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30 mar 2026 - 05:30
La subteniente Esmeralda Ruiz fue la primera mujer en superar el Curso de Operaciones Especiales para Mandos, un curso muy duro que se desarrolla en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE), en Jaca, y que muy pocos aspirantes superan, los más fuertes, física y psicológicamente. Ruiz lo pasó y, posteriormente, también se convirtió en la primera mujer de las Fuerzas Armadas de España en ejercer el mando en una unidad de este tipo, en su caso en el Grupo de Operaciones Especiales IV (GOE IV), con sede en Alicante en el, MOE.
La subteniente ha tenido la oportunidad de desplegar en Afganistán con unidades de Operaciones Especiales, donde desempeñó funciones como jefe de equipo básico y navegadora, y en dos ocasiones en Mali, en el marco de la misión europea de entrenamiento (EUTM).
¿De dónde le viene su vocación militar?
En mi caso no venía de una familia militar. El primer contacto real con la profesión lo tuve a través de amigos de mi hermano. Uno estaba destinado en el IPE, en Calatayud, y otro acababa de ingresar en la Academia General Básica de Suboficiales. Escuchar sus experiencias fue cautivador: hablaban de la camaradería, del compañerismo, de las marchas topográficas, de los ejercicios de tiro y de la exigencia física del día a día. Era, realmente, una auténtica aventura. Todo aquello transmitía una forma de vida basada en el esfuerzo, la superación y el trabajo en equipo, y a mí me inspiró.
¿Por qué decidió ingresar en las Fuerzas Armadas?
En aquel momento lo que más me atraía era el espíritu de aventura, el trabajo en equipo y el estilo de vida que me trasmitían. El verdadero significado del servicio a España, lo comprendí, ya dentro de las Fuerzas Armadas. Es algo que descubres con el tiempo, cuando entiendes que servir y amar a tu país significa también proteger y amar a tu gente, a tu familia y a la tierra en la que vives.
Además, mi amigo Pedro —que en paz descanse—, que en aquel momento se estaba preparando para presentarse a la Academia de Suboficiales, fue quien me animó a terminar los estudios y a intentarlo directamente. En parte, gracias a él, tomé la decisión definitiva.
¿Cuál ha sido su trayectoria?
Al finalizar mi formación en la Academia General Básica de Suboficiales fui destinada al Tercio “Duque de Alba” 2º de la Legión, en Ceuta. Allí fue donde realmente maduré como militar. Es una unidad que me marcó profundamente y que despertó en mí una gran vocación por esta profesión. Además, era un entorno que impulsaba mucho la mejora profesional y la realización de cursos, porque todo lo que uno aprendía después revertía en la mejora de la unidad. Ese ambiente fue lo que me animó a presentarme al curso de Operaciones Especiales. Tras superarlo fui destinada al GOE IV, y fue allí donde realmente sentí que había llegado a casa. Era lo que llevaba tiempo buscando.
Posteriormente tuve la oportunidad de servir en la Guardia Real, una experiencia que recuerdo con especial orgullo, ya que para mí fue un honor poder servir a Su Majestad el Rey. Después volví al ámbito de las unidades operativas, estando destinada también en la Brigada Paracaidista, en la III Bandera Paracaidista en Murcia, ya en el empleo de brigada. La Brigada Paracaidista siempre ha sido para mí como una segunda casa. Es una unidad con una gran tradición, muy disciplinada y con un personal extraordinariamente preparado, en la que tuve la oportunidad de trabajar con magníficos profesionales.
Sin embargo, por mi forma de entender la profesión y por mi carácter, siempre he sentido que mi verdadero lugar está en las Operaciones Especiales. Es un entorno muy exigente, donde el trabajo en equipo, la iniciativa y la preparación constante son fundamentales, y es donde personalmente me siento más realizada profesionalmente
¿Por qué decidió acceder a Operaciones Especiales?
Fue durante mi destino en la Legión donde realmente nació esa motivación por exigirme más como profesional. Allí había un ambiente muy fuerte de superación y de mejora continua, en el que muchos compañeros se presentaban a cursos para seguir creciendo dentro de la profesión militar. En ese contexto empecé a plantearme el curso de Operaciones Especiales. Es un curso muy exigente que supone una evaluación muy completa, tanto en el plano físico como técnico y psicológico. Superarlo y poder servir en una unidad de Operaciones Especiales representaba, para muchos militares en aquel momento, el máximo nivel de preparación dentro de las unidades operativas.
Disfrutaba de mi trabajo diario como infante, pero sentía que quería dar un paso más en mi preparación. La posibilidad de servir en una unidad de Operaciones Especiales, preparada para asumir misiones especialmente complejas, fue lo que me llevó a presentarme al curso. Siempre digo que tengo mucho que agradecer a la Legión, porque fue la unidad que despertó en mí una gran motivación por superarme profesionalmente y por seguir creciendo como militar.
¿Cómo fue enfrentarse al curso y superarlo?
En mi caso el acceso al curso no fue inmediato. Los suboficiales con más años de servicio entrábamos en la última preferencia de acceso (en aquel momento con el mismo baremo para hombres y mujeres), lo que significaba que había muy pocas plazas disponibles y era necesario obtener una puntuación muy alta en las pruebas físicas para poder optar a ellas. Por ese motivo me presenté en varias ocasiones y fue en el tercer intento cuando conseguí obtener plaza.
Muchos aspirantes no logran superar el curso...
El curso de Operaciones Especiales es extremadamente exigente, tanto física como técnicamente. A lo largo de las distintas fases se evalúan muchas capacidades: navegación topográfica, tiro, explosivos, montaña, agua o escalada, entre otras. Es un proceso muy completo en el que se pone a prueba no solo la preparación física y técnica, sino también la fortaleza mental.
En mi caso afronté el curso con una idea muy clara: centrarse en el día a día. En un curso así no puedes pensar en todo lo que queda por delante, porque cualquier lesión o cualquier dificultad puede hacer que tengas que abandonar. Lo importante es superar cada jornada, cada semana, paso a paso. Creo que algo que me ayudó mucho fue mantener la serenidad. Intentar no preocuparse más de lo necesario y centrarse en lo que tienes delante en cada momento. Esa mentalidad, junto con el compañerismo que se genera entre los alumnos, fue fundamental para poder superar el curso y alcanzar el objetivo final, que es poder servir en una unidad de Operaciones Especiales.
La instrucción técnica de combate (ITC) es una de las partes más duras del curso, ¿Cómo la recuerda?
Ahora lo recuerdo con una sonrisa, pero en aquel momento no tenía ninguna gracia. Sin duda, la fase de Instrucción Técnica de Combate es una de las partes más exigentes del curso de Operaciones Especiales. Durante esos días el descanso es muy limitado, apenas hay tiempo para comer y el desgaste físico es continuo. El objetivo de esa fase es evaluar hasta dónde puede llegar cada alumno, no solo desde el punto de vista físico, sino también psicológico. Con el paso de los días el cansancio se va acumulando y te das cuenta de que incluso actividades físicas que normalmente realizarías sin dificultad empiezan a costar mucho más.
Recuerdo que al finalizar esa fase el cuerpo estaba completamente agotado. En mi caso llegué a tener una gran retención de líquidos en las piernas debido al esfuerzo acumulado y a los cambios de temperatura durante los ejercicios. Aun así, el cuerpo termina recuperándose bien, especialmente cuando eres joven y estás bien preparado físicamente. Es una fase muy dura y es donde se producen muchas de las bajas del curso, porque realmente es una evaluación muy exigente que sirve para determinar quién está preparado para continuar el proceso y quién no.
Fue la primera mujer en superar el Curso de Operaciones Especiales y en ejercer el mando en unidades de esta naturaleza.
Efectivamente, fui la primera mujer en superar el Curso de Operaciones Especiales para Mandos y posteriormente ejercer el mando en una unidad de este tipo, en mi caso en el GOE IV. Sin embargo, para mí el hecho de ser la primera nunca fue lo más importante. Lo que realmente sentí al recibir el diploma fue una enorme felicidad por haber superado el reto, por haber vencido mis propios miedos y por poder compartir ese momento con mis compañeros y mi familia. Sobre todo, porque suponía acercarme mi objetivo: servir en una unidad de Operaciones Especiales.
¿Qué consejo le daría a los militares que deseen acceder a estas unidades?
El consejo que daría a cualquier militar que quiera acceder a estas unidades es que tenga muy clara su motivación y que se prepare muy bien. Cuanto mejor preparado esté físicamente y técnicamente, más herramientas tendrá para afrontar un curso que es muy exigente y que requiere constancia, disciplina y una gran capacidad de sacrificio. Pero también creo que es importante entender que el curso no debe ser el objetivo en sí mismo. El curso es el medio para poder servir en una unidad de Operaciones Especiales. Si la motivación se queda solo en superar el curso, cuando llegan los momentos más duros —ya sea en fases como la ITC, nieve, escalada u otras partes especialmente exigentes— es más fácil flaquear.
Por eso siempre digo que hay que afrontarlo pensando en la recompensa que viene después: en el trabajo que vas a realizar en la unidad y en la responsabilidad que supone formar parte de un equipo de Operaciones Especiales. Con motivación, constancia y disciplina se puede llegar muy lejos.
¿Cree que hacen falta más mujeres en Operaciones Especiales?
Pienso que en Operaciones Especiales no se trata de que hagan falta más o menos mujeres, sino de que lleguen militares realmente motivados. Son unidades muy exigentes que requieren una preparación constante, una gran capacidad de trabajo en equipo y un fuerte compromiso con la unidad. Lo verdaderamente importante es esa motivación por servir y por asumir ese nivel de exigencia.
¿Qué consejo les daría a aquellas que quieren acceder?
A las mujeres que estén pensando en presentarse, las animo a que se preparen y se presenten, pero les daría el mismo consejo que a cualquier otro militar: que se preparen muy bien y que tengan claro cuál es el objetivo, que es servir en una unidad de Operaciones Especiales. Si se afronta el curso con esa mentalidad y con la preparación adecuada, no tendrán problemas. Además, siempre animo a quien tenga esa inquietud a intentarlo. Servir en una unidad de Operaciones Especiales es una experiencia profesional muy intensa y muy enriquecedora; es un tipo de unidad en la que te sientes plenamente realizado y que, con el tiempo, acaba convirtiéndose también en una auténtica pasión.
¿Qué tipo de misiones realizan en Operaciones Especiales?
Las unidades de Operaciones Especiales se emplean habitualmente en misiones que requieren una preparación muy específica y una gran capacidad de adaptación a entornos complejos. Suelen operar en equipos reducidos, muy especializados, capaces de desplegar con gran autonomía para cumplir cometidos que requieren un alto nivel de preparación técnica y coordinación.
Las misiones principales de operaciones especiales en el ámbito militar son las siguientes: acción directa, reconocimiento especial y asistencia militar. Los cometidos de las unidades de Operaciones Especiales incluyen entre otros: contraterrorismo, contrainsurgencia , TEO (Technical exploitation operations) y contra amenazas híbridas.
¿En qué misiones ha participado usted?
En mi caso tuve la oportunidad de desplegar en Afganistán con unidades de Operaciones Especiales, donde desempeñé funciones como jefe de equipo básico y navegadora. También con OE en dos ocasiones en Mali como misión de EUTM.
¿Cómo es el día a día en una unidad de Operaciones Especiales?
El día a día en una unidad de Operaciones Especiales es muy intenso y está marcado por un nivel de actividad muy alto. Los EO realizan de forma constante salidas de instrucción y adiestramiento, tanto dentro como fuera de la base, participando en numerosos ejercicios y maniobras.
¿Y en su caso concreto?
En mi caso, actualmente desempeño mi trabajo en la Sección de Operaciones, donde una parte importante de la labor consiste en planificar y tramitar todo lo necesario para que esas actividades puedan llevarse a cabo: desde la coordinación y solicitud de campos de tiro, instalaciones… hasta la gestión de los distintos apoyos necesarios para los ejercicios. Es un trabajo con un ritmo muy alto y con bastante carga de gestión, porque detrás de cada salida o ejercicio hay una gran cantidad de planificación y coordinación. Pero al mismo tiempo resulta muy gratificante, porque todo ese esfuerzo permite que los EO puedan realizar su instrucción y mantener el alto nivel de preparación que requieren las unidades de Operaciones Especiales para cumplir con sus misiones. Al fin y al cabo, lo que deseo es que puedan realizar todas las actividades, como cuando yo estaba en EO, que todo lo que planeábamos saliera adelante.
¿Cuál es el mejor recuerdo que guarda de su carrera militar?
Con el paso del tiempo recuerdo prácticamente toda mi carrera con cariño, y los malos momentos me gusta contarlos como anécdotas divertidas. Si tuviera que destacar algo, sin duda serían los momentos compartidos con mis compañeros: la camaradería, el trabajo en equipo y las amistades que se forjan a lo largo de los años y que, en muchos casos, duran toda la vida. Es difícil señalar un único momento, porque son muchos los recuerdos buenos que quedan. Quizá uno de los más significativos para mí fue terminar el curso de Operaciones Especiales.
¿Y el peor?
En cuanto a los momentos más duros, sin duda lo peor es la pérdida de compañeros, ya sea por accidentes o por enfermedad. Cuando se pierde a un compañero queda un vacío muy grande, porque con ellos no solo compartes el trabajo, sino también muchas experiencias y parte de tu vida. En esos momentos lo que queda es recordar los buenos momentos vividos juntos y mantener viva su memoria.
¿Cree que hace falta más cultura de Defensa en España?”
Creo que sería muy positivo reforzar el conocimiento de la historia y de la cultura de defensa en los centros educativos. Cuando estudias la historia militar de España te das cuenta que está llena de hazañas extraordinarias que muchas veces no conocemos, protagonizadas por militares españoles a lo largo de los siglos. Muchas veces se realizaron con medios muy limitados, pero con un enorme valor, ingenio, compromiso y amor por España. Conocer esa historia genera un profundo respeto y también un sentimiento de orgullo por quienes nos precedieron. Además, acercar la realidad de las Fuerzas Armadas a los jóvenes puede ser muy útil, especialmente en una etapa en la que muchos aún están definiendo su futuro. Conocer de cerca qué hacemos y cuáles son nuestras misiones les permite valorar mejor el trabajo que realizan las Fuerzas Armadas, tanto dentro de España —como ocurre, por ejemplo, con la labor de la UME— como en las misiones internacionales en las que participa nuestro país.
También puede ayudarles a descubrir una opción profesional que quizá no se habían planteado. Las Fuerzas Armadas ofrecen una carrera basada en valores como el esfuerzo, la responsabilidad, la lealtad y el compañerismo, y para muchas personas puede ser una experiencia muy enriquecedora. Y en el caso de las Operaciones Especiales, es una unidad especialmente atractiva para aquellos jóvenes con espíritu de superación, gusto por los retos y que buscan una profesión exigente y llena de aventura. Es un entorno duro, pero también profundamente motivador para quienes sienten esa vocación.

Rodrigo Isasi Arce
Redactor de Business Insider España
Rodrigo Isasi Arce es redactor en BUSINESS INSIDER ESPAÑA desde el año 2026, donde escribe sobre Defensa y Espacio, con el foco puesto en la industria de Defensa y las Fuerzas Armadas.


























