



























Safra Catz no responde al perfil clásico de directiva mediática de Silicon Valley, y en lugar de aparecer constantemente en medios de comunicación o redes sociales, ha preferido actuar siempre en la sombra. No ha necesitado de grandes apariciones públicas ni una exposición constante para poder ejercer influencia, siendo capaz de dirigir Oracle en la sombra con un gran acierto, con una gran capacidad para leer balances, cerrar adquisiciones y sostener el crecimiento de la que es una de las empresas tecnológicas más importantes del mundo.
Nacida en Holon (Israel) en 1961, Catz emigró a Estados Unidos cuando aún era una niña con su familia para instalarse en Brookline (Massachusetts). Más adelante desarrolló una sólida formación, estudiando Administración de Empresas en Wharton, en la Universidad de Pensilvania, y después obtuvo un doctorado en Derecho por la misma universidad. Esta combinación fue clave para poder alcanzar el éxito en su trayectoria profesional. De hecho, antes de llegar a Oracle, hizo carrera en Wall Street como banquera de inversión.
Lo hizo en Donaldson, Lufkin & Jenrette, donde llegó a ocupar puestos de responsabilidad antes de incorporarse en 1999 a Oracle, donde rápidamente se convirtió en una pieza esencial de la empresa. Desde el principio estuvo especializada en fusiones y adquisiciones, siendo la encargada de liderar operaciones que han sido claves para Oracle, participando en la compra de decenas de empresas que ayudaron a ampliar el tamaño e influencia del grupo.
Safra Catz ha tenido un papel clave para entender la transformación de Oracle, compañía especializada en bases de datos, software empresarial e infraestructura en la nube. En 2014, ascendió al cargo de codirectora ejecutiva, tras la renuncia de Larry Ellison como CEO, y desde 2019, tras el fallecimiento de Mark Hurd, quedó como única directora ejecutiva de la compañía. Bajo su gestión, las acciones de la compañía han registrado máximos históricos.
La figura de Safra Catz está rodeada de una mezcla de poder y discreción, lo que resulta especialmente llamativo en Silicon Valley, donde abundan los líderes de tecnológicas que se han convertido en grandes celebridades. En su caso, ha optado por mantenerse lejos del escaparate e incluso hay quienes consideran que la ejecutiva es “alérgica” a las entrevistas, encontrándose mucho más cómoda en el segundo plano.
A pesar de ello, ha sabido posicionarse y llevar al éxito a una empresa importante dentro de una industria competitiva y dominada tradicionalmente por hombres. Siempre confesó que la clave estaba en trabajar más duro para conseguir el éxito, y su caso es el perfecto ejemplo de que se puede conseguir crecer sin aparecer constantemente en los medios.
El gran poder de la ejecutiva también se refleja en su patrimonio, con una fortuna estimada que se sitúa por encima de los 3.000 millones de dólares, según Forbes. En el ámbito personal, Catz se encuentra casada desde finales de los 90 con Gal Tirosh, exentrenador de fútbol, y es madre de dos hijos. La propia directiva ha reconocido el papel clave de su marido en la organización especial, especialmente durante los años en los que tuvo que compatibilizar la maternidad con la alta dirección.
En conclusión, Safra Catz no ha construido su influencia y poder con grandes discursos ni con una constante exposición pública, sino con resultados, teniendo su nombre unido a la expansión y crecimiento de una gran empresa a nivel global como es Oracle.
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