

























El ascenso infinito del creador de ChatGPT parece haber tocado techo y ahora debe mantenerse o correrá el riesgo de caer.
La fase del enamoramiento con la inteligencia artificial parece que está siendo superada por otra de pasión y sufrimiento más dolorosa, pero inevitable y necesaria. Ya no vale todo ni a cualquier precio. Decía la semana la presidenta de Banco Santander, Ana Botín, que la IA supone "la mayor transformación económica y social desde la Revolución Industrial", pero a la vez dejó caer que ya no se trata solo de hacer "pilotos" o pruebas con ella, sino es hora de la ejecución, impacto y redefinición del modelo de negocio.
Su homólogo en JPMorgan, Jamie Dimon, ha reflexionado en una entrevista con la CBS también sobre la IA, dejando claro que es un universo de posibilidades y oportunidades, aunque señalando el riesgo de que los problemas que está generando a corto plazo entorpezcan los "enormes beneficios para la sociedad" a largo plazo, que van desde curar el cáncer hasta la reducción de la jornada laboral. Pero llama a la responsabilidad y la cautela para resolver los efectos secundarios de esta disrupción, ya que puede afectar al empleo actual de millones de personas. Dimon cree que el riesgo de "malestar social" puede mutar en "revolución", pero no industrial, sino civil al estilo siglo XVIII.
Más allá de la duración de la guerra de Irán, los mercados andan revolucionados esta Semana Santa con la IA ante los movimientos de sus principales protagonistas. SpaceX, el conglomerado espacial, de telecomunicaciones e inteligencia artificial de Elon Musk, ha solicitado a la SEC el primer permiso para cotizar en bolsa.
Es un pequeño paso administrativo para la compañía y un gran salto para Wall Street ante la mayor operación de su historia y la primera de dimensión billonaria, que involucra a los grandes bancos del mundo y pone a prueba la capacidad del mercado para absorberla. Las métricas y valoraciones estratosféricas que se han ido conociendo hasta la fecha pasarán a partir de entonces el escrutinio implacable del mercado y el filtro de la realidad.
Tiene efectos colaterales sobre sus competidores en lo que parece un nuevo remake de 'El primero se lo lleva todo'. OpenAi, creador de ChatGPT, está afrontando ahora un baño de realidad después en su particular burbuja. Ya no es la empresa más deseada del sector. Los inversores no se están peleando por estar dentro. Ese lugar ha sido ocupado por Anthropic, el inventor de Claude, pero también por SpaceX, que además de cohetes ahora es dueño de Grok y xAi.
Los inversores ya no extienden cheques en blanco a Sam Altman como venían haciendo hasta hace poco, pese a que acaba de cerrar una ronda de inversión de 122.000 millones de dólares. No se alarmen: es la misma operación desde el verano de 2025, no cantidades que se vayan sumando. Su valoración sigue siendo la misma: Pero lo que hemos visto de forma reciente es nuevo. OpenAi ha renunciado a centros de datos que construían algunos de sus socios como Oracle y su lugar ha sido ocupado por otros. Su apetito ha dejado de ser insaciable.
Nvidia se ha plantado ante el fundador de OpenAi y no invertirá más de lo acordado. También Microsoft, su primer gran inversor allá por 2022 cuando desveló ChatGPT, con quien mantiene un tensión creciente y no resuelta. Incluso Amazon, el nuevo socio de Altman, ha puesto límites y condiciones para invertir 15.000 millones adicionales a los 35.000 ya comprometidos: o sale a bolsa o encuentra la 'superinteligencia artificial' antes de que finalice 2028.
El desarrollo de la inteligencia artificial ha encontrado sus propios límites en la realidad humana ante el primer bache en el camino del gran capital. La actual guerra de Irán ha colocado el coste energético en el primer plano de las empresas de infraestructuras, encargadas de diseñar, construir y operar los centros de datos donde aloja la IA.
A la vez, los costes de financiación se han disparado conforme la ola de inflación energética que ha levantado Ormuz se ha trasladado al cuadro de mandos de los bancos centrales. ¿Subirán los tipos de interés? No tengan ninguna duda de que va a suceder pronto. ¿Bajarán si hay recesión? Pues también.
La distorsión bélica y energética no quita que toda la economía de la IA se haya puesto a echar cuentas sobre lo que cuesta un chip y el retorno esperado del servicio. Por ejemplo, Anthropic pasa en algunos momentos del día o la semana a ofertar tokens extra para sus usuarios, a limitarlos y viceversa sin demasiada justificación. El crecimiento del negocio y los ingresos no pueden estar reñidos con la rentabilidad para que las previsiones de negocio puedan cumplirse, incluso para la IA. La realidad manda. Como dijo el boxeador Mike Tyson, "todo el mundo tiene planes hasta que recibe el primer puñetazo".
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