






















Desde que comenzó la guerra de Irán, la economía global afronta la mayor disrupción de la historia en el mercado petrolero pero también en otras materias primas críticas que han puesto al descubierto la vulnerabilidad de la cadena de suministro global. Desde el gas natural para la generación eléctrica a los fertilizantes para los cultivos o el subproducto CO2 industrial para la industria alimentaria.
Bajo la sombra del petróleo y los destilados que se obtienen del mismo, una de las cotizaciones que ha despertado más expectación es el queroseno y, en particular, el Jet Fuel, la variedad que consumen los aviones, cuyo suministro está en peligro en Europa para finales de mayo, según advirtió la Asociación Internacional de la Energía (AIE).
Sin embargo, si un inversor mira las pantallas de negociación nada indica que eso sea así. Los precios se siguen formando, las órdenes de compra y venta se cruzan en los libros de los brókers, pero los operadores especializados están inquietos porque los mercados financieros puede que no estén reflejando la realidad.
Es ahora en abril cuando se deberían liquidar los contratos de petróleo que se negociaron durante las primeras semanas de la guerra. Aunque habitualmente el precio del petróleo al contado es más caro, al incorporar el coste de transportarlo, con la actual crisis la prima física tiene además otra geopolítica y bélica por el riesgo de ataque a los barcos y la pérdida de la millonaria carga.
La propia AIE señaló que se habían cruzado contratos de entrega física de petróleo al contado en 150 dólares, como publicó Business Insider España, apuntando a un desfase en el mercado debido al riesgo de pérdida de suministros. La referencia velada al cierre del Estrecho de Ormuz recuerda que la guerra está generando un elevado grado de desconfianza entre los inversores y los mercados organizados.
Los acuerdos bilaterales de envío de petróleo entre Irán y sus clientes no se han visto afectados desde que el 28 de febrero estalló el conflicto, ya que la propia AIE constata en su informe que Teherán ha exportado más crudo desde entonces que antes. Todo cambió la semana pasada con la declaración de bloque naval por parte de EEUU y el primer ataque documentado a un carguero comercial iraní por parte de la Armada estadounidense durante este fin de semana.
La denominada ruta iraní que bordea su costa había esquivado el bloqueo de forma extraoficial gracias al pago de peajes en critptomonedas de hasta 1 dólar por barril transportado (hasta 2 millones de dólares en un superpetrolero) a la Guardia Revolucionaria islámica, pero esta situación apenas ha facilitado el paso de unas pocas decenas de buques, según el seguimiento de agencias como Reuters, Bloomberg o Kpler que están observando Ormuz.
Para rizar el rizo, la pérdida de parte del suministro de crudo desde el Golfo Pérsico a Asia ha provocado que las grandes refinerías de combustibles en China o India tengan que reducir su producción, impulsando los precios del diésel a nivel global y provocando que se hayan disparado los precios del barril de combustible para aviones hasta un 140% respecto al año pasado por esas fechas.
Según los datos que publica la patronal de aerolíneas IAT, el barril de Jet fuel cotiza cerca de los 210 dólares en Asia, en torno a los 200 dólares en Oriente Medio y en 190 dólares en Europa.
En cambio, Norteamérica (EEUU, Canadá) todavía disfruta de una cotización de 166 dólares por barril de carburante para aeronaves, hasta un 25% más barato que en otros geografía.
Las cotizaciones oficiales se han disparado muy por encima de lo que sucedió en 2022 con la guerra de Ucrania y el despliegue de sanciones sobre Rusia, uno de los mayores exportadores en cualquier categoría de materia prima. Entonces, el promedio del Jet fuel apenas llegó a los 180 dólares. Ahora, la diferencia es que los operadores pueden negociar contratos que pueden verse incumplidos, como resaltó la AIE en su advertencia de la semana pasada.
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