





















Tras pasar por Tuenti, Jobandtalent, Amazon o Mckinsey, el director de tecnología (CTO) de Mercadona Tech, José Ramón Pérez Agüera, se atrevió a pasar de la teoría a la ejecución, de palabras a hechos, en el uso de la Inteligencia Artificial (IA) para un producto crítico en su empresa: el buscador de su tienda online, la mayor de Mercadona, que en 2025 superó los 1.000 millones de euros de facturación.
Agüera reflexiona sobre las consecuencias de aparcar a un lado un buscador con tecnología externa (Algolia) y apostar por uno 100% propio con codificación hecha con asistencia de IA, bajo la dirección de Agüera y la validación de tres programadores experimentados en tiempo récord. Dentro de Mercadona, la respuesta al planteamiento obtuvo luz verde tras escuchar la presentación de la propuesta.
"Fuera del entorno técnico, a la gente le da igual si lo haces con IA... o lo haces con alegría, como digo yo", cuenta en conversación con Business Insider España, "pero cuando enseñas los números, lo que está provisionado para Algolia a años y lo que nos vamos a ahorrar, pues no hay más preguntas. ¿Voy a tener lo mismo, funciona igual o mejor y cuesta 10 veces menos? Pues no me expliques más".
La filial online de Mercadona funciona casi como una spin-off en el seno del grupo de distribución. Nacida hace ocho años, factura ya 1.000 millones de euros y depende directamente de Juana Roig, directora general e hija del presidente del grupo. Esa independencia y cultura organizativa, asegura Pérez Agüera, ha sido decisiva para avances como reprogramar el buscador con Claude y lanzarse a ejecutar con IA mucho antes que sus competidores. "Siempre hemos tenido un poco más de libertad y de capacidad de probar cosas", admite. "Venimos de esa cultura de código abierto y de conocimiento compartido en comunidad y nos sentimos cómodos con eso".
El ingeniero cuenta que el detonante se produjo en diciembre, cuando aparecieron los primeros indicios serios (Claude Opus) de que los modelos eran capaces de programar bien. "Empezamos a darnos cuenta que cuantas más pruebas hacíamos con programa con IA más cosas hacía la IA, digamos, de manera autónoma", asegura.
A partir de enero y febrero, el equipo de Mercadona Tech empezó a aterrizar la tecnología en proyectos reales, aunque el más visible y de mayor impacto ha sido el nuevo buscador en abril desarrollado entre apenas cuatro personas. ¿Resultado? Una mejora del 85% en la calidad del ranking, cero búsquedas vacías y un ahorro en la cuenta de resultados de unos 140.000 euros anuales.
"Para mí la tecnología siempre tiene que estar al servicio del negocio, aunque hagas mucha innovación, esa innovación se tiene siempre que convertirse en valor tangible del negocio", defiende del CTO de Mercadona Tech. A este respecto, sobre la vorágine actual de casos sobre IA, "lo que falta son ejemplos aplicados y cosas concretas. Lo que sobra es mucho teórico que, al final... pues no sabes por dónde cogerlo", bromea.
Agüera reconoce que la IA está provocando un cambio radical en la industria y comparte su reflexión al respecto: el desarrollador tradicional, entendido como la persona que se dedica a teclear código, está condenado.
"Lo que no se va a necesitar son desarrolladores; lo que se va a seguir necesitando son ingenieros", afirma, aunque cita a Emilio Carrión, miembro de su equipo, para pronosticar el final de lo que llama "mecanografía glorificada", es decir, una tarea compleja en apariencia pero repetitiva como en una línea de montaje.
"Lo que no se va a necesitar son desarrolladores, la gente que escribe código. Lo que se van a necesitar, y se sigue necesitando, son ingenieros", continúa Pérez Agüera. "Escribir código, eso ya no tiene valor. Sí tiene valor decirle al sistema que codifica [la IA] lo que tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer".
En su opinión, esta transición acerca por fin la informática a sus "hermanas mayores", como la ingeniería de caminos o la industrial, dejando atrás un componente artesanal que, en realidad, restaba madurez a la disciplina. En cambio, la nueva era de la tecnología con IA trata de saber dirigir al sistema, supervisarlo y aplicar criterio de ingeniería a los desarrollos tecnológicos o de producto.
Esa redefinición del rol coincide con lo que ya están anticipando los grandes gigantes tecnológicos como Amazon, cuyo consejero delegado, Andy Jassy, aseguró en la conferencia de resultados con los analistas que "cinco personas con mentalidad agéntica habían reemplazado en 65 días el motor de un servicio que habría requerido entre 40 y 50 ingenieros durante un año".
Sobre la cuestión de la ciberseguridad que pone en duda aún a las grandes industrias tradicionales, el CTO rebaja la alarma con un matiz importante: el código generado por IA no es más vulnerable que el escrito por humanos. "Es el mismo código", recuerda.
De hecho, considera que programar con IA puede ser más seguro que hacerlo al modo humano: "Si lo haces con un poco de cuidado es casi menor el riesgo. Porque con IA puedes cubrir muchos más casos particulares y puedes ser mucho más exhaustivo".
El verdadero cambio está en el otro lado del tablero: los atacantes ahora también disponen de IA, lo que reduce la barrera de entrada y multiplica los intentos. "Si te van a atacar con IA, defiéndete con IA, ¿no? Y encuentra las vulnerabilidades propias antes de que las encuentren los de fuera".
En este contexto, el responsable interpreta el lanzamiento escalonado de los nuevos modelos de Anthropic Mythos como un gesto voluntario para dar margen a las empresas a auto-auditarse antes de que esa misma capacidad llegue a manos hostiles: "De manera que luego cuando alguien use [la IA], pues las vulnerabilidades que encontraba ya las ha detectado el equipo que se tiene que defender".
Lo que sí tiene claro es el abanico de amenazas y su peligrosidad es mayor. "Ahora lo puede hacer gente menos experta y le lleva mucho menos tiempo. No es que estés más expuesto, es que tienes mucha más gente que lo tiene mucho más fácil para intentar atacarte", advierte.
Sobre la cuestión de la compra agéntica, objeto de debate entre las empresas que se dedican al comercio electrónico, Pérez Agüera es prudente porque, aunque técnicamente sea posible, la mayoría de empresas no ha dado el paso de exponer su catálogo para que cualquier agente IA opere sobre él, considera que el cuello de botella no es la tecnología, sino el hábito del usuario.
"La gente todavía no le da su tarjeta de crédito a un agente para que le compre un viaje", resume y lo califica como algo razonable. Eso sí, calcula que la madurez llegará en uno o dos años, seguida de un periodo adicional de adaptación social entre los usuarios, clientes, compradores o, como los denominan de forma original en el universo mercadoniano, 'los jefes'.
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