






















Miguel Arias no necesita presentación. General partner en K Fund, gestora estrella del ecosistema español, a Arias siempre le ha tirado la escritura. Además de poeta, el ex de Carto y Telefónica alimenta desde hace años Emprender a Golpes, un blog cuyo trabajo preludia de algún modo el título publicado con Anaya Multimedia a finales de mayo: El Latido de tu Startup.
Cuesta muy poco imaginar a ese chaval dispuesto a jugársela con una empresa tecnológica abordando a Arias para robarle un minuto y explicarse su idea. Aunque el autor no orienta su libro a ese perfil, sino a quien ya dispone de un equipo y los primeros clientes, siempre disfruta de esa pausa orientativa. “Me hacen ilusión esos momentos. En lo que suelo fijarme más es en ese punto tan hermoso de ingenuidad, porque al final se trata de ir contra la estadística. Lo que me atrae menos es el concepto de la perseverancia a cualquier precio”, explica a Business Insider España.
El nombre del blog no es una mera licencia creativa. Emprender equivale a fajarse como un boxeador: hay que resistir los golpes, esquivar el knock out y “aprender de las tortas para que te lleven a algún sitio”. En su ensayo, y en línea con lo anterior, sugiere Arias un conjunto de reglas. Una consiste en estar preparado para la adaptación. Otra en cultivar la “salud organizativa”, esto es, en asegurarse de que las piezas que conforman el mecano están bien pegadas incluso si hay disparidad de opiniones. La tercera aborda “la gestión del sentido de urgencia”: la prisa es uno de los mayores activos del emprendedor, siempre que tenga cadencia. En cuarto lugar, hay que saber administrar el momentum, tanto si se atraviesa una crisis como si se vive una época de vacas gordas. Y el mensaje final incide en la hegemonía de las personas sobre las propias reglas propuestas.
Del mismo modo que a una gestora de venture capital le resulta imposible pasar de administrar 200 millones a enredarse con 1.500, una startup no puede pretender profesionalizar de golpe todas sus áreas. Partidario de lo paulatino, Arias indica que la faena suele comenzar con la construcción de la cultura de empresa, “que debe abordarse sin esperar demasiado, al alcanzar los 20-25 primeros empleados”. Familiarizado con la gran corporación, el inversor español desliza un matiz: “También las grandes compañías pueden dotarse de las cadencias y enganches culturales de una scaleup, pero hay que tener muchas ganas de desaprender lo aprendido”.
Participar en el dealflow de una gestora, haber creado una empresa o trabajar unos años para una de las firmas más relevantes del IBEX son ingredientes que dotan a Arias de perspectiva. Se amplifica el latido de la startup hasta convertirlo en el latido del ecosistema para que el hombre emita un veredicto sobre el momento del emprendimiento en España. “Es un latido potente, aunque aún es el latido de un adolescente. Hay energía, compañías con potencial, inversiones en fases de crecimiento que antes no existían y fondos que vienen de fuera y muestran mucho interés. Lo que falta es competir en el mundo adulto y eso pasa por contar con figuras que hayan sabido escalar con proyectos previos, por más capital disponible en etapas growth y por aquilatar la ley de startups y el marco jurídico” para hacerlos más amigable.
Reserva Arias a la inteligencia artificial un apartado en el libro a sabiendas de que “podía quedar desfasado por lo rápido que avanza el fenómeno”. En el texto recuerda el autor que hay que integrar 100% a los agentes autónomos como si fuesen miembros de pleno derecho de los equipos. Ahora, transcurridos unos meses desde la escritura original, añade Arias otra reflexión: “Cada persona puede trabajar ya como un manager gracias a esos agentes”. Es la era del supertrabajador que a la vez orquesta a sus hormigas digitales.
Universal es a estas alturas el síndrome del burnout y más implacable aún golpea esa epidemia en la sien del emprendedor. Aboga El Latido de tu Startup por ser consciente de lo que drena y aporta energía, alude al posibilismo y al humanismo y recuerda que la cabezonería suele terminar con la osamenta física y mental del protagonista hecha trizas. Arias rescata un concepto atribuido a Marc Andreessen: el KPI de la amistad, es decir, invertir tiempo en esas cosas que no escalan, ni aportan dinero o fama. En su caso, por ejemplo, esos KPIs se traducen en pasar tiempo en familia o escaparse solo un par de días a la montaña.
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