

























¿Y si la IA no va a transformar la humanidad por completo, sino que es simplemente algo bastante normal? Sam Altman, Jensen Huang y el papa León dan motivos para el optimismo a Katie Notopoulos, redactora de Business Insider.
Puede que la IA no vaya a arruinarlo todo, ¡ni a arreglarlo todo!
Personas tan distintas como el papa, Sam Altman y Jensen Huang han generado cierta esperanza en los últimos días: quizá sea posible encontrar un término medio en el que la IA no extermine a nadie, ni se convierta en un sustituto de la vida real.
No se deja de oír que la IA va a cambiarlo todo: que va a transformar completamente todo lo que se sabe sobre los empleos, sobre la economía, sobre la vida en sí misma.
Parte de esto tiene tintes de fantasía, como la predicción de Elon Musk de que no habrá que preocuparse por la jubilación —ni por trabajar, si no se quiere— porque la IA será tan productiva que todos disfrutarán de una renta básica universal. (Eso parece ambicioso incluso para alguien que aspira a una colonia en Marte.)
Otra parte pertenece al catastrofismo: quienes creen que la IA general borrará a la humanidad del mapa.
Y existe una creciente corriente de rechazo comprensible hacia la IA, como los universitarios que abuchean a los ponentes en sus actos de graduación cuando empiezan a hablar de la IA y del futuro. (Al fin y al cabo, si va a quitarles todos los empleos…)
Siempre ha existido un terreno intermedio razonable. Puede que lleve tiempo encontrarlo. Pero Notopoulos percibe un cambio: cada vez más personas con mucha influencia hablan de la IA de un modo que es… razonable.
(Por supuesto, siempre resulta tentador creer que uno mismo está en ese punto de equilibrio perfecto que nadie más ha encontrado. La autora reconoce llevar defendiendo esa posición un tiempo.)
Pensemos en el papa: el papa León XIV acaba de publicar una extensa declaración, llamada encíclica, sobre la IA. El documento aborda muchos temas, como la regulación de la tecnología y los empleos que podrían perderse.
Sin embargo, lo más revelador puede ser su título: "Magnifica humanitas: sobre la salvaguarda de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial".
Asegurarse de tener en cuenta a personas reales y de carne y hueso parece bastante razonable.
Mientras tanto, el consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, también tiene algunas predicciones de lo más sensatas sobre los efectos inmediatos de la IA.
Huang ha dicho que los padres no deberían angustiarse por las carreras universitarias que eligen sus hijos. No importa si tienen que ver con la IA, asegura. Estudiad lo que queráis. De nuevo: ¡razonable!
Y, en una entrevista con ChannelNewsAsia esta semana, Huang tachó de "vagos" a los directivos ejecutivos que ya culpan a la IA de los despidos. "La IA acaba de llegar. ¿Cómo es posible que ya estén perdiendo empleos?"
En esencia, Huang siempre ha visto la IA como una herramienta tecnológica, no como algo que va a reconfigurar la humanidad o a asesinarnos a todos. Lo cual es, claro está, una creencia muy conveniente si eres el tipo que vende los chips para los robots asesinos, pero que también es, sencillamente, razonable.
E incluso Sam Altman, que tiende a hacer declaraciones muy fantasiosas sobre el futuro —ya sea por convicción genuina o por una habilidad mercadotécnica muy astuta, quién sabe—, acaba de decir algo bastante razonable.
En un evento organizado por un banco en Australia, Altman reconoció que se había equivocado en sus predicciones sobre una extinción masiva del empleo de cuello blanco que, según él, ya debería haber ocurrido. "Me alegra haberme equivocado en eso", dijo.
Notopoulos apunta que es igualmente razonable reconocer que unas expectativas tan disparatadas resultaran ser erróneas.
Hablando de empleo, hay un indicio reciente de que la moda de evaluar el rendimiento de los trabajadores tecnológicos en función de su consumo de tokens puede que no sea la mejor métrica. El COO de Uber dijo en una entrevista en formato pódcast que era difícil justificar el tokenmaxxing, y que el vínculo entre un consumo masivo de tokens y el lanzamiento efectivo de funciones para el consumidor aún no estaba claro.
¿Entramos en una nueva era en la que la gente no enloquece absolutamente con la IA? ¡Para nada!
Hay demasiado en juego en todos los frentes y demasiada pasión (humana).
Pero lo que Notopoulos detecta es que, al menos, algunas personas en posiciones de poder están empezando a decir cosas algo más mesuradas y normales sobre la IA. Podría incluso llamárselas razonables. Y, francamente, es todo lo que se puede esperar.
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