









Hay momentos en los que el ruido imparable de la tecnología se apaga para dar paso a preguntas que realmente importan. Esto mismo sucedió en Madrid, en el South Summit 2026, un epicentro que este año se ha consolidado como el gran tablero de la inteligencia artificial internacional (IA). Allí, entre promesas de inversión y voces emprendedoras, Business Insider España habló en exclusiva con Sebastian Thrun, el “padre” de la conducción autónoma y fundador de Google X y Udacity.
Thrun no habla como un tecnólogo corriente, lo hace con la visión de quien ya ha dado forma al futuro varias veces. Gracias a él, muchas ideas se han convertido en realidad, en infraestructuras que a día de hoy empleamos todos. Además, lleva destacando como profesor de la Universidad de Stanford más de tres décadas. Para él, no estamos ante una simple revolución de software, sino ante un giro que redefinirá la productividad, la educación y la propia verdad.
Durante siglos, el éxito profesional se ha construido sobre las especializaciones técnicas, estudiar años para dominar una pequeña parte del conocimiento humano. Thrun sostiene que esa era ha muerto. Para el profesor, la máquina es ahora el nuevo especialista. "Si defines el máximo de la inteligencia humana como alguien extremadamente repetitivo y preciso, como un abogado o un médico, descubrirás que esa precisión es realizada mejor por máquinas", afirma Thrun.
"La innovación es tan rápida que muchos se verán sorprendidos y perderán sus empleos por no haberlo visto venir. La gente que está en la negación es la que se quedará atrás".
Además, para él ha vuelto a surgir el generalismo. Esto no es una tragedia, sino una liberación. La productividad humana se desplazará hacia tareas más amplias y creativas. Cuanto menos encasillado esté tu trabajo, más espacio tendrás para innovar, asegura.
Así, las corporaciones ya no necesitan bases piramidales llenas de analistas júnior manejando datos básicos. El mercado se transforma en un “diamante”, es decir, “pocos juniors, muchos profesionales con experiencia potenciados por la IA y unos pocos directivos arriba”. Para ello, su consejo para los jóvenes “es que estén absolutamente a la vanguardia de la IA. Sean los mejores de su clase usándola. No se opongan a ella”.
Para Thrun, el debate sobre si la Inteligencia Artificial General (AGI) ya está superado, es una meta que está llamando a la puerta. Como ejemplo, cita un hito reciente: la IA demostrando el teorema de puntos de Erdős tras 80 años de fracasos humanos. "La prueba solo tiene cinco líneas y, una vez que la lees, es obvia. Ya vemos cosas auténticamente nuevas creadas por la IA que van más allá de lo que los humanos han podido hacer".
Cuando se le pregunta qué nos falta para alcanzar esa AGI que iguale o supere al 99% de las capacidades humanas, su respuesta es más psicológica que técnica: "En muchos sentidos, ya la tenemos. El siguiente paso, más allá de que las máquinas sean inteligentes, es que nosotros cedamos el control, y eso asusta a mucha gente".
Incluso al abordar un concepto tan místico como la autoconciencia, Thrun prefiere desmitificarlo y bajarlo a la tierra. "En un sentido simple, mi lavavajillas es autoconsciente: sabe si la puerta está abierta. Hoy las máquinas ya pueden razonar sobre sí mismas, criticar sus propios argumentos y mejorarlos. Eso ya se parece mucho a la autoconciencia".
Como estratega, Thrun tiene claro que Europa sufre de dos males: la hiperregulación preventiva (regular antes de que ocurran los hechos, a diferencia del pragmatismo estadounidense) y la fragmentación jurisdiccional.
El desafío en Europa es un mercado dividido en decenas de estados con regulaciones diferentes, así como la paralización por el análisis constante que frena la innovación. “Si esa regulación desapareciera, Europa sería la segunda potencia en IA del mundo”, sentencia el profesor. Para él, la solución está en ralentizar las leyes restrictivas y castigar el mal uso a posteriori, cuando el daño ya sea evidente.
El optimismo de Thrun es evidente, ya que cree que la IA democratizará la medicina personalizada, abaratando los fármacos de forma exponencial. Pero también tiene una preocupación existencial: la erosión de la confianza.
A él no le preocupa el deterioro cognitivo (o brain rot en inglés) de plataformas como TikTok, algo que defiende que ya existía antes de que llegase la IA. Le preocupa la falsificación, una oleada de fake news pueda llegar a alterar unas
"Tenemos que reaprender qué significan la autenticidad, la verdad y la confianza en este nuevo mundo", advierte.
El mensaje de Sebastian Thrun es una llamada a la acción sin espacio para escepticismo ni las dudas sobre lo que podrá pasar, ya que para él, negar la IA es equivalente a negarse a leer hace 500 años.
Su consejo para las nuevas generaciones, y para los profesionales que temen el mañana, es casi claro: “adopten la tecnología y jueguen con ella a diario”. “Estamos viviendo una curva exponencial donde el 99% de las cosas que definirán el próximo siglo todavía no se han inventado”, concluye, defendiendo con firmeza que este es un momento increíble para estar vivo, siempre y cuando no tengamos miedo de soltar las riendas.
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