




















Tener una divisa fuerte tiene sus ventajas a la hora de importar productos del exterior, pero es un obstáculo si el objetivo es exportarlos. Por eso China lleva décadas atando su tipo de cambio, semianclado al dólar, para poder vender a otros países el mayor volumen posible de sus productos. Es el as en la manga de la 'fábrica del mundo': la histórica infravaloración de su moneda, el yuan.
Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca por primera vez en 2017 la cuestión es 'casus belli' entre Washington y Pekín, incluso bajo la Administración Biden. El motivo no es otro que el desequilibrio de 200.000 millones de dólares que aún arrastra la balanza comercial de EEUU con China y que ha impulsado da reedición de los juegos de aranceles durante el segundo mandato de Trump.
Desde 2025, la cotización del yuan ha comenzado a subir frente al dólar como por arte de magia pese a que se trata de un tipo intervenido. Desde que comenzó a gestarse hace meses la actual cumbre entre los presidentes Xi Jinping y Trump, la escalada se acerca al 10% y la moneda china se sitúa en máximo de más de tres años. Durante el último año, el déficit comercial EEUU-China se ha reducido en un 34% pero sigue en niveles prohibitivos para Trump.
El último episodio de esta revaluación se ha vivido esta misma semana, a pocos días de que comience la cumbre en Pekín entre Trump y Xi Jinping, cuando el yuan ha tocado las 6,8 unidades por dólar, su cotización más alta desde enero de 2023. La divisa acumula una revalorización del 3% desde comienzos de año y algo más del 1% desde el estallido de la guerra de Irán pese a que no cotiza libremente. Su fortaleza contrasta con la debilidad del resto de divisas asiáticas o emergentes. Justo lo contrario de lo que Trump lleva una década denunciando bajo la etiqueta de "manipulación cambiaria".
La visita de Estado de Trump a China, que se desarrollará del miércoles 13 al viernes 15 de mayo, ha desplazado al resto de referencias de la agenda inversora. "Una vez superado el grueso de la temporada de resultados, y con los mercados y las publicaciones macroeconómicas entrando en el habitual paréntesis de mitad de mes, la arena geopolítica vuelve a ocupar el centro del escenario", advierte Christian Gattiker, director de análisis de Julius Baer.
La cumbre bilateral "podría resultar decisiva para configurar las expectativas sobre la trayectoria de las relaciones entre las dos potencias económicas y geopolíticas dominantes del mundo, no solo en los próximos trimestres, sino potencialmente durante años", según Gattiker, que espera amplias conversaciones entre ambas delegaciones sobre comercio, tecnología, política industrial y seguridad.
Los mercados rastrearán con detenimiento "cualquier señal de estabilización, confrontación o reposicionamiento estratégico", según Gattiker.
Parte de la apreciación del yuan se explica por el impacto limitado que el conflicto está teniendo sobre la economía china. La otra parte pertenece a la mano del Banco Popular de China (PBOC, por sus siglas en inglés), cuya mano visible mantiene semi-intervenido el cambio para alimentar su maquinaria exportadora al resto del mundo. La divisa china solo oscila en una banda del 2% en torno al tipo fijado a diario por el PBOC.
Así, China cerró 2025 con un superávit comercial global de 1,2 billones de dólares, al que se han sumado otros 348.000 millones en los cuatro primeros meses de 2026. Una revalorización del yuan hace menos atractivo el comercio con otros países y convierte en más competitivas los bienes extranjeros.
El repunte del yuan se produce, además, en medio de las críticas (como las del FMI) por el entorno deflacionario chino, que estaría debilitando artificialmente la moneda y prolongando una dependencia excesiva de las exportaciones como motor del PIB. Pese a ello, pocos esperan que el Banco Popular de China (PBOC) permita una apreciación relevante, debido al objetivo de Pekín de promover el uso internacional del yuan y la estabilidad de la divisa.
Pese al peso simbólico de la primera visita de un presidente estadounidense a China en casi nueve años, los analistas advierten de que no conviene esperar grandes anuncios. "La visita del presidente Trump a Pekín ofrece una oportunidad para reajustar las relaciones entre EEUU y China, pero los cambios reales podrían ser modestos", señala Robert Gilhooly, economista sénior para mercados emergentes de la gestora Aberdeen Investments.
A su juicio, "el control que ejerce China sobre los minerales críticos le da una baza importante, lo que debería ayudar a mantener el actual y delicado equilibrio", pero quienes esperen "una reducción significativa de los aranceles, una aclaración sobre la relación comercial o una declaración conjunta sobre el conflicto de Oriente Medio podrían llevarse una decepción".
Gilhooly sí ve margen para algún gesto en el frente del fentanilo, droga responsable de la mayoría de las muertes por sobredosis en EEUU. "Es posible que el presidente Trump revierta algunos de los aranceles sobre el fentanilo promulgados anteriormente", apunta, en parte por la necesidad de rebajar la tensión bilateral, en parte como reconocimiento tácito de que Pekín ha endurecido los controles sobre las exportaciones de químicos relacionados, y también porque la Administración Trump se mueve en "terreno inestable" tras la anulación de la IEEPA por parte del Tribunal Supremo. Aun así, advierte, "China todavía podría salir relativamente perdiendo": resultará "más fácil utilizar la legislación vigente (Secciones 232 y 301) contra China, donde existen motivos de queja más legítimos, que volver a levantar el muro arancelario contra otros socios comerciales".
El otro gran foco será la tecnología y la inteligencia artificial. "Es posible que el Congreso quiera aplicar una línea dura en lo que respecta a la restricción del acceso a semiconductores avanzados, pero no descartaríamos una modesta flexibilización como parte de un acuerdo transaccional", añade el economista de Aberdeen, que anticipa también "declaraciones de alto nivel que prometan comprar más productos estadounidenses, aunque los detalles sean escasos".
La competencia estratégica en torno a la inteligencia artificial general y la apuesta de la Administración Trump por una regulación mínima sugieren que apenas se avanzará en el establecimiento de medidas de protección oficiales en este terreno. "Aunque los mercados acogerán con agrado las declaraciones positivas de ambas partes como indicio de que se mantendrá el statu quo, la dinámica subyacente sigue apuntando a que ambas partes se distanciarán aún más a largo plazo", añade Gilhooly en un análisis sobre la cita.
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