




















Desde los rascacielos de Abu Dabi como en Dubai han visto atónitos como Arabia Saudí e Irán, vecinos y socios fundadores de la OPEP, seguían bombeando y vendiendo petróleo a espuertas durante la guerra en el Golfo Pérsico. Mientras tanto, los buques de Emiratos Árabes Unidos (EAU) seguían en puerto. Apenas tenían alternativa salvo un oleoducto que puentea el Estrecho de Ormuz y desemboca en Fuyairá. Sin embargo, sus infraestructuras han estado bajo el ataque de drones y misiles iraníes, como represalia por alojar bases de EEUU.
Mientras Irán cerraba de facto el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz para el resto de países de la región como represalia a los ataques de EEUU e Israel. A la vez, sus oleoductos seguían exportando crudo y sus petroleros bordeando la costa en dirección a Asia. Tampoco le ha ido mal a Arabia Saudí, que ha logrado redirigir, vía oleoducto, el grueso de su crudo hacia el Mar Rojo. Su petrolera estatal Aramco pondrá números la semana a la subida de ganancias.
La guerra de Irán ha roto por completo el equilibrio en el seno de la OPEP. Emiratos ha visto como algunos de sus socios han aprovechado la situación para producir y vender más a espaldas del cártel, traicionando así el espíritu de solidaridad y unión con el que nació el club hace cerca de siete décadas. Con los países vecinos como Kuwait e Irak fuera de juego y explorando vías de exportación hacia el noreste, Arabia Saudí hacia sureste y Qatar recibiendo la llave del 70% de la tercera mayor instalación de exportación gasista de EEUU, los emiratíes han decidido reemprender su propio camino.
"La salida de Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la OPEP es, sin duda, un acontecimiento histórico", apunta George Cotton, gestor de J. Safra Sarasin Sustainable AM. "Llega tras años de tensiones entre Abu Dabi y Arabia Saudí. Los EAU están interesados en alcanzar una producción de 5 millones de barriles diarios para 2027, pero se ven limitados por los niveles de cuotas fijados por la organización. Consideran claramente la actual crisis energética como una oportunidad para ganar cuota de mercado".
El divorcio es efectivo desde el viernes 1 de mayo. Lo anunció la agencia emiratí WAM esta semana alegando "intereses nacionales" y necesidad de atender las "necesidades del mercado" en un contexto de caída de inventarios en Occidente. EEUU se ha quedado como principal exportador del mundo con capacidad sobrante de crudo y Rusia, todavía bajo sanciones, como principal soporte para los grandes consumidores asiáticos como China e India.
Bajo la cuota de la OPEP, Emiratos producía 3,3 millones de barriles diarios (mbd) con una capacidad instalada y máxima de 4,85 mbd antes de la guerra. Desde el 28 de febrero, la producción real se ha reducido a los 1,5 millones de barriles que puede transportar por el oleoducto de Fuyairá, ya en la costa de Omán. Emiratos ha estado construyendo un segundo oleoducto hacia el mismo puerto que multiplicará su capacidad en cualquier momento.
La salida de Emiratos restará poder a la OPEP, que pasará de una cuota del 30% al 26% en el mercado mundial. Pero la verdadera dimensión de su salida hay que encuadrarla en otro contexto: la posibilidad de un pulso entre productos como ya ha ocurrido en el pasado. Dentro del cártel quedarán países como el sancionado Irán, que sigue acumulando reservas ante el bloqueo de EEUU en Omán. Venezuela, bajo tutela estadounidense, regresa al mercado y los expertos prevén que multiplique su producción en cuestión de un año.
La verdadera batalla, en cualquier caso, se presume entre EAU y Arabia Saudí. Según datos de la consultora Rystad Energy que cita la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Abu Dabi lograr extraer crudo por unos 12 dólares el barril en pozos ya operativos y en 42 dólares en proyectos desde cero con financiación y amortización de la inversión. En el caso saudí, la relación es 9 a 42.
Sin embargo, la cifra mágica no está tanto en cuánto cuesta sino en el precio que necesita cada país. La estimación del coste fiscal para Arabia Saudí se acerca a los 95 dólares, mientras que en el caso de Emiratos es inferior a los 60 dólares por barril, según datos de Bloomberg Economics y Wall Street Journal. Con la cotización del barril cerca de los 120 dólares al cierre de abril, el margen de los emiratíes se dispara y su capacidad para competir aún más.
Cotton cree que el alcance de la decisión de Emiratos marcará un antes y un después para el mercado petrolero. "Esto ocurre en un contexto en el que la capacidad de ajuste del Golfo (swing capacity) ya no está bajo el control de la OPEP+. En su lugar, dicha capacidad está ahora condicionada por el conflicto militar entre Irán y Estados Unidos. Los responsables de la toma de decisiones en los EAU están señalando que es probable que los mercados del petróleo incorporen nuevas primas de riesgo de tipo 'más altas durante más tiempo', y consideran que los EAU están bien posicionados para capturar este valor en el futuro", añade el experto del banco J. Safra Sarasin.
En cualquier caso, la sombra de la actual guerra en Irán sigue alargándose sobre las relaciones diplomáticas entre los países del Golfo cada vez más frágiles y multipolares. Según el análisis de Cotton, "los países de la región están descubriendo que sus aliados tienen objetivos geopolíticos de mayor alcance y que ellos mismos podrían acabar siendo víctimas colaterales".
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