






















Hay dos modos de acercarse a la inteligencia artificial (IA) desde la perspectiva corporativa. La primera, la más transversal, engloba a organizaciones que, sin estar consagradas en cuerpo y alma a esta única tecnología, la incorporan como parte de su portfolio. La segunda, más ortodoxa, incluye a esas startups -muchas de ellas ya unicornios- cuya apuesta pasa por desarrollar grandes modelos de lenguaje (LLMs) capaces de servir de base a cientos de empresas que a su vez implementan sobre ellos capas personalizadas para un sinfín de sectores (banca, legal, finanzas, salud, transporte, energía). En ambos casos se produce un fenómeno similar: el tinte del liderazgo apunta en una única dirección.
Especifiquemos. Bajo el prisma del ángulo inicial, esta es la planta alta de las compañías estadounidenses tecnológicas con tentáculos en la IA aunque la IA no sea la única rama del negocio. Entre paréntesis se cita al CEO de cada una de ellas:
Si el radar se orienta hacia el segundo grupo, el de esas firmas que vocacionalmente se aproximan más al monocultivo del algoritmo que todo lo sabe, surge este otro listado:
Los lectores más agudos se habrán dado cuenta de lo que pasa. De entre las 20 compañías citadas, unas poderosísimas y otras con opciones de serlo, solamente una está dirigida por una mujer, Mira Murati, de origen albanés, estrechamente conectada a OpenAI entre 2018 y 2024, donde llegó a sustituir como lideresa interina a Altman tras su abrupto despido (después volvería triunfal), y desde febrero de 2025 al frente de Thinking Machines Lab, cuya aproximación a este mercado tan pujante es algo diferente a la libreta de juego de los actores más acaudalados.
La premisa es la colaboración humano-máquina. En lugar de entrenar a ciegas a la IA, los expertos pueden corregir respuestas en tiempo real; etiquetar casos problemáticos; ajustar tono, estilo y nivel técnico, o introducir reglas y códigos específicos del negocio donde se despliega el modelo. La startup con sede en San Francisco levantó en junio de 2025 una ronda de 2.000 millones de dólares en la que participaron, entre otros, Accel, Andreessen Horowitz, Cisco y Nvidia.
Aunque Murati acumule cierto poder por su trayectoria, el vertical donde opera, la ciudad desde la que trabaja y la propuesta de valor que se trae entre manos, su presencia simboliza un verso suelto en un mundo dominado, como ocurría con los criptobros, por hombres. Se trata, sin duda, de un inmenso círculo vicioso donde revolotean multitud de factores. Uno, bien conocido, es la menor presencia femenina en la rama educativa STEM (ciencias, tecnologías varias, ingenierías y matemáticas).
Esta brecha es especialmente notoria cuando se trata de perfiles profesionales en boga como los científicos de datos o los genios del machine learning, pero también se percibe desde el prisma más generalista de los meros ingenieros informáticos. El acceso al venture capital es menor entre ellas, la cultura empresarial sigue incurriendo (incluso en EEUU) en el prejuicio de la difícil compatibilidad entre la figura de la madre y la de la consejera delegada, los emprendedores en serie suelen ser varones y toda este guirigay de ingredientes impide a la población femenina contar con suficientes referentes.
Curioso en el mejor de los sentidos es el caso de España, que cuenta desde hace años con toda una directiva de Google, la sevillana Pilar Manchón, como pieza clave de la estrategia de investigación en IA dentro de Google Research / Google AI. Desde EEUU opera Rebeca Minguela, CEO de Clarity AI, una compañía fundada en Madrid pero con sede fiscal en Nueva York, especializada en el análisis de sostenibilidad y que ha sido capaz de levantar desde su fundación en 2017 unos 95 millones de euros.
Natural de Segovia y con apenas 30 años, María González Manso lidera Tucuvi, la empresa detrás de Lola, un agente de agentes de IA que ya trabaja para el 10% de los hospitales del país y facilita citas y seguimientos de pacientes. La startup anunció en enero una ronda de 17 millones.
E igualmente despuntan éxitos como los de María Cayuela (BioSmartData), Natalia Rodríguez (Saturno Labs) y Raquel Valero (PlayFilm). Si se trata de inspirar a otras, el ecosistema español planta poco a poco una fructífera semilla.
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