
























Las acciones de SpaceX vuelven a tropezar y viven esta semana su segunda jornada consecutiva de caídas, cerrando así los primeros cinco días de cotización de la empresa aeroespacial de Elon Musk tras la mayor salida a bolsa de la historia.
Hoy, en Nueva York, las acciones caen un 4,8%, prolongando el descenso de casi un 5% registrado la víspera, que fue la primera sesión bajista desde el debut. Con todo, SpaceX acumula una revalorización de en torno al 35% respecto a su precio de salida de 135 dólares en apenas cinco sesiones.
Esta volatilidad era, en cierto modo, esperable. Según Michael Monaghan, socio y gestor de carteras de Founder Funds, la clave está en la brecha entre las expectativas y la hoja de ruta para cumplirlas. "Nos sentimos muy cómodos con esta acción porque podíamos ver 200.000 millones de dólares en ingresos para 2030", señala, aunque añade que, "literalmente y en sentido figurado, necesitas un cohete para llegar a esos ingresos".
En la misma línea, Andrew Beale, analista de Arete Research, ha iniciado una cobertura sobre el valor con recomendación de compra y un precio objetivo de 401 dólares —más del doble de la cotización actual— pero advierte que el camino no será sencillo. "El espacio es difícil y los plazos pueden retrasarse por anomalías en los lanzamientos, desafíos técnicos o preocupaciones medioambientales", indica, insistiendo en que "todas las estimaciones deben tratarse con un amplio margen de cautela".
No obstante, hay un factor estructural que podría actuar como colchón para las acciones en las próximas semanas. Gracias a las nuevas normas del Nasdaq en vigor desde el 1 de mayo de 2026, SpaceX puede ser incluida en el Nasdaq 100 en apenas 15 sesiones desde su debut del 12 de junio. FTSE Russell y MSCI han adoptado cambios similares para facilitar la entrada anticipada de grandes IPOs en sus índices.
En conclusión, parte de la volatilidad observada puede atribuirse a que solo alrededor del 4,2% del total de acciones estaba disponible para negociar el primer día, lo que amplifica tanto los movimientos al alza como a la baja. A medida que la euforia del debut da paso a la realidad del mercado, SpaceX afronta la prueba que toda gran empresa recién cotizada debe superar: convencer a los inversores de que la historia vale el precio que pagan hoy.
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