

























Microsoft cumple, pero no enamora.
La compañía anunciaba al cierre del mercado este miércoles que obtiene unos ingresos en el tercer trimestre fiscal de 82.900 millones de dólares. La cifra es un 18% superior por lo que ha superado las expectativas iniciales del consenso de analistas. Este impulso se explica, en gran parte, por el buen desempeño de Azure que registra un aumento de ingresos del 39% confirmando así que se ha convertido en el eje de su crecimiento y en la base de su modelo de negocio actual.
"Nos centramos en ofrecer infraestructura y soluciones en la nube y en IA que permitan a cada empresa evaluar al máximo sus resultados en la era de la computación agente", ha dicho Satya Nadella, presidente y consejero delegado de Microsoft.
Sin embargo, el hecho de que la cifra supere por poco la estimación promedio de los analistas, ha vuelto a desatar las dudas sobre su capacidad de aprovechar la demanda de servicios de IA.
A diferencia de sus productos tradicionales, Azure le permite generar ingresos recurrentes a través de servicios en la nube que utilizan empresas de todo el mundo, desde almacenamiento hasta inteligencia artificial. Además, es la infraestructura sobre la que Microsoft desarrolla y ofrece sus soluciones más avanzadas, lo que le permite competir directamente con gigantes como Amazon y Google, asegurando así su relevancia en el futuro del sector tecnológico.
Los gastos de capital, considerados un indicador del gasto en centros de datos, ascendieron a 31.900 millones de dólares en el trimestre, inferior a la estimación media de los analistas, que se sitúa en 35.300 millones de dólares. No obstante, para compensar estos gastos, Microsoft habría ofrecido indemnizaciones voluntarias a cerca del 7% de su plantilla en Estados Unidos.
En el ecosistema actual de la inteligencia artificial, la relación entre Microsoft y OpenAI ilustra una de las alianzas más influyentes y, a la vez tensas, de la industria tecnológica. Lo que comenzó como una colaboración estratégica ha evolucionado hacia una convivencia compleja entre socios que, en muchos ámbitos, ya compiten directamente.
Microsoft fue uno de los primeros grandes apoyos de OpenAI, invirtiendo miles de millones de dólares e integrando sus modelos en productos clave como Azure y Microsoft 365 Copilot. Sin embargo, con el crecimiento explosivo de la IA generativa, la frontera entre socio y rival se ha difuminado.
Microsoft ha reordenado sus estrategias para responder a la presión de nuevos actores y al avance acelerado de modelos fundacionales reforzando su propia capacidad interna de desarrollo de modelos y diversificando su dependencia de OpenAI, mientras continúa integrando sus tecnologías en productos comerciales.
El hecho de que gran parte de los contratos firmados por Microsoft procedieran de una sola empresa, OpenAI, atemorizaba a los inversores. Según los datos, a finales de diciembre, la startup representaba el 45% de la cartera de pedidos de Microsoft, que ascendía a 625.000 millones de dólares. Sin embargo, Microsoft y OpenAI revisaban esta semana su acuerdo de 13.000 millones de dólares. Ya no tendrá acceso exclusivo a los modelos de OpenAI ni tendrá que realizar pagos de reparto de ingresos.
Las acciones del gigante del software vienen de su peor trimestre desde 2008, lo que las convierte en las de peor desempeño entre las siete empresas más valiosas del S&P 500. En enero tras un decepcionante crecimiento de los ingresos las acciones de Microsoft sufrieron un descenso del 10% que eliminó 357 mil millones de dólares en valor. Un tropiezo que supuso la segunda mayor caída en una sola sesión en la historia del mercado de valores.
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