




















La brecha entre asalariados y autónomos lejos de estrecharse se expande. No solo los primeros alcanzan pensiones de jubilación más altas que los segundos y tienen acceso directo al paro frente al escenario kafkiano al que deben enfrentarse los trabajadores por cuenta propia que solicitan el cese de actividad. Además, la mayoría de quienes eligen, o se ven empujados, a ser su propio jefe ganan menos que cualquier empleado que cobre el salario mínimo.
Según los datos derivados del último proceso de regularización de cuotas llevado a cabo por la Seguridad Social, el 63,7% de los autónomos registra rendimientos netos anuales inferiores a 17.094 euros, la cuantía del SMI fijada para 2026 tras la subida del 3,1% aprobada por el Gobierno.
Traducido a términos mensuales, más de 2,2 millones de profesionales facturan por debajo de 1.400 euros al mes, una cifra similar al SMI mensual de 1.424 euros que percibe cualquier asalariado a jornada completa. La comparación resulta especialmente llamativa si se tiene en cuenta que el trabajador por cuenta ajena cuenta, además, con protecciones laborales, cotizaciones garantizadas y, en muchos casos, pagas extraordinarias. El autónomo, no.
La radiografía se hace todavía más inquietante en los tramos inferiores. Casi 800.000 autónomos declararon rendimientos netos por debajo de los 8.040 euros anuales mientras que más de un millón no superó los 10.800 euros. En el extremo opuesto, solo alrededor de un tercio del colectivo, poco más de un millón de personas, superó el salario medio español.
Estos datos, procedentes de la regularización anual con la que la Seguridad Social ajusta las cotizaciones de los trabajadores independientes según sus ingresos reales revelan que la situación tiende a empeorar con cada nueva subida del SMI. Las sucesivas alzas del salario mínimo ejecutadas por el Ejecutivo han ido ensanchando año tras año la brecha entre lo que cobra un autónomo medio y lo que percibe un trabajador con el sueldo más bajo del convenio.
Parte de estas cifras se explican por la heterogeneidad en la que se mueve el colectivo. Una parte significativa solo están dados de alta durante unos meses al año, especialmente en sectores con marcada estacionalidad como el turismo, la hostelería, el comercio o el transporte. Esto hace que sus rendimientos anuales sean más bajos.
Hay también quienes se dan de alta para probar un nuevo proyecto. Si el negocio no prospera, causan baja en pocos meses; sus ingresos, vistos en el cómputo anual, parecen exiguos aunque la realidad es una actividad que no llegó a consolidarse.
En el centro de la foto, toma relevanci un contingente de unos 270.000 autónomos en situación de pluractividad durante el pasado año, según estimaciones de ATA. Hablamos de profesionales que compatibilizan su actividad por cuenta propia con otro empleo asalariado porque ninguna de las dos ocupaciones les genera ingresos suficientes por sí sola.
El proceso de regularización puesto en marcha por la Seguridad Social permite devolver o reclamar diferencias entre lo cotizado y lo que correspondía según los ingresos reales. Este sistema muestra asimismo la realidad del colectivo.
Del total de autónomos dados de alta en algún momento de 2023, la mitad tuvo que someterse a ajustes: un 25% había cotizado por debajo de su tramo real, mientras que un 27% había pagado en exceso. Los que habían sobrecontribuido recibirán la devolución automáticamente antes del 30 de abril.
Para más de dos millones de autónomos no fue necesario ningún ajuste. De ellos, 1,3 millones habían cotizado dentro del tramo que les correspondía, y otros 800.000 se encontraban en situaciones no regularizables, como la tarifa plana, subsidios o pensiones. Además, 324.000 no presentaron declaración de rendimientos por diversas causas.
Los datos definitivos de la última regularización se conocerán en junio y, según las estimaciones del sector, previsiblemente confirmarán que la proporción de autónomos con ingresos por debajo del SMI ha seguido creciendo.
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