


























Kevin Warsh toma posesión este viernes como presidente de la Reserva Federal con un problema que cambia el tablero por completo: el boom de la inteligencia artificial (IA), que lejos de aliviar la presión inflacionaria como él había prometido, la está agravando.
En una tribuna en The Wall Street Journal en noviembre pasado, Warsh criticó a la Fed por no tener en cuenta las ganancias de productividad impulsadas por la IA, importante fuerza desinflacionaria que facilitaría recortar tipos. El mercado de bonos, sin embargo, está enviando un mensaje diferente.
Para entender el problema de Warsh hay que mirar un indicador que el mercado de bonos usa como brújula, el tipo real a cinco años. Lo que ese indicador dice hoy es que, para que la política monetaria no esté ni estimulando ni frenando la economía, el tipo de interés de la Fed debería estar aproximadamente dos puntos porcentuales por encima de la inflación. Con la inflación donde está ahora y el tipo de la Fed en el 3,6%, la política monetaria sigue siendo expansiva.
Por qué la IA empuja los tipos al alza
Hay dos mecanismos centrales por los que la IA está presionando al alza los tipos de interés. El primero es la inversión masiva en infraestructura, gastar más de 700.000 millones de dólares este año en centros de datos, hardware y redes eléctricas. Esa demanda de capital compite con el resto de la economía.
El segundo es la llamada chipflation: la demanda global de semiconductores ha disparado los precios de software y accesorios informáticos en EEUU, que subieron un 14% en abril respecto al año anterior, según datos del Gobierno estadounidense. Analistas de BlackRock muestran cómo el precio de los chips DRAM se ha multiplicado por 17 en el último año. Microsoft y Meta ya han subido precios en algunos de sus productos como consecuencia.
La deuda tecnológica inunda el mercado de bonos
Pero la presión también viene de Microsoft, Amazon, Alphabet y otras grandes tecnológicas, que han conseguido ya más de 300.000 millones de dólares en deuda de inversores estadounidenses para financiar sus planes de inversión en IA. La Fed de Dallas estima que el impacto de mercado de esa emisión equivale aproximadamente a lo que ocurriría si la oferta de bonos del Tesoro a largo plazo aumentara más de un 10%.
El contexto que agrava todo: Irán y el petróleo
Asimismo, la guerra con Irán y repunte del petróleo enviaron el índice de precios al consumo al 3,8% en abril en términos anuales, el mayor salto desde 2023, según datos del Gobierno. El problema de Warsh, entonces, no es sólo estructural. El rendimiento del bono del Tesoro a 30 años ha tocado máximos no vistos desde 2007 y los mercados de futuros ya especulan con la posibilidad de que la Fed se vea forzada a subir tipos antes de diciembre.
La Fed interna también frena a Warsh
Sus propios colegas en la Fed le han advertido en contra de asumir que la IA conducirá automáticamente a tipos más bajos. El vicepresidente Philip Jefferson y el gobernador Michael Barr han argumentado públicamente que la propia inversión empresarial necesaria para ampliar la tecnología puede elevar el tipo neutro al aumentar la demanda de capital, que es exactamente lo que el mercado está midiendo ahora.
Además, UBS anticipó en un informe a clientes recogido por Bloomberg que Warsh argumentará que subir tipos ahora frenaría precisamente la inversión en IA que podría generar la desinflación futura. "Esperamos que defienda que lo último que haría una buena política es frenar la inversión de hoy que podría representar la desinflación de mañana", explicaba.
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