


























La revolución de la inteligencia artificial en el ámbito militar se lleva cociendo a fuego lento desde hace unos años, pero cada vez está más presente en las Fuerzas Armadas y los países están dándole un fuerte impulso en el último año para implementarla lo más rápida y efectivamente posible. China, el gigante asiático de la tecnología, lo está llevando a otro nivel, y ya ha puesto a prueba a sus comandantes con un "Jefe de Estado Mayor Digital" o comandante con IA, capaz de tomar decisiones más precisas de manera más rápida.
Así lo recoge el South China Morning Post, que asegura que en simulacros de asalto anfibio, este comandante digital tomó decisiones un 43% más rápido que los comandantes experimentados y mantuvo una precisión superior al 90% incluso cuando las comunicaciones estaban fuertemente interferidas.
Según un artículo revisado por pares publicado en la revista Command Control & Simulation, este sistema podría ser la primera herramienta de mando autónoma del mundo integrada activamente en las operaciones de primera línea.
Desarrollado por el Ejército Popular de Liberación y la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa, el sistema de IA, descrito como un "oficial de estado mayor digital en tiempo real", emplea grandes modelos de lenguaje y datos del campo de batalla en tiempo real para procesar la información rápidamente, resaltar las amenazas clave y señalar los fallos.
Para ponerlo a prueba, China empleó este comandante virtual en una simulación de alto riesgo: una operación de desembarco anfibio, donde demostró su valía. No obstante, el sistema todavía debería ser adaptado para ser probado en escenarios más exigentes y complejos, como la guerra urbana y de montaña.
Su principal función es formular las preguntas adecuadas para obtener los datos necesarios, lo que en términos militares se conoce como requisitos de información crítica, las incógnitas que pueden determinar el éxito o el fracaso de una operación.
Durante su despliegue en este entorno anfibio, en simulaciones de batallas complejas, el comandante digital ayudó a coordinar los movimientos de las tropas y a acelerar la toma de decisiones en el ciclo OODA (observar, orientar, decidir y actuar), incluso cuando los sistemas de comunicación se veían interrumpidos.
Precisamente, se le enfrentó a cinco oficiales expertos con más de cinco años de experiencia en investigación sobre guerra anfibia y un promedio de 12 años de servicio en las Fuerzas Armadas. Los resultados fueron claros, al menos según lo que detalla China. El tiempo de respuesta a las decisiones se redujo casi a la mitad, y la IA optimizó el ciclo OODA, que constituye la base de la toma de decisiones militares, en un 43%.
Un comandante humano a veces puede tener dificultades para priorizar la información bajo presión, y esta IA parecería plantearse como una solución. No obstante, emplear la IA para la toma de decisiones sin supervisión humana en las que se pone en riesgo la vida de militares supone entrar en un terreno peligroso y de dudosa ética en el que los ejércitos occidentales no se plantean entrar, al menos de momento.
Precisamente, hace unos meses, como ya publicamos en Business Insider, la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos, publicó su informe anual de amenazas, en el que daba especial protagonismo a la inteligencia artificial e identificaba a China como “el principal competidor” de EEUU. Así, afirmaba que “el sólido progreso” de otras potencias mundiales en IA está “poniendo en entredicho” la competitividad económica y las ventajas en materia de seguridad nacional de EEUU.
En concreto, en un punto en el que las tropas avanzaban desde la playa hacia el interior del territorio enemigo, el sistema detectó el movimiento de un batallón blindado enemigo. Al relacionar este movimiento con la doctrina militar, la IA reconoció de inmediato un inminente peligro: que se desconocía la ubicación de las fuerzas de reserva enemigas, lo que podría desembocar en una emboscada. En cuestión de segundos, el sistema identificó el problema como una prioridad de alto riesgo y asignó automáticamente unidades de reconocimiento para encontrar las reservas ocultas, algo que a un ser humano le habría llevado más tiempo, además del estudio de mapas.
Incluso cuando las comunicaciones se interrumpían y las líneas digitales se volvían difusas, el sistema recuperaba información clave con una precisión superior al 90%, superando tanto a los comandantes humanos como al software tradicional.
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