



























La proliferación de la inteligencia artificial (IA) en el mercado laboral está convirtiendo a las escuelas de formación profesional en el nuevo objeto de deseo de los inversores.
La divergencia tiene una explicación clara según los analistas. Mientras la IA amenaza con sustituir a perfiles como programadores o asistentes legales, los oficios cualificados parecen mucho menos vulnerables a la automatización.
"Durante los últimos 50 años, todos los padres en Estados Unidos decían a sus hijos: 'no vas a ser mecánico de coches, vas a ir a la universidad'", señala Alexander Paris: 'Todo eso ha cambiado.'
El sector recibe además un impulso adicional de la administración Trump, que ha prometido relocalizar empleo manufacturero y apoyar la formación profesional, canalizando fondos procedentes de acuerdos con universidades de élite.
Además, los números respaldan el optimismo. Los ingresos de Lincoln Educational Services crecieron un 18% el año pasado, y los de Universal Technical Institute un 14%. Ambas compañías cotizan ahora a múltiplos precio-beneficio muy superiores a los de sus competidoras universitarias.
"Lo que yo hago, no sé si existirá dentro de diez años", reconoce el analista independiente Ariel Sokol. "Pero seguirás necesitando a alguien que te repare el aire acondicionado."
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