




























La seguridad energética implica contar con un suministro de energía estable, localizado y asequible, algo crucial para los ejércitos y que a veces se convierte en un hándicap en los despliegues de operaciones. Una empresa de EEUU parece tener la solución para ahorrar tiempo y dinero a las Fuerzas Armadas: está desarrollando un sistema -aún no operativo- capaz de producir combustible in situ, en el propio campo de batalla.
Hoy en día, a diferencia de otros sectores, la producción de combustible sigue estando dominada por una infraestructura centralizada. La compañía estadounidense Airco pretende cambiar esto con MAD Fuel, un sistema que convierte el dióxido de carbono y el hidrógeno en combustibles totalmente formulados y listos para usar en motores, vehículos y aeronaves actuales sin necesidad de modificaciones.
El sistema se encuentra en desarrollo, y está previsto que esté listo para principios de 2027, para posteriormente hacer una demostración con el Departamento de Guerra de EEUU y, en caso de que todo sea correcto, pueda entrar en servicio.
Para su proyecto, cuenta con el apoyo de una subvención del Programa de Incremento de Fondos Estratégicos (STRATFI) de AFWERX, el brazo de innovación del Departamento de la Fuerza Aérea y una dirección dentro del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea.
Lo que pretende hacer Airco es reducir drásticamente los costes del combustible en entornos militares. Concretamente, asegura que su sistema está diseñado para lograr hasta un 80% de reducción en el coste del combustible entregado.
Fabricado mediante tecnología avanzada, el sistema convierte el dióxido de carbono (CO₂) y el hidrógeno (H₂) capturados mediante electrólisis del agua en combustibles sintéticos totalmente formulados y listos para su uso inmediato. El CO₂ puede capturarse de fuentes industriales o directamente de la atmósfera, y la electricidad que necesita para funcionar puede provenir de cualquier fuente, incluidas las energías renovables.
El sistema MAD será una plataforma tecnológica autónoma, desplegable y modular, que podrá desplegarse rápidamente y producir combustible en cualquier parte del mundo. Además, al ser fácilmente integrada en contenedores marítimos, facilita su transporte a los teatros de operaciones.
Estos sistemas no están diseñados para reemplazar las refinerías por completo. Están diseñados para complementarlas. Cada sistema opera como una unidad de producción localizada, y cada despliegue se convierte en un nodo. A medida que se implementan más nodos, la capacidad se expande geográficamente, creando una red que abastece a toda una región, sin necesidad de depender de refinerías centralizadas de gran tamaño.
Entre los principales beneficios que tiene para el sector de la Defensa, está la reducción de costes totales de producción y logística, la reducción de los requisitos de personal para los convoyes de combustible, una seguridad operativa mejorada, una mayor flexibilidad en la misión y una mayor preparación en entornos conflictivos.
En gran parte del mundo, el coste del combustible no depende de la producción, sino de la logística. No es lo mismo transportar combustible a bases fácilmente comunicadas que hacerlo en zonas insulares, emplazamientos industriales aislados o zonas en conflicto. En estas condiciones, el precio de entrega del combustible puede diferir drásticamente de su coste de producción.
El Departamento de Guerra de EEUU define formalmente el "coste total del combustible" no solo como el precio del combustible en sí, sino también como "el coste total de todo el personal y los recursos necesarios para transportar y, cuando sea necesario, proteger el combustible hasta el lugar de uso".
Según señala el Ejército de EEUU, en un día cualquiera, una división militar numerosa puede consumir hasta 23.000 litros de combustible. La entrega de este fuel en mercados continentales suele ser de entre 0.8 y 1,5 dólares por litro, mientras que en entornos extremadamente aislados puede aumentar hasta los 10 dólares y en zonas militares, superar los 30 dólares por litro.
En el caso de entornos operativos avanzados o zonas de conflicto, el coste del combustible entregado se estima en hasta 100 dólares por litro, debido a la complejidad del transporte, las limitaciones de infraestructura y los requisitos de seguridad.
Esto se pudo ver en Afganistán, por ejemplo, donde la geografía accidentada y la escasa infraestructura, sin mencionar los explosivos improvisados colocados al borde de las carreteras, planteaban desafíos logísticos costosos de superar. Al no haber puertos marítimos, los camiones comerciales debían transportar el combustible desde los puertos de Pakistán y llevarlo por tierra. Una vez que llegaba a las zonas de retaguardia, los transportes militares debían distribuir el combustible a las bases de operaciones avanzadas, muchas veces en helicóptero, que es la forma más costosa de transporte; de ahí los costos exorbitantes.
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