
























La Inteligencia Artificial (IA) está ganando cada vez más presencia en el debate en torno al futuro de la industria audiovisual. Su impacto en la cadena de valor, especialmente en las áreas de producción y postproducción, ha cobrado especial relevancia en el último año, lo que está provocando un replanteamiento de los criterios de elegibilidad que establecen los premios de mayor prestigio.
Ante la proliferación de películas premiadas con uso declarado de IA (el caso de The Brutalist, en 2025, fue particularmente controvertido) las instituciones han tenido que fijar una directriz clara: la autoría humana debe prevalecer. Pero ¿qué ocurre cuando un elemento típicamente humano, como una interpretación, ha sido generado por IA? Para esa circunstancia la industria tiene una respuesta general, pero algunos casos caen en una zona gris.
En las últimas semanas el nombre de Val Kilmer ha vuelto a aparecer en numerosos titulares. El actor, fallecido en 2025 a causa de un cáncer, protagonizará después de muerto la película 'As Deep as the Grave', una producción independiente con la que se había comprometido antes de que la enfermedad impidiese su participación en el rodaje. Esto ha sido posible gracias a la IA y al consentimiento de los herederos del propio Kilmer, que han proporcionado archivos fotográficos, vídeos y muestras de audio para desarrollar una réplica digital mediante tecnologías de reconstrucción facial y sonora.
Las directrices impulsadas tanto por la legislación del estado de California como por SAG-AFTRA en materia de réplicas sintéticas establecen un estándar contractual basado en el consentimiento informado, específico y revocable del intérprete para la creación y explotación de réplicas digitales (incluyendo voz, imagen o cuerpo), acompañado de una compensación proporcional y de obligaciones de transparencia sobre su uso. El proyecto de 'As Deep as the grave' cumple con todos estos requisitos. El actor había accedido a participar en el proyecto, los herederos han consentido el uso de su imagen y han sido compensados adecuadamente. Además, la película será muy transparente sobre que la interpretación se ha generado con IA (en los créditos aparecerá como 'AI Performance as Val Kilmer').
No es posible saber si esta película entrará en las listas de competidoras a los grandes premios de la industria, pero, de ser así, se toparía con un sector que no dispone de una normativa pormenorizada, capaz de responder a todas estas cuestiones. Como explica Clayton Davis en Variety (https://variety.com/2026/film/awards/ai-oscars-val-kilmer-awards-rules-acting-1236726156/), hay una cuestión directamente relacionada con el valor que le demos a este tipo de prácticas: ¿el reconocimiento sería para Val Kilmer o para la tecnología? En el caso de los intérpretes sintéticos existe, a mayores, cierta reserva a impulsar un debate ante el potencial impacto sobre el trabajo desempeñado por actores y actrices de carne y hueso si se legitiman este tipo de casos.
La Academia de Hollywood se vio obligada, en 2024, a fijar una serie de normas que fueron tildadas de excesivamente minimalistas. No se prohíbe explícitamente su uso. Al contrario. Establece que es irrelevante para su elegibilidad si bien se subraya que la valoración artística depende esencialmente del peso de la autoría humana en el conjunto de la obra. Es decir, existe absoluta neutralidad en cuanto al uso de la IA como herramienta creativa pero los logros expresivos, interpretativos y narrativos de carácter humano será el criterio central a la hora de valorarlo. Según este baremo, por tanto, una réplica sintética, aunque sea consentida, no podría ganar un Oscar. La Academia de Televisión, que concede los Premios Emmy, también ha revisado recientemente sus normas relacionadas con la IA. En concreto, se reserva el derecho a pedir explicaciones sobre el uso de la IA en cualquier candidatura. Además, el criterio central para galardonar un proyecto sigue siendo el trabajo de seres humanos.
En el caso de los Premios Goya, el marco general establece que solo pueden presentarse obras cuya creación y desarrollo artístico-técnico esté liderado por personas físicas identificables. La IA se admite como herramienta de apoyo, pero no puede sustituir a la autoría humana ni generar elementos fundamentales sin una supervisión directa ni una intervención creativa sustancial de humanos. Por lo tanto, una interpretación fabricada mayoritariamente por IA, sin un intérprete real detrás, no cumpliría con el criterio de esa autoría humana. Aquí el caso de Vale Kilmer parece que caería en un área gris. Es cierto que el actor no rodó nada de su papel en vida, pero su interpretación se construye a partir de material de archivo previamente autorizado, lo que podría entenderse como una continuidad del propio actor, no una nueva actuación digital.
El reconocimiento de lo que es “elegible” a premios no es algo grabado a fuego sino una lista de parámetros que necesariamente deben adaptarse a las circunstancias de cada momento. La extensión del concepto de interpretación es uno de ellos, sobre el que actualmente ya se está debatiendo. Por ejemplo, el equipo tras Proyecto Salvación está planteando proponer a James Ortiz, el marionetista que da vida a Rocky, en categorías interpretativas. Aunque en este caso no hablamos de un modelo generado 100% por IA, abre un debate interesante sobre si esa labor debe reconocerse como interpretación dramática (y, por tanto, incluirse en las categorías de reparto) o como efecto técnico.
No parece que la industria esté todavía preparada para aceptar una réplica sintética como candidata a un premio. Una decisión así no solo redefiniría qué se entiende por intérprete: también transformaría el valor simbólico de los premios y sentaría a la mesa a una tecnología que provoca curiosidad y temor a partes iguales. Hollywood, de momento, parece comprometido con la protección del factor humano, a pesar de que sepa perfectamente que la IA es capaz de hacer posible lo imposible, algo que siempre le ha beneficiado.
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