


























Creado en 2009 por los líderes del G-20 para evitar otra crisis como la de las hipotecas subprime, el Consejo de Estabilidad Financiera (CEF o FSB por sus siglas en inglés) es algo así como el 'pepito grillo' del sistema, la voz que le cuestiona los fallos y le advierte sobre lo que puede pasar. Y como no podía ser menos se ha puesto a analizar la inteligencia artificial (IA) desde su prisma de dinero y riesgo.
En su informe "Vulnerabilidades en el crédito privado", la IA juega un papel protagonista. Se trata de un diagnóstico demoledor sobre un mercado global de entre 1,5 y 2 billones de dólares que financia cada vez más la fiebre inversora en inteligencia artificial. Pero el FSB no juzga todo ese capital, sino el proveniente del crédito privado y que está apalancado en activos difíciles de valorar, que ya absorbe una de cada tres operaciones o hasta 800.000 millones.
En pleno auge y eugoria con la IA, el organismo que coordina la estabilidad financiera del G20 advierte sin rodeos de que el sector "permanece sin probar en una recesión económica prolongada" y que, dado su actual tamaño y concentración, "una recesión severa podría exponer este conjunto de vulnerabilidades potenciales".
Los números que maneja el FSB dan vertigo. Citando estimaciones encargadas al banco de inversión Morgan Stanley, el organismo señala que "la inversión en infraestructuras de IA entre 2025 y 2028 se proyecta en 2,9 billones de dólares, de los cuales 1,5 billones se financiarían con capital externo, incluyendo 800.000 millones procedentes del crédito privado". Otras estimaciones, esta vez de la consultora McKinsey y también recogidas en el informe, elevan las necesidades a "5,2 billones de inversión en capital para 2030".
Lo que realmente alarma al supervisor es la velocidad y la concentración de toda esa inversión. De la nada al todo en cuestión de unos pocos años. Según datos de la OCDE citados por el FSB, "la cuota del sector de IA en las operaciones de crédito privado alcanzó el 34% en 2025, frente a una media del 17% durante los cinco años anteriores”. En solo 12 meses, el peso de la IA dentro de las carteras de crédito privado se ha duplicado, según el informe.
El propio FSB explica el atractivo financiero del fenómeno. La financiación apalancada "está especialmente adaptada a la complejidad de financiar centros de datos", ya que “permite a los desarrolladores obtener fondos apalancando flujos de caja previsibles y estables, como contratos de arrendamiento a largo plazo con inquilinos altamente solventes".
La referencia velada a los hiperescaladores (Amazon, Microsoft, Meta o Google) que firman contratos de arrendamiento a largo plazo han convertido los centros de datos en activos atractivos para fondos de deuda privada que buscan coinvertir con ellos. Al cierre del primer trimestre, esos cuatro gigantes han comprometido una inversión (CapEx) de 725.000 millones de dólares para el conjunto de 2026, el grueso de esa cifra destinada a infraestructura IA.
La estructura de financiación con crédito tiene además otra ventaja decisiva para las grandes tecnológicas: les permite ampliar capacidad sin cargar deuda directamente en balance. Como resume el informe, este modelo facilita el acceso a infraestructuras críticas "sin impactar significativamente sus balances", mientras los inversores en deuda obtienen rentabilidades superiores a lo habitual.
Pero hay riesgos en el horizonte. "A medida que crece la demanda de infraestructura de computación de alto rendimiento como los centros de datos, los flujos de caja internos de las empresas tecnológicas están demostrando ser insuficientes para satisfacer los sustanciales requerimientos de capital", apunta el informe del FSB.
El problema aparece si las expectativas sobre la IA empiezan a enfriarse. El informe advierte de que las valoraciones de los activos vinculados a IA “han aumentado rápidamente” y que una corrección abrupta “podría generar pérdidas crediticias considerables para los inversores en crédito privado”.
El FSB identifica tres detonantes principales: cuellos de botella energéticos que paralicen proyectos, sobrecapacidad si la oferta de centros de datos crece más rápido que la demanda real y un deterioro macroeconómico general que contraiga el valor de las inversiones.
"Algunos comentaristas expresan preocupación por la concentración, particularmente en tecnología y por su exposición a escenarios de pinchazo o disrupción de la IA", recoge el documento. La referencia no es casual. El Banco de Inglaterra, citado en el informe, ya estudió en octubre de 2025 hasta qué punto una caída de las valoraciones vinculadas a IA podría afectar a la estabilidad financiera.
Tecnología, servicios y salud aparecen como los sectores con mayor concentración de prestatarios dentro del crédito privado. El FSB alerta de que "una especialización aguda puede aumentar la exposición a shocks específicos de una región o industria". Y hay señales de tensión previas, como ha sucedido en el sector del software. La insinuación es clara: el mercado podría estar viendo un anticipo de lo que ocurriría si el entusiasmo alrededor de la IA se desinfla.
El regulador también pone el foco en las valoraciones. Los activos de crédito privado “se valoran con menor frecuencia y pueden implicar un grado significativo de discrecionalidad”, algo que “puede amplificar la incertidumbre en momentos de estrés”.
Y ahí se centra la advertencia del informe del FSB: el sistema financiero global está financiando la expansión de la IA mediante una red de deuda privada opaca, ilíquida y altamente concentrada en pocos proyectos. Mientras las valoraciones suben, el modelo parece estable... ¿y si el ciclo gira? Porque, como repite varias veces el informe, el crédito privado su exposición creciente a la IA "no se ha puesto a prueba en una recesión económica prolongada".
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