




















Kevin Warsh es rico, mucho, quizá tanto como para afirmar que será el presidente de la Reserva Federal (Fed) más adinerado de la era moderna. Si se tiene en cuenta el vínculo con su familia política, propietaria del imperio del sérum, maquillaje y pintalabios Estée Lauder, en proceso de comprar la española Puig.
Sin embargo, Warsh tiene su propia bolsa patrimonial de alrededor de 200 millones de dólares, según la declaración que ha presentado este martes antes del interrogatorio al que le someterá el Capitolio la semana que viene. Es el paso previo que su nominación por el Gobierno Trump para la presidencia del banco central sea ratificada, dando el relevo a Jerome Powell.
Pero al margen de su patrimonio, que se presumía elevado, el morbo en Wall Street y círculos financieros estaba en el detalle de sus participaciones en empresas privadas, además del origen de sus ingresos recurrentes por actividades profesionales.
Y lo cierto es que el perfil de Warsh estaba muy cotizado como consultor y asesor para múltiples firmas como Golden Tree (1,5 millones de dólares), Cerberus (750.000) o Heitmann (650.000) solo durante el último año. Aunque la relación profesional más conocida era junto al inversor Stanley Druckenmiller, una de las leyendas vivas de Wall Street, a quien facturó 10,2 millones el año pasado.
Warsh, que hizo carrera en Washington como asesor en la Casa Blanca y miembro de la Fed desde 2006 a 2011, era profesor en varias instituciones educativas. Pero su ocupación principal era la de consejero para Duquesne, el family office de Druckenmiller.
El que fuera la mano derecha de George Soros en los fondos Quantum a principios de los años 90 fue el ejecutor del ataque a la libra esterlina en 1992 que desvió a Reino Unido del sistema monetario europeo. Druckenmiller ha situado a Warsh en la liga de ejecutivos mejor remunerados de Wall Street o de las estrellas del deporte.
Más allá de la inversión en activos tradicionales, la declaración de Warsh destaca por amplias posiciones en capital riesgo. Entre sus posiciones más visibles figuran participaciones en empresas como el gigante aeroespacial SpaceX, la empresa de apuestas y predicciones Polymarket, el grupo logístico United Parcel Service (UPS) y la de comercio electrónico Coupang.
Sin embargo, estas inversiones representan solo una pequeña parte de su cartera. El núcleo de su riqueza se encuentra en grandes vehículos de inversión como Juggernaut Fund LP con dos participaciones superiores a 50 millones de dólares cada una. Se trata de uno de los fondos de Druckenmiller a través de Duquesne
El nominado a la Fed tiene presencia en otros fondos vinculados al capital riesgo tecnológico y las startups de Silicon Valley, aunque no se detallan sus participaciones en ellos. Se trata de los especialistas Bessemer Venture Partners y DCM Investments.
La declaración de Warsh revela además exposición a sectores como la inteligencia artificial, las criptomonedas y la biotecnología. A través de estos fondos, Warsh participa indirectamente en empresas como Databricks, Solana, dYdX o Replit, reflejando una estrategia claramente orientada al crecimiento tecnológico global.
Pese a la nominación de Warsh, no es seguro que vaya a ser presidente de la Fed y afronta dificultades para serlo. El Comité Bancario del Senado ha fijado el 21 de abril como el día de audiencia de confirmación de Kevin Warsh.
La audiencia se perfila como un momento clave para evaluar su visión sobre inflación, tipos de interés e independencia del banco central, una de las grandes sombras bajo la presidencia de Trump después de los continuos ataques hacia Powell y la Fed.
Los inversores estarán atentos a cómo Warsh maneja la tensión entre la presión política de Trump para recortar tipos de interés y un entorno económico marcado por inflación disparada por los precios energéticos, amenaza de recesión y debilidad laboral.
Warsh llegaría a la Fed en mayo con un contexto internacional de lo más complicado, con la guerra en Oriente Medio elevando los precios de la energía y amplias divergencias entre los miembros de la Fed a la hora de fijar un rumbo sobre los tipos de interés.
Además, Warsh deberá responder sobre su intención de reducir el balance de la Reserva Federal, que ronda los 7 billones de dólares, y es una de las ideas monetarias con la que se le ha etiquetado después de un artículo de opinión suyo en prensa en noviembre de 2025.
Su confirmación, sin embargo, no está garantizada debido a que varios senadores con Thom Tillis a la cabeza se han conjurado para bloquear al nombramiento mientras continúe la investigación del Departamento de Justicia contra Jerome Powell. Un amplio sector de republicanos y demócratas considera que es una represalia por no haber decidido a las exigencias de bajar los tipos.
Si el proceso se retrasa, Powell podría continuar como presidente interino de forma provisional durante meses e inclusos años, puesto que el actual jefe de la Fed tiene mandato hasta 2028 como gobernador. No obstante, la tradición dice que el presidente suele abandonar la Fed una vez que se conoce a su relevo. Powell no ha descartado manteniendo su influencia en la política monetaria estadounidense en un momento crítico.
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