
























La reapertura del Estrecho de Ormuz todavía está a prueba en espera de que se valide el acuerdo de paz entre EEUU e Irán. Pero los operadores energéticos ya se han adelantado a un escenario inesperado: unos precios de petróleo y gas para 2026 más baratos que antes de la guerra. Después de 110 días de ataques y bloqueos marítimos, todo parece volver a su ser aunque, en realidad, el tablero energético ha cambiado de forma notable después de que los viejos consensos en el seno de la OPEP se hayan hecho añicos.
Los viejos consensos en el seno de la OPEP se han hecho añicos tras la salida de Emiratos Árabes Unidos del cartel y el refuerzo de la posición de EEUU como árbitro del mercado por su capacidad excedentaria. Justo el escenario buscado por el Gobierno Trump, que ha logrado por un lado cerrar acuerdos de suministro de largo plazo con decenas de países que buscaban suministro seguro. Por otro, precios más altos de los que el mercado está dispuesto a ofrecer.
De hecho, la recuperación de Ormuz como fuente de suministro pude inundar en las próximas semanas al mercado. El petróleo Brent cotiza en torno a 78 dólares por barril y el WTI ronda los 75 dólares, una caída cercana al 40% desde los máximos por encima de los 120 dólares alcanzados en abril, según datos del ICE.
Lo que hace tres meses era una emergencia inflacionista empieza a parecerse a una ola deflacionista en la energía. Raphael Olszyna-Marzys, economista internacional de J. Safra Sarasin Sustainable AM, señala que la resolución del conflicto coincide con el escenario central que manejaba la gestora y "anticipamos cambios estructurales mínimos en los mercados".
Los bancos centrales, sostiene, "mantendrán un sesgo restrictivo para combatir la persistencia de los costes energéticos". El economista de Safra Sarasin subraya que los fundamentales corporativos siguen siendo sólidos, "impulsados por un crecimiento de los beneficios sano y generalizado". Con ese telón de fondo, la gestora suiza ha elevado su objetivo para el S&P 500 a cierre de año hasta los 8.000 puntos.
Resulta llamativa, en cambio, "la reacción contenida del dólar estadounidense al reciente acuerdo de paz", pese al impulso que recibió la divisa durante la guerra del petróleo. Su estancamiento se explica porque la Fed ha adoptado entretanto una postura más restrictiva, alimentada por la fortaleza del mercado laboral y una inflación subyacente elevada.
Desde el lado de las materias primas, Kerstin Hottner, responsable de commodities en Vontobel, advierte de que "es poco probable que la normalización de los flujos de petróleo sea inmediata". El aumento de la producción, explica, "se ve limitado por cuellos de botella operativos y problemas logísticos", mientras que "el tráfico de petroleros seguirá siendo cauteloso debido a las continuas incertidumbres en materia de seguridad y seguros".
Hottner reconoce que "en esta fase impulsada por los titulares, los mercados pueden seguir siendo volátiles", pero apunta a que "los fundamentos subyacentes apuntan a una dinámica de oferta cada vez más ajustada". El posicionamiento en los mercados de futuros aún debe ajustarse, "lo que podría mantener los precios bajo presión a muy corto plazo antes de que se produzca un repunte más sostenido".
La propia AIE alimenta esa incertidumbre: en su primera proyección para 2027, el organismo advierte de un potencial exceso de oferta global de hasta 8 millones de barriles diarios frente a un crecimiento de la demanda de solo 2 millones.
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