





















OpenAI ha tenido una semana difícil, con cambios y golpes que pueden ensombrecer aún más la imagen, no sólo de la compañía, sino también de su CEO, Sam Altman.
Sólo hizo falta una publicación de Wall Street Journal para borrar la sonrisa de su entorno: sus objetivos no se han alcanzado y esto desató el caos en el sector. Oracle cayó un 3%, Broadcom y AMD entre un 4% y un 5,5%. Intel, sin acuerdos directos con OpenAI, llegó a caer un 5%.
WSJ expuso que OpenAI no logró la meta autoimpuesta de llegar a mil millones de usuarios semanales a finales de 2025. Su directora financiera, Sarah Friar, advirtió internamente que si los ingresos no crecen lo suficiente, la empresa podría tener dificultades para financiar sus futuros contratos de centros de datos. El llamado a la calma llegó tarde.
La reacción en cadena tiene una lógica: OpenAI compra computación a Oracle, Oracle depende de esa demanda para su valoración, Nvidia vende chips a ambos. El problema es que el sector entero cotiza como si OpenAI fuera su único termómetro, y eso convierte cualquier tropiezo de la compañía en un seísmo para empresas que ni siquiera hacen negocios con ella.
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OpenAI y Anthropic: Red de Acuerdos Circulares
Empresas por valoración · Datos a 9 de enero de 2026
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Luis Felipe Jung, profesor de Economía de Comillas ICADE, explica a Business Insider España que "de tanto en tanto los inversores se vuelven temerosos de que todo este boom que hay, toda esta construcción de data centers, todas estas inversiones millonarias, que no se esté yendo demasiado lejos". "No diría que hay crisis ni gran corrección", apunta
El miedo a que una burbuja pueda estallar, como sucedió con las puntocom, crece al ver lo sucedido esta semana. Los paralelismos existen: empresas con valoraciones estratosféricas, inversiones masivas en infraestructura y modelos de negocio que aún no han demostrado generar los retornos prometidos. Pero la comparación tiene límites.
Toda la IA se basa en una tecnología que se llama Transformers y Google fue el primero que los descubrió"
"Los múltiplos con los que se valoran todas estas empresas están bastante inflados y cualquier movimiento negativo [...] se ha traducido en un terremoto no solo en su valoración sino en todas las empresas que dependen del circo.", explica para Business Insider España Luis Garvía, director del Máster de riesgos en ICADE.
Garvía hace referencia a las valoraciones y movimientos alrededor de OpenAI y Anthropic, explicando que "lo que vamos a ver durante los próximos meses es cómo gran parte de las empresas que estamos viendo ahora no tienen fundamento frente a otras que sí lo tienen".
Más concretamente, el profesor apunta a hacia Google, afirmando que esta compañía "tiene mucho más fondo de armario que cualquiera de estas dos empresas [...] demuestra cada día que chasqueando los dedos puede poner patas arriba cualquier sector".
"Con Google no veo burbuja" concluye.
Entre tanto ruido, OpenAI ejecutó esta semana su movimiento más relevante. Renegoció su acuerdo con Microsoft, eliminando la exclusividad que había definido el sector desde 2019: ahora puede vender a través de AWS, Google Cloud y Oracle. Un día después, sus modelos aterrizaron en AWS Bedrock. Así, la compañía se abre al mercado justo cuando más lo necesita.
Esteve Almirall, profesor del departamento de Operaciones, Innovación y Data Sciences de Esade, responde para Business Insider a cómo afecta este giro en la relación de ambas tecnológicas.
El profesor contextualiza que "no se trataba solo de una alianza comercial, sino también de una apuesta financiera cuyo valor aumentaba a medida que crecía el valor de OpenAI".
"Esta estrategia tenía un punto débil evidente: dependía de que OpenAI mantuviera el liderazgo tecnológico en todos los frentes. Y era razonable pensar que eso no podía sostenerse indefinidamente."
No obstante, OpenAI intenta convencer al mercado de que todo está bajo control, pero las señales apuntan en otra dirección. La compañía cerró en marzo, según Reuters, una ronda de financiación de 122.000 millones de dólares a una valoración de 852.000 millones, cifras que asumen un crecimiento de ingresos que, por ahora, no llegan.
"La respuesta de OpenAI ha sido sacar ChatGPT 5.5, y ahí se ve un poquito su desesperación", recalca Garvía, profesor en ICADE.
Y mientras gestiona todo esto, Altman pasa parte de la semana no en San Francisco, sino en un juzgado de Oakland, donde Elon Musk lo demanda por traicionar la misión original de OpenAI como organización sin ánimo de lucro.
"La sensación que tengo es que Sam Altman ahora está tocado, [...] no están corriendo los mejores tiempos para OpenAI".
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