






















La guerra entre Estados Unidos e Irán vuelve a sacudir a los mercados globales. El rechazo mutuo de las últimas propuestas de paz entre Washington y Teherán elevó la tensión geopolítica en Oriente Medio y reactivó el temor a una crisis energética prolongada, especialmente por el bloqueo del estrecho de Ormuz, una de las principales arterias del comercio mundial de petróleo.
La reacción de los mercados es negativa con las bolsas europeas a la baja y también en los futuros de Wall Street. El precio del crudo Brent ha llegado a subir un 4% durante la madrugada, hasta los 105 dólares por barril, reflejando la creciente preocupación de los inversores sobre posibles interrupciones sostenidas en el suministro global de petróleo.
El cierre de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del crudo mundial, amenaza provocar una crisis todavía mayor conforme los inventarios siguen cayendo en todo el mundo y los temores sobre el suministro trascienden a los precios. El banco de inversión Morgan Stanley cree que el mercado se encuentra ante una carrera contra el reloj que puede empeorar la situación aún más.
En Europa, los índices comienzan la semana en rojo con el español Ibex 35 por debajo de los 17.900 puntos, el Ftse británico recortando un 0,2%, el Cac francés cede 0,5% y el alemán Dax baja alrededor del 0,1%. Los bonos del Tesoro estadounidense sufrieron fuertes ventas y el rendimiento del bono a diez años subió cuatro puntos básicos, hasta el 4,4%, ante la expectativa de que la Reserva Federal mantenga los tipos de interés elevados durante más tiempo para contener las presiones inflacionistas.
El dólar también se fortaleció frente al resto de grandes divisas internacionales. La moneda estadounidense volvió a actuar como refugio seguro en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica y financiera. En cambio, el oro cayó un 1,2%, situándose en torno a los 4.650 dólares la onza. El descenso del metal precioso refleja que el mercado empieza a descontar un escenario de tipos altos persistentes, algo que suele perjudicar a los activos sin rentabilidad como el oro.
Sin embargo, la tensión en Oriente Medio no impidió que Asia viviera una nueva jornada de euforia bursátil vinculada a la inteligencia artificial. El índice MSCI Asia Pacífico avanzó un 0,5%, impulsado principalmente por las tecnológicas. Corea del Sur, convertida en uno de los grandes polos globales de inversión en IA gracias al peso de sus fabricantes de chips, subió un 4,5% y alcanzó máximos históricos.
Pero detrás de la aparente fortaleza de Wall Street empiezan a aparecer señales de fragilidad. Javier Molina, analista de eToro, advierte este lunes de que "el mercado sube… pero las grietas empiezan a aparecer". Según explica, el Nasdaq ha recuperado cerca de un 28% desde los mínimos de marzo y el S&P 500 acumula ya seis semanas consecutivas de subidas, pese al deterioro geopolítico y a la caída de la confianza del consumidor estadounidense a mínimos históricos.
"A simple vista, el mercado parece ignorarlo todo. Pero quizá la clave está precisamente ahí”, señala Molina. El experto considera que este rally bursátil no responde tanto a la fortaleza de la economía como a “una combinación mucho más compleja de liquidez, FOMO y persecución del momentum en torno a la inteligencia artificial”.
En la misma línea se pronuncia Juan J. Fernández-Figares, director de Link Gestión, que advierte de que la pasada semana fue “claramente de más a menos” en las bolsas europeas, mientras Wall Street volvió a mostrar una fortaleza muy superior. El analista considera que el conflicto en Oriente Medio seguirá marcando el ritmo de los mercados globales en los próximos días, especialmente después del “paso atrás” que supuso el rechazo estadounidense a la última contrapropuesta iraní.
Fernández-Figares señala que las posiciones siguen completamente enfrentadas, con el control del estrecho de Ormuz y el programa nuclear iraní como principales obstáculos para un acuerdo. Aunque espera que ambas partes mantengan abierta la vía diplomática, advierte de que el mantenimiento del cierre de Ormuz “amenaza con provocar una seria crisis energética a nivel global que sin duda terminaría penalizando el crecimiento económico mundial”.
En cuanto a la agenda, los inversores seguirán de cerca los datos de inflación de Estados Unidos y la Eurozona, así como las cifras de ventas minoristas estadounidenses, en un momento en el que el encarecimiento de la energía vuelve a complicar la labor de los bancos centrales. Tras los sólidos datos de empleo publicados en EEUU el pasado viernes, el mercado teme que la Reserva Federal priorice aún más la lucha contra la inflación y retrase cualquier eventual bajada de tipos.
Además, el viaje oficial de Trump a China a partir del jueves añade un nuevo foco de atención para los mercados. Sobre la mesa estarán cuestiones comerciales, tecnológicas y geopolíticas, incluida la guerra en Oriente Medio y la situación de Taiwán, en una visita que podría dejar titulares con capacidad para mover los mercados globales.
Aun así, el optimismo tecnológico no logra disipar del todo la preocupación geopolítica. Los futuros bursátiles en Europa y Wall Street permanecieron prácticamente planos, reflejando la cautela de unos inversores atrapados entre el entusiasmo por la revolución de la IA y el riesgo creciente de un nuevo shock energético global.
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