



























El que se mueva no sale en la foto. Mientras los banqueros en Wall Street aún estaban dando los últimos retoques a la exitosa emisión de bonos de Alphabet por valor de 17.000 millones de dólares, corrió la voz en el parqué: la compañía ya estaba ofreciendo más deuda.
Esta vez, la operación se realizó en yenes. Los ejecutivos de Alphabet se quedaron despiertos toda la noche para reunirse con los inversores de Tokio y presentarles el acuerdo. La semana anterior, la operación se había realizado en euros y dólares canadienses, y unos meses antes, en dólares, libras esterlinas y francos suizos . En total, habrá recaudado cerca de 60.000 millones de dólares cuando se finalice la venta en yenes, un periodo de cuatro meses que se sitúa entre los mayores endeudamientos corporativos de la historia.
La carrera por financiar la inteligencia artificial está entrando en una nueva dimensión, y la matriz de Google acaba de dejar claro quién manda aquí. Tanto la magnitud de la captación de fondos, cuatro veces la cantidad de bonos que Alphabet había vendido en sus primeros 26 años de actividad, como el enfoque global que adoptó para llevarla a cabo han colocado al gigante tecnológico a la vanguardia de la carrera por financiar el desarrollo de la inteligencia artificial, cuyo coste se estima en casi 5 billones de dólares para finales de 2030.
El mensaje para Wall Street fue inmediato: la IA ya no es solo una apuesta tecnológica, es una guerra global de capital.
Los banqueros de Wall Street afirman a Bloomberg que, uno a uno, seguirán el ejemplo de la compañía californiana y recurrirán a los mercados extranjeros. Tras el movimiento, está el hecho de que ya que no pueden depender únicamente de Estados Unidos para financiar este tipo de ambiciones, al menos no sin una demanda abrumadora que dispararía los costos de financiación.
Y, los expertos ya observan algunos indicios de tensión. En total, las empresas tecnológicas ya han vendido más de 300.000 millones de dólares en deuda a inversores estadounidenses para financiar el gasto en IA. Por lo que, depender únicamente de Wall Street empieza a resultar insuficiente, y demasiado caro, de sostener.
“La necesidad de liquidez es tan enorme que tienen que acudir a todas las fuentes posibles”, explica a Bloomberg Nanda Kamat, directiva de Royal Bank of Canada, entidad que participó en la histórica emisión de bonos de Alphabet en Canadá.
Por otra parte, la advertencia que se maneja en las salas de negociación es que esta apuesta podría ser un problema para el ecosistema global. Si gigantes como Alphabet, Microsoft o Amazon empiezan a absorber miles de millones en financiación internacional, empresas locales que dependen históricamente de esos mismos mercados para financiarse se verían desplazadas.
Por ahora, sin embargo, el dinero sigue fluyendo. Y en la nueva economía de la inteligencia artificial, parece que la verdadera batalla ya no se libra solo en los laboratorios tecnológicos, sino también en los mercados de deuda globales.
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