














La inteligencia artificial ya no es solo una promesa de productividad o un ladrón de empleos. También está alterando el reparto de los salarios en España. Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid y la London School of Economics concluye que, entre 2015 y 2019, la desigualdad salarial habría sido un 9,9% menor si la IA no hubiera empezado a expandirse en el mercado laboral.
El análisis sitúa la automatización como un factor estructural de la brecha salarial de las dos últimas décadas. Añade además otroa idea fundamental. Según las conclusiones de los autores, la IA no replica exactamente el mismo efecto que las máquinas o los algoritmos más clásicos. Mientras la automatización tradicional tiende a presionar los salarios intermedios, la IA empuja sobre todo la parte alta de la distribución, favoreciendo a los perfiles más cualificados.
La investigación, titulada New Technologies and the Rise of Wage Inequality, analiza el mercado laboral español entre 2000 y 2019 y utiliza un enfoque contrafactual para estimar qué habría pasado con los salarios si la tecnología no hubiera intervenido. En ese escenario alternativo, la desigualdad salarial medida por el índice de Gini habría sido un 21,5% menor en 2019 por el efecto de la automatización, y un 9,9% menor en el tramo 2015-2019 por la irrupción de la IA.
De esta forma, la tecnología no solo cambia qué tareas se hacen, sino también quién se queda con una mayor parte del pastel salarial. En lugar de repartir las ganancias de productividad de forma homogénea, el cambio tecnológico está reforzando la posición relativa de los trabajadores más altos en la escala salarial.
Para llegar a esas conclusiones, los autores combinan datos salariales de la Encuesta de Condiciones de Vida y del Panel de Hogares del INE con información ocupacional de más de 400 grupos de trabajadores. A partir de ahí, desarrollan un nuevo indicador de automatización, el denominado índice "Unfixed", diseñado para captar cómo las tareas de una ocupación cambian con el tiempo cuando entra nueva tecnología, algo que los índices tradicionales no recogen bien,
Ese matiz metodológico es importante. Según el estudio, algunos trabajos se vuelven más rutinarios y automatizables, mientras otros se transforman en ocupaciones menos expuestas a la sustitución por máquinas. Para medir la exposición a la IA, además, los autores emplean dos indicadores distintos de la literatura internacional, lo que les permite separar mejor el efecto de la automatización clásica del impacto inicial de la inteligencia artificial.
El principal damnificado por la automatización ha sido el centro de la distribución salarial. El estudio estima que, sin ese efecto, el 10% de trabajadores con mayores ingresos habría tenido una cuota salarial un 3,9% menor, mientras que el 50% con menos ingresos habría ganado 0,83% de participación salarial y el 10% más pobre habría mejorado en 2,2%.
Los salarios intermedios pierden peso, mientras los extremos de la distribución aguantan mejor o incluso mejoran. En otras palabras, las tareas rutinarias que suelen concentrarse en empleos administrativos, industriales o de gestión estandarizada son las que más sufren el reemplazo tecnológico. El resultado es un "vaciamiento" de la franja media salarial, una tendencia que el estudio describe como una redistribución de renta desde el centro y la base hacia la parte alta.
"Este proceso provoca un 'vaciamiento' de los salarios medios: los trabajadores de ingresos intermedios pierden terreno mientras los extremos de la distribución —los más y los menos remunerados— se mantienen o incluso mejoran su posición relativa", apuntan los autores
El estudio detecta asimismo que los trabajadores con menor nivel educativo sufren un impacto salarial negativo casi tres veces mayor que los universitarios. También aparecen entre los más afectados los jóvenes con baja formación y, entre los grupos vulnerables, las mujeres mayores con menos estudios.
En el lado contrario, los trabajadores de más edad y mayor cualificación tienden a complementar la tecnología en lugar de competir con ella.
El estudio calcula además que, sin automatización, la brecha salarial entre quienes tienen estudios superiores y quienes cuentan con menor formación habría sido un 43% menor en 2019. La educación, por tanto, actúa como el gran cortafuegos frente al impacto desigual de la tecnología.
Ante estos resultados, los autores proponen dos vías principales para amortiguar los efectos distributivos de la transformación tecnológica.
La primera pasa por reforzar la educación y la formación continua, especialmente en habilidades menos rutinarias como el pensamiento crítico, la creatividad y la gestión. La segunda apunta a la fiscalidad. En muchos países, incluida España, el diseño tributario favorece la inversión en capital frente a la contratación de trabajo, lo que puede acelerar la automatización incluso cuando el salto de eficiencia es limitado.
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