
















En 2026 en España, más de 3 millones de personas trabajan a tiempo parcial, cifra récord que supone el 14% de la población ocupada. Se trata de un modelo de jornada que puede ayudar a conciliar o mantenerse en el mercado laboral. Pero esa decisión tiene una consecuencia directa a largo plazo en forma de una pensión de jubilación más baja.
Las reformas recientes han suavizado parte del impacto, pero no lo han eliminado. La clave sigue estando en cuánto se cotiza, no solo en cuánto tiempo se trabaja.
Es decir, que aunque en 2023 se equiparó el cómputo de días cotizados (un día parcial cuenta como uno completo para acceder a la prestación), la cuantía final sigue dependiendo de las bases de cotización reales, que son proporcionalmente menores. Así, un contrato al 50% puede recortar la pensión hasta en un 50% frente a una jornada completa equivalente, aunque existen fórmulas para mitigar esa pérdida.
La pensión de jubilación se basa en dos pilares. Uno es el tiempo cotizado y el otro la base reguladora, que se obtiene del promedio de las bases de cotización de los últimos 25 años (dividido por 350 meses). Desde 2023, el tiempo parcial se cuenta íntegramente para cumplir los 15 años mínimos que dan derecho al 50% de la base reguladora, y se incrementa hasta el 100% con 36 años y seis meses cotizados.
Sin embargo, la "trampa" está en las cotizaciones. Si se trabaja al 50% de jornada, el salario y base de cotización también se reducen a la mitad, lo que arrastra a la baja la base reguladora.
Por ejemplo, alguien con 20 años a media jornada, cotizará como 20 años completos para el acceso, pero su pensión media podría ser un 30-50% inferior a la de un compañero a tiempo completo con el mismo tiempo cotizado.
El recorte depende de la duración y el porcentaje de reducción. Según la normativa de la Seguridad Social (artículo 209 LGSS) una jornada al 75% durante 10 años reduce la pensión en torno a un 20-25% frente al 100%, asumiendo salarios similares. Si toda la carrera es parcial —común en mujeres por cuidados familiares—, la merma puede superar el 40%, agravada por el tope de cotización máxima.
El trabajo a tiempo parcial tiene una fuerte dimensión de género. Como refleja que hoy en España, el 73% de los ocupados a tiempo parcial sean mujeres. Tres de cada cuatro trabajadores a tiempo parcial son mujeres.
Esto explica a su vez por qué de media ellas cobran un 30% menos de pensión media de jubilación respecto a los hombres.
Si bien el impacto no se puede eliminar por completo, sí existen estrategias para reducirlo.
La más evidente es aumentar la base de cotización en los últimos años de vida laboral, ya sea pasando a jornada completa o mejorando el salario. Dado que el cálculo se centra, por lo general, en los últimos 25 años, este ajuste puede tener un efecto relevante.
Otra opción es prolongar la vida laboral. Trabajar más años permite incrementar el porcentaje aplicable a la base reguladora, acercándose al 100% de la pensión. Asimismo,Seguridad Social ofrece distintas fórmulas que retrasan la salida del mercado laboral a cambio de incentivos en las pensiones.
Otra vía es el convenio especial con la Seguridad Social, que cubre la diferencia entre la cotización real y la de jornada completa por una prima mensual (alrededor del 25-30% de la base máxima).
Además, los planes privados de pensiones ayudan a complementar. Asimismo el complemento por brecha de género supone una prestación contributiva por hijo, de 35,90 euros mensuales por descendiente.
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