























La batalla judicial entre Elon Musk y Sam Altman somete a un mayor escrutinio la conducta de ambos magnates sacando a la luz detalles privados de sus vidas que ocupan tanto sus relaciones sentimentales como sus estilos de liderazgo. Por delante, un juicio en el que el dueño de Space X pide una indemnización de 160.000 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios, fondos que, según él, donaría a la organización sin fines de lucro reformada.
Sam Altman es el CEO de esta OpenAI, creador de ChatGPT, que se inicia como una ONG y cuyo objetivo es promover la inteligencia artificial de una manera que probablemente beneficie a la humanidad en su conjunto, en lugar de causar daño. Su giro a una empresa con ánimo de lucro es lo que le lleva ante el juez. En concreto, la querella legal de Elon Musk acusa a OpenAI, a sus cofundadores Altman y Greg Brockman, y a su socio principal, Microsoft, de incumplimiento de contrato y enriquecimiento injusto. Ya hemos entrado en la tercera semana de este conflicto legal.
Según declaró Musk ante el jurado la principal razón que lo empujó a invertir en el proyecto de Altman fue su preocupación por un posible futuro apocalíptico provocado por la gestión de la IA en las manos equivocadas.
En la misma línea, explicó que financiar una entidad sin ánimo de lucro que sirviera de contrapeso para Google constituía otro de sus motivos que lo animó a participar en el desarrollo de OpenAI puesto que "en aquel momento, a Google no parecía importarle la seguridad de la IA".
Sin embargo, el testimonio aportado por el presidente de OpenAI, Greg Brockman manifestó que Musk al dejar OpenAI para iniciar su propia empresa de IA volvió a situar a Google como motor de sus decisiones pero en esta ocasión como razón para no priorizar la seguridad.
Según declaró Brockamn su prioridad máxima era " alcanzar a Deepmind", el laboratorio de IA de Google, por lo que la seguridad debería pasar a un segundo plano.
A su vez, reveló que el CEO de xAI se refería a Google como los "lobos" y a los defensores de la seguridad de la IA como "las ovejas" que se volverían irrelevantes a menos que ellos mismos se convirtieran en lobos.
El estilo de liderazgo de Musk también fue otro componente de su conducta notablemente criticado en el juicio .
Cuando se le pregunto en el estrado a Shivon Zilis, ejecutiva con una década de experiencia en las empresas de Musk y madre de cuatro de sus hijos, sobre la ética de trabajo de Musk, esta se rio calificándola de "modo maníaco, sobre todo".
Como es de esperar su dirección también fue objeto de críticas por parte de Altman y el actual presidente de OpenAI, Greg Brockman.
Este último se refirió a su experiencia trabajando con Musk en los primeros años de la empresa declarando que "Elon tiene fama de ser un conductor extremadamente exigente, y eso no es apropiado para un entorno de investigación de IA".
A su vez contó que tanto él como su cofundador Ilya Sutskever se rebelaron cuando Musk, en un momento que presagiaba los recortes de DOGE, pidió que les comunicarán a todos los empleados de OpenAI que elaboraran listas de sus contribuciones. De tal forma que aquellos que no hubieran contribuido significativamente serían despedidos.
Relató así que "todos los que se unían a OpenAI estaban preocupados de que esto sucediera, de que tendrían que ir a trabajar para Tesla".
Los lazos personales entre Musk y Zilis se conocen en 2022, cuando se reconoce públicamente que él era el padre de los gemelos que ella había dado a luz el año anterior.
Durante el testimonio de Zilis prestado el jueves, la ejecutiva describió su relación como una unión romántica intermitente que comenzó en 2016, el año en que se unió a OpenAI.
Compartió que como precedente a la aceptación de la oferta, Musk animaba " a todos a su alrededor a tener hijos" y le manifestó su disposición a realizar una donación de esperma en caso de que en algún momento se le despertaran las ganas de tener descendencia.
En 2021 Zillis acepta la propuesta de Musk dando a luz a dos gemelos que nacieron mediante fecundación in vitro y acordando la confidencialidad total de la donación por motivos de seguridad.
Actualmente, afirma que es un padre muy presente cunado "no está en modo maníaco" a pesar del plan inicial en donde Musk no jugaría un papel activo en la crianza de los niños.
Compartió que "vivimos juntos cuando viajamos, y hemos estado pasando tiempo en familia en Austin", donde ella vive.
Por la parte del acusado, la ética de trabajo de Sam Altman también ha estado sometida al escrutinio mediático.
En 2023, Sam Altman fue brevemente expulsado de OpenAI en medio de un coro de amargas quejas por parte de los miembros de la junta directiva.
Los testimonios y las pruebas presentadas han añadido nuevos y vibrantes matices a esa historia describiendo su estilo de gestión de Altman en ese momento como caótico y "reacio al conflicto".
La ex directora de tecnología de OpenAI, Mira Murati, declaró que su preocupación principal constituía que "Sam le decía una cosa a una persona y una cosa completamente diferente a otra" creando un ambiente de trabajo muy caótico.
En la misma línea los miembros del jurado vieron una declaración grabada en vídeo de Murati asegurando que las preocupaciones sobre Altman no tienen que ver con la materia de seguridad de la IA, sino con que "Sam está creando caos".
Sin embargo, cuando Altman fue despedido la junta directiva alegó falta de transparencia en sus comunicaciones con ellos como principal motivo de su destitución.
Tasha McCauley, exmiembro de la junta directiva de OpenAI, declaró que consideraba que Altman había sido deshonesto respecto al lanzamiento del modelo de inteligencia artificial GPT4-Turbo.
Afirmó que Altman había dicho erróneamente que el departamento legal de OpenAI le había comunicado que no era necesario que un comité de seguridad interno lo revisara antes de su lanzamiento en India.
A su vez, Helen Toner, investigadora y exmiembro de la junta directiva de OpenAI que votó a favor de destituir a Altman en 2023, declaró que se enteró del lanzamiento de ChatGPT a través de capturas de pantalla en Twitter y que no le sorprendió porque "estaba acostumbrada a que la junta no estuviera muy informada sobre las cosas".
En esta misma línea un documento que se recató como prueba en el juicio resumía las razones por las que la junta decidía destituir a Altman alegando que "el comportamiento de Sam y su falta de transparencia en sus interacciones con la junta directiva socavaron la capacidad de esta última para supervisar eficazmente la empresa de la manera que le correspondía".
En su testimonio ante un tribunal federal en Oakland, Brockman declaró que su participación en OpenAI asciende a casi 30 mil millones de dólares, lo que lo sitúa entre las aproximadamente 100 personas más ricas del mundo. Las clasificaciones de multimillonarios en tiempo real de Forbes ubica fortunas de ese tamaño entre los puestos 80 y 90 a escala mundial.
Brockman también confirmó que OpenAI, cuya última ronda de financiación valoró la empresa en 850.000 millones de dólares, está estudiando una oferta pública inicial, una transacción que permitirá a los inversores y empleados vender sus acciones al público en general.
Por su parte, Altman ha afirmado no tener ninguna participación accionaria en OpenAI, pero el juicio ha revelado una red de inversiones paralelas sobre las que los testigos expresaron su preocupación durante el proceso.
En una línea distinta Zilis relató la preocupación que la ocupaba tanto a ella como a otros miembros de OpenAI cuando Altman sugirió la inversión en Helion, una startup de energía nuclear.
Pues su tecnología no está aprobada y la posibilidad de que OpenIA "apostara fuerte por una tecnología especulativa" les inquietaba. Actualmente, Altman es ampliamente conocido por ser un importante inversor en esta compañía.
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