


























Kevin Warsh ha jurado este viernes su cargo como decimoséptimo presidente de la Reserva Federal en una ceremonia celebrada en la Casa Blanca, la primera de estas características en ese escenario desde que Ronald Reagan recibió a Alan Greenspan en 1987.
Durante el evento, Donald Trump no ha decepcionado en el registro de las contradicciones. Ha animado a Warsh a actuar con plena independencia, "que no me mire a mí, que no mire a nadie, que haga lo suyo", pero ha dejado entrever que espera que el nuevo presidente entienda que "cuando la economía está en auge, eso es algo bueno" y que "no tenemos que volvernos locos". El mismo Trump que el mes pasado declaró que le decepcionaría que Warsh no bajara los tipos de inmediato.
El mercado, por su parte, ya no espera que haya bajada de tipos. Según Bloomberg, los swaps de tipos de interés reflejan una subida de 25 puntos básicos para finales de 2026, con diciembre como fecha más probable.
El detonante inmediato ha sido una declaración del gobernador de la Fed Christopher Waller, uno de los miembros más influyentes del comité de política monetaria, quien ha afirmado que la próxima medida del banco central tiene las mismas probabilidades de ser una subida que una bajada. Sus palabras han empujado el rendimiento del bono estadounidense a dos años por encima del 4,14%, su nivel más alto desde febrero de 2025.
A principios de año, la llegada de Warsh había alimentado en Wall Street las expectativas de varios recortes en 2026. Esas apuestas se evaporaron cuando Israel y EEUU atacaron Irán a finales de febrero. Desde entonces, el cierre efectivo del estrecho de Ormuz ha disparado los precios de la energía y los alimentos, llevando el IPC interanual al 3,8% en abril, su nivel más alto desde 2023.
Powell, por su parte, ha roto con el precedente histórico y permanece en la Junta de Gobernadores hasta enero de 2028. Él mismo ha explicado que las constantes amenazas legales contra su persona y contra el banco central no le dejaron otra opción. Su presencia en la institución será, en sí misma, otro frente de tensión para el nuevo presidente.
"Nuestro mandato en la Fed es promover la estabilidad de precios y el máximo empleo", afirmaba Warsh tras prestar juramento. "Cuando perseguimos esos objetivos con sabiduría y claridad, independencia y determinación, la inflación puede ser menor y el crecimiento más sólido", concluye.
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