























La era de Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos ha comenzado oficialmente. Apenas lleva una semana como presidente y la atención de los inversores comienza a centrarse en cómo será su estreno el próximo 16 y 17 de junio. Esa reunión del comité FOMC (el que toma las decisiones de tipos) será el primer punto de contacto con una de las personas más poderosas del mundo en el ámbito de la economía y los mercados financieros.
Warsh asume de serie el doble mandato estatutario (inflación y empleo-crecimiento) pero en realidad, oficiosamente, los mercados ven tres misiones difíciles de cuadra entre sí: domar una inflación recalentada por la energía (guerrán de Irán), satisfacer a un presidente que exige tipos más bajos (Trump) y defender la teoría deflacionista sobre la inteligencia artificial (la IA bajará precios y facilitará bajar tipos, según Warsh) que muchos cuestionan.
El simbolismo de su estreno, como recuerda el último The Economist, fue revelador: "por primera vez en casi 40 años, el presidente de la Fed juró su cargo en la Casa Blanca, un escenario insólito para el responsable de una institución que se enorgullece de mantener las distancias con la política. Trump instó a su 'paloma antiinflacionista' elegida a dedo que debía ser 'totalmente' independiente".
Warsh asume el cargo en plena tormenta macro, el territorio en el que se mueve Trump a sus anchas. Como resume Richard Clarida, asesor económico global de PIMCO y antiguo vicepresidente de la propia Fed, Kevin "llega al banco central en un periodo de turbulencias macroeconómicas. La inflación en Estados Unidos sigue por encima del objetivo declarado por la Fed, presionada por los conflictos geopolíticos y los precios de la energía".
Clarida añade un matiz que define todo el reto: "Las fuerzas contrapuestas que marcan las perspectivas económicas de EEUU plantean riesgos para ambos lados del doble mandato de la Fed (estabilidad de precios y máximo empleo) y sugieren que el banco central podría permanecer en modo de espera durante bastante tiempo, posiblemente incluso más allá de 2026".
Las actuales estadísticas explican esa cautela. Después de 3 meses de guerra en el Golfo Pérsico y bloque de Ormuz, los precios mundiales del petróleo rondan los 100 dólares por barril, lo que mantiene a su vez elevados los precios de la gasolina, queroseno, fertilizantes... Las finanzas personales de los hogares americanos llegan al verano con tensión en los costes y el endeudamiento en tarjetas, préstamos personales y, especialmente, en las hipotecas.
"Tras cinco años consecutivos de inflación por encima del objetivo del 2% de la Fed, con un encarecimiento acumulado de los precios cercano al 25%, muchos estadounidenses siguen sufriendo una crisis de poder adquisitivo. Si la inflación se reacelera, podría verse obligado a subir los tipos de interés, justo lo contrario de lo que Trump tenía en mente", advierten Roger Ferguson y Maximilian Hippold, economistas del think tank Council on Foreign Relations (CFR)
El panorama interno de la Fed tampoco ayuda con una polarización en el voto de los gobernadores que no se veía desde principios de los años 90. En la pasada reunión de abril, cuatro de los doce miembros votantes del FOMC se rebelaron contra la decisión de mantener tipos o del lenguaje de la declaración de política monetaria que hace la Fed. La disidencia tiene que ver también con el alto nivel de incertidumbre económica y la desigualdad dentro de EEUU.
"Warsh es una figura segura y persuasiva, y como presidente puede orientar las discusiones de la Fed en la dirección que considere adecuada, pero la política monetaria seguirá siendo una decisión colegiada", advierte Clarida, de Pimco, apuntando a que el nuevo jefe de la Fed mostrará desobediencia a la Casa Blanca desde el minuto uno, para poder ganarse el liderazgo dentro de la Fed.
"En la práctica, el poder de un presidente de la Fed reside en la persuasión, no en la acción unilateral. Warsh necesitará reunir una mayoría, es decir, al menos otros seis miembros con derecho a voto dentro del FOMC para implementar cualquier cambio importante", añade el experto de la mayor gestora de bonos del mundo.
Desde el CFR también coinciden en esa tesis, al tiempo que pronostican que esa búsqueda de consenso interno es lo que marcará la gobernanza de Warsh durante próximos meses: "En sus primeros cien días, los estadounidenses pueden esperar que Warsh anuncie grupos de trabajo encargados de examinar sus prioridades declaradas... La profunda reforma institucional que Warsh ha esbozado en los últimos meses no ocurrirá de la noche a la mañana; será un proceso deliberado y prolongado".
¿Qué Fed quiere construir Warsh? Vis Nayar y Ray Farris, director de inversiones y economista jefe de la firma Eastspring Investments, dan algunas pistas a partir de sus intervenciones públicas. "Warsh ha defendido recientemente que la entidad debería ceñirse a un mandato más limitado, centrado en la estabilidad de precios como condición previa para el empleo", señalan.
También detectan su preferencia por las reglas frente a la discrecionalidad: "El nuevo presidente parece preferir un enfoque de política monetaria basado en reglas. Por ejemplo, la regla de Taylor... La mayoría de los modelos de la regla de Taylor parecen indicar que los tipos de interés están en niveles demasiado bajos, no demasiado altos", advierten Nayar y Farris.
Sobre la limitación de poderes de la Fed, el mejor ejemplo es su rechazo de la expansión cuantitativa (compra de bonos). Según Eastspring, Warsh "define la compra de activos del banco central como 'política fiscal encubierta'... estas compras benefician de manera desproporcionada a los propietarios de activos financieros, que representan una minoría de la población, a costa de generar una inflación que sí recae sobre la mayoría".
De hecho, el balance del banco central se ha disparado "de menos de un billón de dólares antes de la crisis a más de seis billones en la actualidad", añaden Fergusson y Hippol, del CFR, con lo que "aplicar cualquiera de las dos herramientas de forma demasiado agresiva entraña riesgos para la economía".
Otra ruptura con la era Powell sería el fin del forward guidance o guía a futuro de los pasos a dar. "Warsh ha expresado su escepticismo respecto a la comunicación pública de la Fed: dicho de forma sencilla, cree que los responsables del banco central hablan demasiado". El CFR llega a sugerir que el diagrama de puntos (fo-plot) "podría convertirse en una reliquia del pasado bajo su liderazgo".
Desde la gestora Eastspring tocan un último palo, el más novedoso, de lo que puede deparar la era Warsh. "Ha defendido recientemente que el auge de la inteligencia artificial impulsará el crecimiento de la productividad, tendrá un efecto desinflacionista estructural, y podría justificar recortes preventivos de los tipos de interés", aseguran. El riesgo es que Warsh busque anticiparse a esa deflación futura sin esperar a que los datos la confirmen, algo que está pasando ahora.
Como advierten Ferguson y Hippold, "que ese argumento se sostenga, sin embargo, está lejos de ser seguro. Las interrupciones en el suministro de energía y otros bienes esenciales derivadas del conflicto en curso en Oriente Próximo amenazan con reavivar las presiones inflacionistas, lo que podría limitar el margen de maniobra de Warsh".
De hecho, los inversores están cambiando de opinión como muestran los futuros sobre los movimientos de la Fed. Según Eastspring, "los mercados descuentan una probabilidad del 76% de que el banco central suba los tipos antes del cierre de año". En cualquier caso, todas las expectativas y previsiones volverán a cambiar a partir del 17 de junio, cuando publicará su primera decisión y comparecerá ante los medios en rueda de prensa. El mensaje y lenguaje no verbal de Warsh ese día será fundamental para tomar el pulso a su credibilidad.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。