





















A su redimensionada manera, España se parece aunque sea un poco a EEUU en lo que a empresas tecnológicas se refiere. Amazon, Meta, Microsoft, Oracle o Intel, por citar varias, han sido organizaciones abonadas a la fórmula de los despidos masivos acogiéndose, en síntesis, a dos causas principales: el engorde excesivo de las plantillas durante la pandemia y el zarpazo de la IA. Lo primero tiene sentido: se trata de empresas con un fuerte ADN digital y la limitación de movimientos causada por el covid invitaba a hacerlo todo desde el ordenador. Lo segundo también, aunque muchos expertos adviertan que se trata en realidad de una excusa: desembarcan huestes y huestes de agentes autónomos que permiten a un profesional suficientemente hábil sacar adelante las tareas de todo un equipo.
La semana pasada se anunciaron en el ecosistema doméstico, lejos de los billones de Silicon Valley, dos expedientes de regulación de empleo (ERE). Uno afecta a Magnific, antes conocida como Freepik, y el otro a Bit2Me. Se trata, en cualquier caso, de tijeretazos diferentes en tamaño y argumentos. Si Magnific contempla prescindir de 111 trabajadores, Bit2Me despedirá a unos 25. La compañía malagueña funciona como una especie de agregador de herramientas de IA y trabaja con casi todos los modelos punteros del mercado siempre con el diseño gráfico en mente; la alicantina es una plataforma que opera con más de 400 criptomonedas y sufre en sus propias carnes la regulación que ha puesto bozal a un tablero antes más salvaje, imprevisible y, con suficiente suerte, lucrativo.
Especialmente relevante es el caso de Magnific por lo que representa la firma: ni más ni menos que la posibilidad de competir contra rivales venidos de EEUU, con más presupuesto, desde el corazón de Málaga, una ciudad que lleva décadas posicionándose como referente tecnológico, aunque varias ciudades la superen en número de startups (unas claramente, como Madrid, Barcelona y Valencia; otras por menor margen, como Bilbao, Zaragoza y San Sebastián).
En la Costa del Sol, Magnific/Freepik no tiene parangón: ninguna otra scaleup declara unos ingresos anuales recurrentes de 200 millones de euros. Forma, junto a un reducidísimo número de empresas (CoverManager, Universal DX, Smartick, Genially, Kampaoh), la élite del emprendimiento digital andaluz. Hasta ahora, la directiva se remite a un escueto comunicado donde se subraya que el proceso del ERE está vivo y no se harán declaraciones adicionales por respeto a los posibles afectados. Entre las causas del expediente pesa sobre todo una, compartida con las big tech americanas: la IA propulsa, pero también lastima, y en ese proceso suele haber un ajuste.
Además, desde mayo de 2020, la sueca EQT es propietaria del 52% del capital. Por esa cuota pagó 250 millones y hace meses se filtró a los medios que la intención de vender está ahí, sobre todo a tenor de la buena facturación de Magnific, cuyo valor de mercado podría alcanzar en esa futura operación los 1.000 millones, convirtiéndose así en el primer unicornio forjado en Andalucía. Para que ese exit genere el múltiplo deseado, sin embargo, siempre es necesaria una depuración de costes y un culto muy enfático a la eficiencia. El comprador futuro ha de estar convencido de dónde se mete.
Desde noviembre de 2008 dirige Manuel Heredia BeSoccer, otro puntal de la nueva economía malagueña. En noviembre de 2024, el 100% de la startup se vendió por una cifra nunca oficializada (entre 50 y 100 millones, apuntan diversas fuentes) a la checa Livesport, aunque el equipo se mantiene en la ciudad donde el proyecto nació. Buen conocido de Joaquín Cuenca, CEO de Magnific, Heredia ha sido de los pocos emprendedores dispuestos a lanzar una opinión más meditada sobre lo que significa el ERE.
“Freepik pasó de 160 a 620 empleados en aproximadamente seis años. Sin embargo, podría pasar de 620 a 339 en menos de tres años. Pero hay una reflexión que me parece incluso más importante que la reducción de empleo. Málaga ha aprendido a crear empresas tecnológicas. Ahora tiene que aprender a conservar el valor que generan”, escribe en su cuenta de LinkedIn. “Durante años, Freepik fue capaz de exportar talento desde Málaga al mundo. El valor se creaba aquí, con equipos aquí, y una parte muy importante de la riqueza generada terminaba repercutiendo directamente en la ciudad a través de salarios, consumo, conocimiento y actividad económica. En la economía de la inteligencia artificial no siempre quien factura es quien captura la mayor parte del valor. Una parte creciente de la cadena depende de modelos, infraestructuras de computación y proveedores tecnológicos globales que están fuera de España y fuera de Europa”.
Ahí está el quid de la cuestión. Donde antes la expansión se apalancaba mayoritariamente en talento local, ahora se liga crecientemente al acceso y uso de modelos de IA diseñados en EEUU. Por otra parte, la automatización de labores deja mella, y el manager unipersonal es una figura que ha venido para quedarse en esta y otras empresas. Más allá del empleo, el problema está en la dependencia. Sin soberanía tecnológica (uno de los conceptos predilectos en Bruselas), siempre puede volver a ocurrir lo de Anthropic, Mythos y el Gobierno estadounidense impidiendo que los modelos más potentes de IA sean usados por extranjeros. Y el veto alguna vez podría afectar a industrias en apariencia tan neutrales como el diseño gráfico y la creación de contenidos.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。