI y el del sector tecnológico. Por delante un mes de testimonios, nueve miembros del jurado y una jueza, Gonzalez Rogers, que deberá decidir si el hombre más rico del mundo ha sido engañado por su amigo y creador de ChatGPT.
Un tribunal federal de Oakland acoge desde esta semana la disputa en la que el cofundador de Tesla, SpaceX y xAI, Musk, acusa a Altman y sus socios de engañarlo y traicionarlo para apoyar económicamente a la fundación de OpenAI, que nació como una empresa sin ánimo de lucro y supuestamente debía mantenerse con esa estructura.
Sam Altman es el CEO de esta empresa de investigación creadora de ChatGPT que se inicia como una ONG y cuyo objetivo es promover la inteligencia artificial de una manera que probablemente beneficie a la humanidad en su conjunto, en lugar de causar daño. Su giro a una empresa con fines de lucro es lo que le lleva ante el juez. En concreto, la querella legal acusa a OpenAI, a sus cofundadores Altman y Greg Brockman, y a su socio principal, Microsoft, de incumplimiento de contrato y enriquecimiento injusto.
Musk exige que se revierta la estructura anterior, que Altman y el presidente de OpenAI, Greg Brockman, sean destituidos de sus cargos ejecutivos y que la empresa le pague 134.000 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios, fondos que, según él, donaría a la organización sin fines de lucro reformada.
La defensa de Altman se centrará en cuestionar el verdadero motivo de Musk: ¿busca el bien de la humanidad y la IA o pretende proteger su propio proyecto, xAI, que se encuentra rezagado con respecto a OpenAI y otros actores del sector de la IA tanto en sofisticación como en cuota de mercado? "Esta demanda siempre ha sido un intento infundado y envidioso de perjudicar a un competidor", publicó OpenAI en X esta semana. Bloomberg Intelligence estima en un 60% las probabilidades de que OpenAI pierda.
Según analiza Dave Lee en Bloomberg, Musk puede considerarse un ganador incluso si finalmente pierde el caso. Ralentizar a OpenAI y complicar sus posibilidades de obtener más capital es una victoria para él, se mire por donde se mire. SpaceX, ahora matriz de xAI, casi con seguridad saldrá a bolsa antes que OpenAI y se beneficiará del impulso de los inversores deseosos de comprar acciones de nuevas empresas de IA. Esto convierte este caso en poco más que un gasto empresarial para Musk: unos días en los tribunales donde saldrán a la luz más dramas internos perjudiciales sobre un competidor. Para Altman y su empresa, los costes podrían ser mucho, mucho mayores.
Además de Musk, se espera que Altman y Satya Nadella tengan que testificar en el juicio, lo que lo convierte en uno de los de más alto perfil del conocido Silicon Valley. También se prevé la comparecencia de antiguos compañeros de Altman como Mira Murati e Ilya Sutskever, quienes se marcharon tras el fallido intento de destitución de Altman a finales de 2023.
La relación entre Altman y Musk se remonta a 2015, cuando fue lanzada OpenAI. Su fin, buscar avances e la inteligencia artificial. En aquel momento Musk aportó cerca de 45 millones de dólares. En 2018 se retiró de la junta directiva y dejó de hacer aportaciones. No veía resultados. Pero su marcha no impidió que OpenAI siguiera su curo y ya en 2019 pasó a ser una estructura de beneficio limitado. A día de hoy tiene permiso para reestructurar su negocio principal transformándolo en una corporación con fines de lucro. En su horizonte no muy lejano, salir a bolsa a finales de 2026. Pero ahora todo puede pasar.
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