























Tres años después de que el Gobierno de España prometiera que la reforma de las pensiones contendría la salida prematura del mercado laboral, los propios datos de la Seguridad Social sugieren que ese objetivo se resiste.
En los cuatro primeros meses de 2026, el 31% de todas las nuevas altas de jubilación han correspondido a la modalidad anticipada, una cifra que supera el 27,9% registrado en el conjunto de 2025 y que obliga a preguntarse si el efecto disuasorio de la reforma ha tocado techo.
La caída de la jubilación anticipada fue, durante tres años, el indicador que el Ejecutivo exhibía con mayor satisfacción. En 2022, 122.243 personas se jubilaron antes de la edad ordinaria. En 2023 bajó a 112.032; en 2024, a 108.968; en 2025, a 104.655. Una trayectoria descendente que parecía evidenciar que la reforma funcionaba, los trabajadores reaccionaban a los nuevos coeficientes reductores y a los incentivos para permanecer más años cotizando.
El último Libro de Pensiones, publicado por el Instituto Nacional de la Seguridad Social, ofrece el primer termómetro del año. De enero a abril se han registrado 39.199 jubilaciones anticipadas sobre un total de 126.643 altas de jubilación. De mantenerse el ritmo, podrían situarse en torno a las 117.000 o 120.000 jubilaciones anticipadas al cierre del ejercicio, muy cerca de las 122.243 de 2022, el año previo a que la reforma desplegase sus principales efectos.
En otras palabras, si la tendencia del primer cuatrimestre se consolida, el retroceso logrado entre 2022 y 2025 podría reducirse de forma sustancial.
La pregunta que queda en el aire es si el repunte del primer cuatrimestre refleja un patrón estacional (enero y febrero concentran históricamente más jubilaciones anticipadas por razones administrativas y de planificación fiscal) o si apunta a un agotamiento del efecto reformador.
Atendiendo a la media, los 39.199 jubilados anticipados en cuatro meses implican una media mensual de 9.800 altas, frente a las 8.721 mensuales de 2025. La composición también puede dar señales. La jubilación anticipada voluntaria (la que más preocupa al sistema por ser plenamente electiva) sigue siendo dominante y apenas cede en términos relativos. En 2025 representaba el 56,6% de todas las altas anticipadas, pero en los primeros meses de 2026, el porcentaje no da señales de contraerse significativamente.
El perfil económico del jubilado anticipado apenas ha variado desde 2022. La pensión media de quienes se jubilan de forma anticipada se situó en 1.867 euros al mes en el primer cuatrimestre de 2026, la más alta de todas las modalidades, muy por encima de los 1.674 euros de la jubilación a edad ordinaria y de los 1.546 euros de la demorada.
Esto confirma que quien se jubila antes de tiempo no es, mayoritariamente, quien no puede aguantar más en el mercado laboral, sino quien tiene la base reguladora suficiente para asumir el coste del coeficiente reductor sin que su nivel de vida se resienta de manera significativa.
La reforma diseñó penalizaciones crecientes precisamente para este perfil, pero los datos parecen sugerir que esas penalizaciones no han sido suficientemente disuasorias. La reducción de 122.243 anticipadas en 2022 a 104.655 en 2025 es un descenso real del 14,4% en tres años. Sin embargo, el objetivo implícito de la reforma era una contención mucho más drástica.
Ahora bien, cabe tener en cuenta el envejecimiento del baby boom, la generación más numerosa, que alcanza ahora su momento de mayor intensidad. Por lo que el mero volumen demográfico puede elevar el número absoluto de anticipadas incluso si la tasa relativa cae.
La otra cara de la moneda son las jubilaciones demoradas, que sí han registrado un crecimiento notble, de 17.651 en 2022 a 40.952 en 2025, y a 15.612 en los primeros cuatro meses de 2026, lo que supone ya el 12,3% del total de altas.
El incentivo de prolongar la vida laboral está calando, pero en un perfil de trabajador diferente al esperado, con pensiones medias inferiores a las de la modalidad ordinaria desde 2024, lo que apunta a que quien se demora no es el profesional de alta cualificación que puede alargar su carrera en condiciones favorables, sino, el trabajador con lagunas de cotización que necesita más años para alcanzar una base reguladora digna.
El verdadero efecto llegará con en el cierre anual. Si el porcentaje de anticipadas se mantiene en torno al 31% o incluso sube, podría significar que los instrumentos de la reforma son insuficientes, se necesitan ajustes adicionales en los coeficientes reductores, o el problema es que la sostenibilidad a largo plazo del sistema depende de factores (salarios, carreras laborales, mercado de trabajo) que van más allá de lo que un reforma de las pensiones puede resolver.
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