

























La carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética llenó la primera mitad de los años sesenta de hitos que marcaron para siempre la historia de la tecnología, y entre todos ellos hay uno que sigue sin tener réplica más de seis décadas después: el vuelo en solitario de una mujer alrededor de la Tierra. La protagonista fue Valentina Tereshkova, una joven de origen humilde que pasó de coser tejidos en una fábrica rusa a orbitar el planeta a bordo de la nave Vostok 6, y cuyo nombre quedó grabado en la historia de la astronáutica como la primera mujer en abandonar la atmósfera terrestre.
Nació el 6 de marzo de 1937 en una aldea de la región de Yaroslavl, en plena URSS de entreguerras, y su infancia tuvo poco que ver con cualquier currículum académico al uso. La familia era proletaria, los recursos escasos y Valentina no pisó una escuela hasta los ocho años. Apenas unos cursos después dejó las aulas para empezar a trabajar en una fábrica textil, una trayectoria que parecía marcarle un futuro bastante alejado de los cohetes y las cápsulas espaciales. Pero algo cambió cuando, siendo todavía una adolescente, descubrió por casualidad un deporte que en aquella zona empezaba a ganar adeptos: el paracaidismo.
Se apuntó al aeroclub local, hizo su primer salto a los 22 años y se convirtió en una paracaidista experimentada que sumaba cientos de descensos. Esa afición, sumada a su afiliación al Partido Comunista, fue justo lo que el programa Vostok estaba buscando cuando, a comienzos de los años sesenta, los responsables soviéticos decidieron que había llegado el momento de mandar a una mujer al espacio. Buscaban a alguien con buena forma física, capacidad de aguante, militancia política impecable y, sobre todo, experiencia en saltos en paracaídas, dado que el aterrizaje de las cápsulas Vostok obligaba a la cosmonauta a eyectarse en pleno vuelo y descender por su cuenta.
El despegue se produjo el 16 de junio de 1963 desde el cosmódromo de Baikonur, con Tereshkova como única tripulante de la nave y bajo el indicativo radiofónico de Chaika, que en ruso significa gaviota. Tenía 26 años. El vuelo se prolongó durante tres días, en los que la cápsula completó 48 órbitas alrededor del planeta y acumuló más de 70 horas en el espacio, una cifra que en ese momento superaba al cómputo total de todos los astronautas estadounidenses juntos. La hazaña, vista desde fuera, parecía perfecta. Vista desde dentro fue bastante más complicada.
La propia Tereshkova reconocería años más tarde que pasó buena parte del viaje con náuseas y dolores de cabeza intensos, sin que eso le impidiera mantener al día el diario de a bordo ni cumplir con cada una de las tareas asignadas. El imprevisto más grave, sin embargo, no tuvo que ver con su estado físico, sino con un fallo en la programación de la trayectoria de la nave que, de no haberse corregido, habría alejado al Vostok 6 de la órbita prevista impidiendo el regreso. Fue la propia cosmonauta, comunicándose con el control en tierra, quien introdujo manualmente las correcciones necesarias para que la cápsula volviera al rumbo correcto.
El 19 de junio de 1963, Tereshkova se eyectó de la cápsula a unos 6.000 metros de altura y aterrizó en paracaídas en una llanura cercana a Karaganda, en la actual Kazajistán, convertida en heroína nacional y en un símbolo internacional para el movimiento feminista de la época. Después llegaron una larga carrera política dentro del Soviet Supremo y del Comité Central del Partido Comunista, varios honores oficiales y un lugar permanente en los libros de historia. Hoy, más de sesenta años después de aquel vuelo, ninguna otra mujer ha repetido la hazaña de orbitar el planeta en solitario, lo que convierte a Valentina Tereshkova en una rareza absoluta dentro de la astronáutica mundial.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。