










Muchos profesionales recordarán el momento decisivo que se dibuja en sus vidas tras superar la Selectividad. Entonces se formula, con más urgencia que nunca, la pregunta del millón: ¿Qué puedo estudiar? Es una forma académica de ahondar en una cuestión más existencial, el qué será de mí, pues un trabajo bien o mal elegido condiciona la economía doméstica, la situación geográfica y, más relevante aún, ese volátil concepto llamado felicidad.
En 2023, Manuel Toledo (CEO), Alberto Martín y Pablo Fandiño fundan Graddus con una meta entre ceja y ceja: orientar a cientos de miles de chavales en esa encrucijada para empujarlos en la dirección que mejor se adapta a sus habilidades, presupuesto, preferencias de ubicación y nota promedio. Para ello, la plataforma se apalanca en un algoritmo propio de IA capaz de crear una especie de hexágono (“a la manera de FIFA, el videojuego de EA Sports”, ilustra Toledo a Business Insider) donde se resaltan los ámbitos formativos que se acoplan mejor al perfil del estudiante.
La plataforma dispone en su base de datos de toda la oferta pública y privada de universidades y centros de FP en España, e incorpora también, como novedad más reciente, la modalidad del máster, que el CEO de Graddus destaca por tratarse hoy de un fenómeno que arrastra a más personas que la propia universidad. En 2025, alrededor de 120.000 estudiantes recurrieron a la herramienta de la startup, “un 15% de quienes hicieron las pruebas de Selectividad”, y el objetivo para este curso apunta a los 180.000.
El pasado 6 de marzo, Graddus anunció una ronda de inversión de 600.000 euros liderada por Successful, gestora de venture capital con sede en Castellón y especializada en fases tempranas. Estos recursos permitirán, entre otras tareas, reforzar la orientación en formación online, apuntalar el desembarco en el territorio máster y afinar los consejos que se lanzan al estudiante procedente de Latinoamérica, una fuerza emergente que en algunas universidades españolas representa ya la mitad de las matrículas.
Una de las piedras angulares del proyecto es el tanteo al que se somete al alumno, basado en el test de intereses profesionales de Holland, pero adaptado al espíritu de agilidad e inmediatez de los tiempos que corren. Se captan además los intereses y condiciones del candidato y todo ello se conecta con la oferta disponible. La monetización llega precisamente de este segundo extremo de la balanza: se cobra a los centros privados, tanto universitarios como de FP (casi un tercio de los estudiantes españoles los elige para formarse), y a cambio éstos disponen de un espacio que les da visibilidad y les facilita la captación. Ni los centros públicos ni los futuros alumnos han de pagar nada.
“Ninguno de nosotros viene del sector educativo, ni somos psicólogos, ni tampoco queremos ser gurús. Damos un mapa de posibilidades donde se valora el perfil del propio estudiante y un factor adicional que es el perfil ideal para cada grado. Para averiguarlo, nuestro algoritmo atribuye una puntuación a cada disciplina en función de las conversaciones mantenidas previamente con profesores y profesionales que han cursado esos estudios. La misión de Graddus es eliminar o mitigar el riesgo de que existan decisiones no fundamentadas. Para garantizar que somos precisos, solemos preguntar una semana después a cada alumno si la orientación le ha servido o no. El 70% afirma estar más convencido de lo que quiere estudiar”.
Toledo no se atreve a pronosticar cómo afectará la IA a la oferta educativa en los próximos años. “Si te fijas en las previsiones de las big four hace dos o tres años respecto al futuro del trabajo, no han acertado ni una. Imagina lo que podemos acertar nosotros. Lo que hacemos para arrojar luz sobre la empleabilidad es mezclar las tendencias del mercado con los datos vigentes hoy. Nuestra visión es conservadora. No le puedo decir a alguien que se matricula en ingeniería industrial que cuando termine la carrera va a diseñar órganos robóticos”.
Sí se moja el CEO de Graddus cuando de describir tendencias más pedestres se trata. Ruge con fuerza la formación online, cada vez más demandada por esa filosofía de la flexibilidad que exigen las nuevas generaciones y que también ponen sobre la mesa en las entrevistas para optar a un empleo. Madrid pierde fuelle como destino formativo frente a ciudades donde el coste de vida es menor. La FP también avanza y es vista por muchos “como una escala intermedia para probar y saber si una carrera en esa disciplina tiene sentido”. Y luego está el ascendente del prestigio que atesora cada institución: “El 90% de los estudiantes ven la universidad como una commodity, aunque la cosa cambia con los másters impartidos por las tres grandes escuelas de negocio (IE, IESE y Esade), que juegan en otra liga”.
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