























Servidor público hasta el último día. Jerome Powell ha llegado al final del camino después de ocho años como el banquero central de referencia, al que todos escuchan, al frente de la Reserva Federal (Fed) de EEUU. En su última conferencia de prensa como presidente, celebrada este miércoles, Powell confirmó lo que el mercado ya descontaba: el 15 de mayo entregará el cetro de mando a Kevin Warsh, recién avalado por el Comité Bancario del Senado.
Pero el verdadero titular no fue su despedida, sino su decisión de no marcharse del todo. Powell permanecerá como gobernador "por un período de tiempo a determinar", y dejó bastante claro que esa decisión tiene un nombre y un apellido: Donald Trump. El presidente del Gobierno que ha sido su pesadilla entre dos etapas entre 2016 y 2018, primero; ahora entre 2025 y 2026.
Powell fue inusualmente directo al explicar por qué rompe con la tradición de los presidentes salientes, que suelen abandonar la institución poco después de entregar el cargo. "Mi preocupación es realmente la serie de ataques legales contra la Fed que amenazan nuestra capacidad de conducir la política monetaria sin considerar factores políticos", afirmó.
Powell subrayó que no se refería a los insultos o críticas verbales: "Nunca he sugerido que eso sea un problema". Trump ha dicho de él de todo: desde que era el enemigo público número uno de EEUU, pero que Xi Jinping, hasta pasar a lo persona llamándolo "tonto", "estúpido", "lento", "tardón" y hasta insinuar corrupción en vivo y en directo durante una visita a las obras en un edificio de la Fed. Meses después, el Departamento de Justicia inició un procedimiento que terminó archivado hace justo una semana.
A lo que se iba el rector de la Fed era a recordar sino a recordar al público y Wall Street que la persecución en forma de "acciones legales por parte de la Administración [que] no tienen precedentes en los 113 años de historia" del banco central. Powell reconoció que tenía planeado retirarse a partir de mayo, pero que "las cosas que han sucedido realmente en los últimos tres meses no me dejaron otra opción más que quedarme".
Cuando se le preguntó si quedándose estaba negando a Trump la mayoría que el presidente tendría en la Junta, Powell rechazó la lectura política: "No lo veo así en absoluto… mi intención no es interferir", prometió.
El aún presidente de la Fed insistió en que volverá al perfil bajo de un gobernador convencional y avanzó lealtad a su sucesor. "Hay un solo Presidente de la Junta de la Reserva Federal. Lo de presidente en la sombra es algo que nunca haría". Tampoco quiere ser, explicó Powell, "un disidente de alto perfil" en referencia a la calificación que reciben los gobernadores que votan en contra del jefe de la Fed.
De hecho, la segunda parte de su misión es la transición ordenada de poder en el banco central. Powell ofreció un respaldo explícito a Warsh, al que apenas ha visto desde su nominación: "Creo que tiene las capacidades, las habilidades para ser muy bueno" creando consenso entre los diecinueve miembros del Comité.
Cuando le preguntaron si confía en que su sucesor resistirá la presión de la Casa Blanca, Powell se refugió en el testimonio que dio en el Capitolio hace algunos días bajo juramento: "Testificó muy enérgicamente en ese sentido en su audiencia y le creo bajo palabra".
El momento más contundente llegó al hablar de la independencia de la institución. Preguntado si la Fed es hoy tan independiente como cuando él asumió el cargo, Powell respondió sin rodeos: "Creo que está en riesgo". Matizó que la batalla no es semántica sino operativa y real. "Es la capacidad de hacer política monetaria sin consideraciones políticas" y advirtió sobre la posibilidad de destituir a presidentes de bancos regionales de la Fed: "Sería el principio del fin".
"Si cada administración pudiera entrar y hacer eso, simplemente serías otra agencia del gabinete" de Trump. De hecho, Powell recordó que cada economía avanzada importante ha decidido aislar la política monetaria al control de los políticos electos por una razón muy concreta: "Los políticos electos siempre están en campaña y siempre querrán tasas bajas, lo que llevará a inflación con el tiempo".
Powell se marcha con una Fed dividida (cuatro votos en contra y ocho a favor, la mayor ruptura desde 1992), una inflación escalando por encima del 3% y un shock energético global por la nueva guerra en el Golfo Pérsico que va camino de alargarse. Pero su última misión, deja claro, no es ya de tipos de interés. Es resistir y ayudar a resistir hasta que la tormenta política amaine. "Me iré cuando crea que es apropiado hacerlo".
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