


























SpaceX y OpenAi están llamadas a protagonizar los dos estrenos bursátiles del año, pero sus valoraciones billonarias multiplican, y mucho, el caudal habitual de Wall Street.
Uno de los temores cuando la saudí Aramco puso en marcha su OPV billonaria en diciembre de 2019 era que 'secase' el mercado y provocase una venta de acciones en otros valores. Dos meses después, aquella idea cayó en el olvido debido a que la crisis de Covid-19 borró la normalidad y la liquidez de los bancos centrales lo inundó todo.
Seis años y medio después de que la petrolera estatal vendiese apenas el 1,5% de sus acciones para recaudar unos 30.000 millones de dólares, (con una valoración de 1,7 billones), otras dos mega-salidas a bolsa aguardan su turno en la cola de Wall Street para saltar al parqué. Lo hacen con la euforia en los talones, los índices en máximos históricos y una sensación de invencibilidad en todo lo que rodea a la tecnología.
Pero los inversores deben ser, como poco, muy cautos. SpaceX, el conglomerado aeroespacial, de telecomunicaciones e Inteligencia Artificial, parece contar con la operación más avanzada y esperada. OpenAi es una incógnita. Las últimas valoraciones conocidas para ambas antes de que coticen se sitúan en 1,75 y 0,9 billones, respectivamente, aunque la verdadera cuestión es cuánto buscan recaudar, qué negocios sacan a bolsa y qué porcentaje. Mientras sus fundadores siguen a la gresca en los tribunales aportando más sombras que luces al destino de ambas empresas.
El riesgo de ambas operaciones no es despreciable, aunque apenas vendan una porción pequeña de su capital. Absorber dos colocaciones que requieran entre 80.000 y 120.000 millones obligará a muchos inversores institucionales a vender posiciones tecnológicas para hacer hueco en cartera. Si los debuts decepcionan, el efecto contagio sobre el relato actual de la Inteligencia Artificial puede ser dañino. Si triunfa, alimentará una espiral de valoraciones que muchos analistas ya califican de burbuja. Anthropic, creadora de Claude, observa impaciente los pasos de sus rivales aunque el boom de ingresos, usuarios e inyecciones de capital que está recibiendo por parte sus grandes accionistas como Amazon, Alphabet o Nvidia parece situarle por el momento en un segundo plano.
La opacidad sigue siendo el común denominador de las dos compañías que aspiran a redefinir el mapa bursátil del año. Tanto Elon Musk como Sam Altman se han guardado bien las espaldas para que apenas trasciendan números reales de sus respectivos negocios con el fin de evitar que la competencia, bien en EEUU o sobre todo en China, reaccione de modo instantáneo.
Para SpaceX, esas estimaciones sitúan los ingresos de 2024 en torno a los 10.000 a 15.000 millones de dólares, frente a 8.700 millones en 2023, con su operadora satelital Starlink aportando más de dos tercios del negocio. Aunque el área aeroespacial o de inteligencia artificial aportan un disfraz novedoso al grupo, en realidad, las métricas financieras que los inversores van a ver tienen que ver más Telefónica, Digi u Orange que con el espacio.
OpenAI ofrece un retrato menos amable, sobre todo, después de haber tropezado en carrera de crecimiento. La directora financiera, Sarah Friar, confirmó en enero un horizonte de 20.000 millones de ingresos cierre de 2025, frente a 6.000 millones en 2024 y apenas 2.000 millones en 2023. Sin embargo, ahora los mentideros sitúan a la dueña de ChatGPT con problemas para alcanzar sus objetivos, más pérdidas de las esperadas y una realidad que le ha obligado a renunciar o postergar algunas de sus inversiones.
Cuestión aparte merece la proliferación de vehículos de inversión con deuda que han surgido como setas alrededor de Openai para financiar sus centros de datos. El riesgo de que se transformen en pérdidas crediticias si la apuesta sale mal es alto. Sus accionistas actuales y futuros deberán acarrear con todas las cargas ocultas con las que se suba al altar de Wall Street.
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