





















El CEO de Nvidia afirmó que la ascensión de la compañía estuvo marcada por años de humillación y el riesgo permanente de hundirse. Huang reconoció que no volvería a fundar la empresa conociendo el coste personal que implicó. Para sobrevivir a los años más oscuros de Nvidia, dijo, fue necesario "olvidar el día anterior".
El CEO del fabricante de semiconductores relató que dirigir la compañía le exigió años de presión, humillación, sustos de quiebra y sacrificio personal. ¿Volver a empezar con Nvidia desde cero? Jensen Huang lo descarta sin dudar.
En una entrevista en el pódcast How I Built This, de Guy Raz, publicada el lunes, Huang reflexionó sobre los años de presión, humillación, amenazas de bancarrota y sacrificio personal que acompañaron la transformación de Nvidia en la empresa de semiconductores más valiosa del mundo —con una capitalización de mercado de 5,3 billones de dólares— y en la fuerza dominante detrás del boom de la IA. Nvidia fue fundada en 1993 y salió a bolsa en 1999.
"Supón que entonces ya sabía todo lo que sé ahora: lo difícil que es, todo el dolor y el sufrimiento, toda la vergüenza y la humillación, todos los reveses", dijo Huang, planteándose si lo volvería a hacer. "La respuesta es, rotundamente, no."
El precio del éxito
El multimillonario CEO aseguró que muchos fundadores minimizan el desgaste emocional de construir una empresa porque la gente solo se fija en el resultado final.
"Si la pregunta es si, sabiendo cómo ha resultado Nvidia, conociendo la contribución que hemos hecho al mundo, conociendo el impacto de la compañía hoy en día en tantas industrias y todos los beneficios que hemos obtenido gracias a nuestro éxito, ¿amo todo eso? La respuesta es sí", dijo Huang. "Pero esa no era la pregunta."
Huang describió los períodos de mediados de la década de 2010 en los que la cotización de Nvidia se desplomó mientras la empresa seguía invirtiendo dinero en CUDA, la plataforma de software que más tarde se convertiría en la base de los sistemas modernos de IA. Durante la crisis financiera de 2008, las acciones de Nvidia cayeron aproximadamente un 85% desde sus máximos de finales de 2007. En aquel momento, muchos inversores dudaban de la estrategia.
"Era vergonzoso. Era humillante", dijo Huang. "Eres la única cara a la que todo el mundo odia. Es probable que tus propios empleados sientan vergüenza ajena."
Nvidia también sobrevivió a varias crisis existenciales durante sus primeros años, entre ellas chips fallidos, despidos y momentos en los que Huang creía que la empresa estaba a solo unas semanas de quedarse sin dinero. En 1996, Nvidia estuvo a punto de cerrar tras no conseguir entregar un chip gráfico para Sega. Fue la propia Sega quien le proporcionó una inversión de cinco millones de dólares que mantuvo a la empresa a flote.
"Vas a quebrar. Vas a tener que despedir gente", dijo Huang, describiendo la realidad de una startup.
Olvidar el dolor
Huang afirmó que la única forma de resistir fue entrenarse para no recrearse en los reveses. "Me pasé todo el tiempo olvidando el día anterior", dijo. "¿Qué les enseñan a los deportistas? Olvida el último punto."
El CEO también reflexionó sobre el coste personal del ascenso de Nvidia. Huang reconoció que se perdió muchos torneos de kárate de sus hijos mientras compaginaba un trabajo sin descanso con el posgrado en Stanford. "Me perdí mucho", admitió, elogiando a su mujer por "encargarse de todo".
Aun así, Huang afirmó que el éxito de Nvidia vino de mantenerse fiel a ideas que otros descartaban, en especial la convicción de que las tarjetas gráficas podrían algún día impulsar una nueva era de la computación más allá de los videojuegos.
"Creo que mucha gente olvida el dolor y el sufrimiento necesarios, la resistencia necesaria para hacer algo grande", dijo Huang. "Es porque siempre estás mirando hacia adelante y olvidando el pasado."
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