













Hay muchos convencidos del potencial de SpaceX. El futurista jefe de ARK Invest, Brett Winton, la calificó recientemente en una entrevista con Business Insider como "la empresa más importante del mundo en términos de cómo será el futuro".
El multimillonario fundador de Coatue Management, Philippe Laffont, cree que SpaceX formará parte de la próxima generación de las denominadas 'Siete Magníficas'. El gigantesco fondo Contrafund de Fidelity Investments valora su participación en SpaceX en unos 8.000 millones de dólares, lo que la convierte en su quinta mayor posición, por encima de Alphabet, Microsoft y Apple.
Sin embargo, la historia de la próxima salida a bolsa de la empresa de cohetes de Elon Musk no girará en torno a convencer a gestores de activos escépticos sobre sus perspectivas de crecimiento ni a persuadir a sus seguidores más fieles para que redoblen su apuesta.
De hecho, puede que apenas haya historia que contar. A pesar de la llamativa valoración y de la recaudación récord que persigue la operación, se espera que el roadshow y la oferta inicial sean procesos relativamente sencillos y sin grandes sobresaltos, según tres personas implicadas en distintos ámbitos de los mercados de capitales y relacionadas con la operación.
El objetivo de 135 dólares por acción (en lugar de un rango de precios más amplio que normalmente se ajustaría tras las reuniones con fondos en Nueva York, Boston, Los Ángeles y otras ciudades) es un ejemplo de cómo esta gira tendrá más de trámite que de auténtico ejercicio de valoración por parte de los inversores, según un banquero que trabaja en la operación.
En cierto sentido, SpaceX es la primera salida a bolsa demasiado grande para fracasar. O, dicho de otra manera, es tan grande que no puede fracasar.
Los principales proveedores de índices bursátiles, que determinan el destino de billones de dólares gestionados de forma pasiva, han modificado sus normas para incorporar a la compañía más rápido que nunca, proporcionando un respaldo institucional a los inversores de la OPV.
Por ejemplo, el Nasdaq 100 cambió sus reglas para que SpaceX pueda entrar en el índice en solo 15 sesiones bursátiles, en lugar de esperar tres meses. Su incorporación al FTSE Russell 1000 podría producirse apenas cinco días después de comenzar a cotizar, gracias a una revisión normativa aprobada a finales de mayo.
"Lo único que tienen que decidir los gestores de cartera de los grandes inversores ancla es si quieren estar infraponderados o sobreponderados en la compañía", afirmó el banquero. "Van a estar invertidos de cualquier forma".
Varios inversores señalaron que la OPV más comparable es la de Facebook en 2012, debido a su tamaño (captó más de 16.000 millones de dólares con una valoración de 104.000 millones) y a su estructura accionarial favorable al fundador.
En los 14 años transcurridos desde entonces, los inversores se han mostrado cada vez más cómodos con este tipo de estructuras, como demuestra la experiencia de Tesla, también dirigida por Musk, y al mismo tiempo han incrementado su apetito por las salidas a bolsa vinculadas a la tecnología.
La prevista captación de 85.000 millones de dólares por parte de Google (cuyo primer tramo ya registró una demanda superior a la oferta) es la prueba más reciente de que los gestores de activos están dispuestos a lanzarse sobre cualquier acción relacionada con la inteligencia artificial.
Además, SpaceX cuenta con una larga trayectoria en los mercados privados. Cerró su ronda Serie A en 2002 y alcanzó la categoría de unicornio en 2010. Eso implica que existen menos interrogantes sobre sus cuentas y valoración que en el caso de compañías más pequeñas que salen a bolsa, según explicaron a Business Insider dos inversores que están analizando la operación.
La fusión con xAI en febrero también proporcionó a banqueros e inversores referencias adicionales para valorar la empresa, añadió uno de ellos. El tamaño sin precedentes de la oferta constituye por sí solo una razón para participar en ella, según Jay Ritter, profesor de la Universidad de Florida conocido como 'Mr. IPO' por sus estudios sobre salidas a bolsa.
"La magnitud de esta operación importa, y mucho", afirmó. "Si se tratara de una OPV tecnológica corriente de 3.000 millones de dólares y no la tuvieras en cartera, no pasaría nada".
Pero en el caso de una empresa que será incorporada rápidamente a índices "insensibles al precio" y que se convertirá de inmediato en una de las mayores compañías cotizadas del mundo, el razonamiento es distinto, añadió Ritter. "Los ETF tecnológicos y los fondos de inversión van a querer tener esa exposición".
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