





















Es comprensible que a Xavier Pladellorens (Manresa, 1974) le aburra un poco hablar de Deporvillage, el e-commerce que cofundó en 2011 y vendió por la friolera de 160 millones. Tras el correspondiente periodo de reflexión, el catalán creó Pladecom Investments, un family office “unipersonal” que ha concretado desde 2022 alrededor de 80 inversiones, 35 de ellas en startups, aunque con un claro espíritu diversificador, pues la sociedad aclara en su página web que también se fija en proyectos inmobiliarios y compañías consolidadas, reservando una parte adicional del esfuerzo al asesoramiento empresarial.
“No hay dos horas a la semana donde me dedique a lo mismo”, cuenta a Business Insider España. “Todo este camino ha sido un aprendizaje (con parada en EEUU y la Universidad de Wharton) que me ha permitido dos cosas: invertir en fondos de mi sector, en infraestructuras, en mercados cotizados, private equity y deuda privada… y cultivar una faceta mucho más social en contraste con Deporvillage, donde mi trabajo era muy de puertas adentro. Para concretar 80 inversiones hay que hablar con mucha gente”.
Entre 2022 y 2024, las apuestas de Pladellorens por ciertas startups contaron con el viento a favor del VC winter. Olía a gran resaca tras el desenfreno de 2021 y era posible participar con tickets no muy onerosos en este casino estadístico de final incierto. “Mi rol ha sido similar al del business angel, con participaciones de entre el 1% y el 5% y presencia en algunos consejos, más por mi historial que por el capital poseído”, relata.
Ahora, una vez comprometido gran parte del capital del family office y sin apartarse del todo de esta actividad, el emprendedor catalán resopla con cierto alivio, ya que el ticket medio está por las nubes en fases tempranas debido en buena medida al efecto IA y a la alta disponibilidad de fondos. “La transformación más clara que impulsa la IA es que la tecnología deja de ser una frontera y el producto terminado ya no es un valor diferencial como lo era antes, sobre todo en las compañías más tecnológicas. Un Deporvillage, donde el producto clave era el catálogo, seguirá siendo invertible”.
La diferencia entre la aproximación accionarial de Pladellorens y los gestores de venture capital y private equity reside en una libertad de acción bien plasmada en la siguiente frase: “No quiero gestionar el dinero de otros o, dicho de otro modo, tengo la flexibilidad de cambiar de opinión cuando quiera. No estoy atado al compromiso de dar la cara durante cinco o diez años”.
Ciñéndose a ciertos retoques en su guión profesional, el entrevistado abre actualmente una fase de mayor implicación en ciertas compañías “que generan ebitda y no se van a vender por 160 millones. He creado una empresa de reforma de inmuebles y otra de retail (tiendas de clubs deportivos, dos del Barça ya y una a partir de julio del Real Madrid). Miraré más cosas: restaurantes, negocios de base tecnológica, sector industrial… Sin pretender ser el frontman ni estar en el día a día, puedo aportar en capacidad de gestión, crecimiento y estrategia. Y con dinero, claro”.
Advierte Pladellorens que “ahora es un mal momento para invertir en tecnológicas. Piénsalo: si una startup apenas factura y levanta tres millones. ¿Cuántas empresas de tu pueblo valen ese dinero? En un mundo normal, una compañía valorada en 30 millones debe ingresar al menos cinco al año. Con 30 millones te compras una top 10 de Manresa, no una startup con pérdidas”.
No es que haya dejado de mover su patrimonio, es que el manresano prefiere ahora inyectar cantidades al alcance de su mano “para tener la mitad de la empresa y obtener un buen rendimiento”. Lejos del ruido mediático, below the radar, como él mismo dice, la adrenalina deja su lugar a “una vida mejor”, con más tiempo disponible para la familia, el golf o el ciclismo y sin perder un ápice de la pasión profesional que le guía. “Lo que me aburre es la rutina del trabajo. Por eso quizás me fui de Deporvillage”.
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