













El Banco Central Europeo (BCE) mantuvo este jueves los tipos de interés sin cambios, tal y como esperaba el mercado, pero su presidenta, Christine Lagarde, ha dejado claro que el banco central está actuando sin los datos en la mano sobre el impacto de la guerra de Irán, aunque ha dejado caer que hay una cuenta atrás activada hacia junio.
"Hemos tomado una decisión fundamentada sobre la base de una información que todavía es insuficiente", admitió la francesa en una de las declaraciones más conformistas al frente del BCE.
La institución con sede en Fráncfort debate en su seno los efectos para la zona euro y la inflación del shock energético, y Lagarde lo confirmó: "Debatimos larga y profundamente diversas opciones. Debatimos la decisión que hemos tomado hoy por unanimidad, pero también debatimos larga y profundamente una posible decisión de subir tipos", reconoció la banquera gala. Una confesión que, en el idioma de los bancos centrales, equivale a decir que habrá baile de tipos en junio.
El BCE se da un plazo concreto. "Creemos que estas seis semanas serán el tiempo adecuado para valorar la evolución, para comprender, en particular, el desenlace, posiblemente del conflicto", señaló Lagarde, que dejó claro que en junio el Consejo de Gobierno llegará armado con nuevas proyecciones y escenarios actualizados. "Monitorizamos constantemente, incorporamos constantemente nuevos datos, datos duros, datos blandos, resultados de encuestas desde todo tipo de perspectivas", añadió.
Ahora Lagarde cree que punto de partida es incómodo, en contraste con el discurso de marzo cuando dijo justo lo constrario. "Nos estamos alejando claramente del escenario base", reconoció la presidenta, que apuntó directamente al factor decisivo: "Lo que es de vital importancia es el impacto que tendrán los precios de la energía."
Los riesgos sobre los precios se han escorado "al alza". "El encarecimiento de la energía mantendrá la inflación muy por encima del 2% a corto plazo", admitió Lagarde, que advirtió de que cuanto más se prolongue el choque energético, mayor será el riesgo de contagio al resto de precios y salarios. "A medida que se prolonga el período de precios energéticos elevados, es probable que el impacto sobre la inflación general a través de efectos indirectos y de segunda ronda se intensifique", subrayó.
Con todo, Lagarde se resistió a utilizar la palabra maldita. "No aplicamos 'estanflación', ese término tan llamativo, a las circunstancias actuales, porque realmente creemos que está asociado a la situación de los años 70", zanjó. La presidenta dibujó un escenario radicalmente distinto al de aquella década: "En los años 70, la inflación continuó, continuó y continuó. Había un desempleo muy elevado. El marco monetario y fiscal no tenía nada que ver con el que tenemos ahora."
Por el momento, los efectos de segunda ronda (la gran amenaza para la estabilidad de precios) no han aparecido. "No estamos viendo efectos de segunda ronda. Estamos viendo efectos directos. Estamos viendo algunos efectos indirectos, pero desde luego no estamos viendo efectos de segunda ronda", insistió Lagarde, aunque advirtió: "Es algo a lo que debemos prestar mucha atención."
El otro lado de la ecuación también preocupa. "Los riesgos para las perspectivas de crecimiento son a la baja", advirtió el BCE, que señala a la guerra en Oriente Medio como principal factor de incertidumbre. "La economía de la zona euro mostraba cierto impulso cuando comenzó la turbulencia actual", recordó Lagarde.
El mensaje final del BCE al conjunto de los gobiernos fue igualmente nítido: "Cualquier apoyo fiscal que se conceda tiene que ser temporal, específico y adaptado". La institución vuelve a poner el foco en la disciplina fiscal de los gobiernos al tiempo que ella misma prepara el terreno para retirar su propio estímulo monetario. Los costes de la deuda pública dependen de ello. De momento, las rentabilidades de los bonos soberanos europeos han escalado varias décimas en los dos meses de guerra en Irán.
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